En junio leí su artículo sobre sentirse responsable o
culpable y me lo estuve pensando para escribirle. Tengo dos hijas, ambas
casadas y con hijos, una de 35 y la otra de 30 años. La mayor se casó con un
profesionista que le va más o menos bien económicamente y ella es cuidadosa en
administrar el dinero, en cambio la segunda y el marido siguen pensando en
divertirse, van al teatro, al cine, a viajes de fin de semana y nos dejan los
niños a mi esposa y a mí. Esto nos gusta, los nietos se han convertido en
nuestra alegría, pero estamos preocupados por los papás porque nada conservan, a
mi hija le regalé un coche y que tuvieran dos, pero lo vendieron y a cada rato
me está pidiendo dinero prestado para pagar su tarjeta de crédito. Su madre y
yo la aconsejamos, le decimos que ya es madre y siente cabeza y él también, y
nos responde que no intervengamos en su relación de pareja. ¿Debemos
abstenernos, o intervenir?
RESPUESTA
Tu hija tiene 30 años y una gran capacidad para divertirse
junto con su marido, lo cual es excelente; muchas personas de esa edad pierden
la alegría y las ganas de participar en eventos. Tú y tu esposa ¿creen que ella
debería ser menos vivaz, o más bien
temen que la pareja no sea capaz de asumir sus responsabilidades como padres? Sería
muy interesante saber qué es lo que le aconsejan ustedes, si el “sentar cabeza”
quiere decir olvidarse de la diversión o hacerse cargo de sus gastos.
Dices que tu hija responde que no intervengan en su relación
de pareja, y yo me pregunto qué significan estas palabras. Tal vez esté
pidiéndoles que ya no le presten más dinero ni le hagan regalos costosos,
porque mientras ustedes acudan a “salvarlos” de sus compromisos económicos, por
supuesto que están interviniendo, como si le dijeran: “No estamos de acuerdo en
la manera que gastas lo que te damos, pero nos sentimos obligados a seguírtelo
proporcionando. Tú no te preocupes, déjanos a nosotros la preocupación”.
Decir “no” a los hijos es muy difícil, sobre todo cuando
queremos protegerlos de un sufrimiento. ¿Qué sucedería si ustedes dejaran de
prestarles cada vez que ellos no saben qué hacer? Los cambios que deberían
efectuar serían espectaculares, quizá tendrían problemas de dinero y
comenzarían a culparse mutuamente de no cooperar lo suficiente, y otras
dificultades que no es necesario imaginar, porque ustedes ya las previeron y
por eso, aunque no les gusta, siguen cooperando para posponer el momento en que
los tórtolos se den cuenta de que la vida es más que diversión, también es responsabilidad
y trabajo arduo.
Otra pregunta, muy importante: ¿realmente le hacen préstamos
a su hija, o son regalos?, ¿ella les paga completo el importe, o les entrega un
abono o dos y luego se olvida? Porque ustedes merecen absoluta seriedad en sus
tratos. Si ella no los cumpliera, estaría perdiéndoles el respeto y pensando:
“Ellos aguantan, puedo abusar”.
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