lunes, 21 de febrero de 2011

EFECTOS SECUNDARIOS DE UN ASALTO

Me asaltaron mientras esperaba a mi hijo a la salida de la escuela, un hombre de bicicleta llegó despacito y me arrancó el reloj y una cadena de oro, todavía me duelen los moretones que me dejó. Lo que más coraje me da es que no grité ni hice nada, no sé por qué no me defendí, también estaban otros padres de familia y ninguno hizo nada, ya después me abrazaban y yo no sabía ni qué decir porque cuando los necesité se quedaron parados, dos amigas en sus coches nos acompañaron al niño y a mí hasta la casa, luego mi esposo y yo fuimos a poner la denuncia y no pude describir al ladrón, no alcancé a verlo, todo fue muy rápido. Ahora me siento histérica, enojada, asustada o no sé cómo decirlo, llevo varios días en cama, me da miedo salir, no quiero que salga nadie de mi familia y si salen me quedo temblando de que les pase algo. ¿Hay algo que pueda hacer para componerme?
RESPUESTA
Lo que sientes no es para menos. Te encontrabas cumpliendo con un deber de madre que no es posible suprimir, pues tu hijo seguirá yendo a la escuela, y vives en carne propia la inseguridad actual. La sensación de impotencia es impresionante. Quieres hacer algo a tu favor y no sabes qué, ya pusiste la denuncia y no fue suficiente para sentirte mejor. Preguntas qué otra cosa puedes hacer para dejar atrás lo ocurrido y regresar a tu vida normal.
Lo primero es saber que no estás loca ni exagerando, sientes exactamente lo que sientes, llámese histeria, miedo, coraje, deseos de justicia, de venganza, de necesidad de protección, quizás de impaciencia contigo por haber sido sorprendida y no reaccionar defendiéndote y no sé cuántos otros poderosos sentimientos experimentas. Son tuyos. ¿Tuyos?
En realidad no, viven temporalmente en ti, porque contra tu voluntad fuiste contaminada con ellos, a través de tu experiencia. Cuando uno vive algo así, se queda con pensamientos y deseos similares a los del delincuente. Otra señora también asaltada me decía: “¡Si me lo encontrara, le echaba el coche encima!”. Tan grande coraje se siente. Esto es el verdadero daño, más que la pérdida de bienes materiales, (puedes conseguir otro reloj y otra cadena quizá mejores) y es la forma como se va propagando la violencia, igual que si fuera un virus contagioso. Necesitas salir de la contaminación. ¿Cómo?
No basta con denunciar, protegerse o poner rejas nuevas, es necesario “desyerbar” tu jardín mental y sembrar en él semillas distintas, de paz y armonía. Difícil. Si lograras rezar por el que te asaltó, te colocarías en otro nivel que no es de violencia, sino de amor. Quizá puedas, en tu corazón, decirle: “Yo invoco para ti y para mí la luz divina. Me niego a compartir contigo la responsabilidad, la culpa y las consecuencias de lo que hiciste, quedo libre de ellas y de ti, puedes irte de mi vida. Ahora cultivo en mí y en mi familia la serenidad y la paz”.
Nunca sabrás si tu oración tuvo efectos positivos en el delincuente, ojalá que sí y tendríamos uno menos a quién temer. Lo que sí podrás experimentar es la mutación de sentimientos en tu interior, que tú y tu familia queden a salvo de los “efectos secundarios” de un asalto.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com o al teléfono 7 63 47 28

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