martes, 14 de agosto de 2012

DESAFÍOS DE ORO, PLATA Y BRONCE


Estamos contentos. Por primera vez en la historia, México obtuvo oro en futbol, más seis medallas de plata y bronce  en diversas disciplinas. “¡México, México!”, gritamos con justificado gozo, experimentando la alegría de que algunos de los nuestros hayan competido y triunfado entre los mejores del mundo.  El éxito de ellos es de todos los mexicanos. Sentimos orgullo y nos congratulamos unos con otros por estos deportistas que obtuvieron el éxito a través de someterse a rudas disciplinas, rígidos horarios e innumerables renuncias.  

Poseemos una profunda conciencia comunitaria, por ella intuimos que las acciones de un mexicano afectan a todos los connacionales. Solidarios por cultura, en lo bueno y en lo malo, hoy las proezas de nuestros compatriotas nos llevan a sentirnos bien y felices. ¡Magnífico! Gracias por ello. Gracias también por el desafío que sus logros suponen para nuestros habituales modos de pensar. ¿En dónde van a quedar ahora el “nunca pasamos del ya merito” y el “estamos mal como País”? ¿Seguiremos aferrados a generalizaciones sin sentido, que denotaban desconfianza y desprecio hacia nosotros mismos? Si lo hiciéramos, estaríamos negando lo que nos ofrece la realidad: la constancia de que es posible lo que en un tiempo creímos imposible. Estos deportistas, todos jóvenes, han demostrado que poseen una mentalidad distinta de la que tradicionalmente fue apoyada por muchos mexicanos, no todos, de que jamás podríamos aspirar al oro ni a completar siete medallas olímpicas.

Estas medallas nos han permitido observar que cuando un mexicano, individualmente, entrega  su mejor esfuerzo en lo que hace, a él le va bien y todos salimos beneficiados. Los deportistas llegaron al cumplimiento de su propio anhelo, y con hacerlo están cooperando en el bienestar  nacional y llenándonos de alegría. Ciertamente no todos estamos llamados a realizar proezas tan grandes, pero no importa el tamaño de la empresa, sino el amor y la entrega con que se realiza; cada uno en nuestro propio lugar cooperamos en la creación del México que deseamos, lo mismo el que barre la calle y la deja limpia, que el que cede el paso mientras conduce, respeta los altos, lleva temprano a su hijo a la escuela, le preparó su almuerzo, le compró uniforme, le dio grasa a los zapatos, llega a tiempo y de buen humor a su empleo…   

¡México, Mexico, ra, ra, raaa! Tus nuevas generaciones confían en ti más que las antiguas, y son tu esperanza. Pero también las antiguas, ante este desafío de oro, plata y bronce, cambiamos nuestra mentalidad acerca de ti y comenzamos a mirarte con nuevos ojos, más llenos de amor y confianza en tu destino.








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