Estamos contentos. Por primera vez en la historia, México
obtuvo oro en futbol, más seis medallas de plata y bronce en diversas disciplinas. “¡México, México!”,
gritamos con justificado gozo, experimentando la alegría de que algunos de los
nuestros hayan competido y triunfado entre los mejores del mundo. El éxito de ellos es de todos los mexicanos. Sentimos
orgullo y nos congratulamos unos con otros por estos deportistas que obtuvieron
el éxito a través de someterse a rudas disciplinas, rígidos horarios e
innumerables renuncias.
Poseemos una profunda conciencia comunitaria, por ella
intuimos que las acciones de un mexicano afectan a todos los connacionales. Solidarios
por cultura, en lo bueno y en lo malo, hoy las proezas de nuestros compatriotas
nos llevan a sentirnos bien y felices. ¡Magnífico! Gracias por ello. Gracias
también por el desafío que sus logros suponen para nuestros habituales modos de
pensar. ¿En dónde van a quedar ahora el “nunca pasamos del ya merito” y el “estamos mal como País”? ¿Seguiremos aferrados a
generalizaciones sin sentido, que denotaban desconfianza y desprecio hacia
nosotros mismos? Si lo hiciéramos, estaríamos negando lo que nos ofrece la
realidad: la constancia de que es posible lo que en un tiempo creímos
imposible. Estos deportistas, todos jóvenes, han demostrado que poseen una
mentalidad distinta de la que tradicionalmente fue apoyada por muchos mexicanos,
no todos, de que jamás podríamos aspirar al oro ni a completar siete medallas
olímpicas.
Estas medallas nos han permitido observar que cuando un
mexicano, individualmente, entrega su
mejor esfuerzo en lo que hace, a él le va bien y todos salimos beneficiados. Los
deportistas llegaron al cumplimiento de su propio anhelo, y con hacerlo están
cooperando en el bienestar nacional y
llenándonos de alegría. Ciertamente no todos estamos llamados a realizar
proezas tan grandes, pero no importa el tamaño de la empresa, sino el amor y la
entrega con que se realiza; cada uno en nuestro propio lugar cooperamos en la
creación del México que deseamos, lo mismo el que barre la calle y la deja
limpia, que el que cede el paso mientras conduce, respeta los altos, lleva
temprano a su hijo a la escuela, le preparó su almuerzo, le compró uniforme, le
dio grasa a los zapatos, llega a tiempo y de buen humor a su empleo…
¡México, Mexico, ra, ra, raaa! Tus nuevas generaciones
confían en ti más que las antiguas, y son tu esperanza. Pero también las
antiguas, ante este desafío de oro, plata y bronce, cambiamos nuestra
mentalidad acerca de ti y comenzamos a mirarte con nuevos ojos, más llenos de
amor y confianza en tu destino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario