Tengo una hija que es adoptada. Su madre biológica la regaló al nacer y hace dos años vino hasta mi casa a pedirme que la dejara ver a la niña, yo me negué. Pienso que para ser padres no basta con haber traído hijos al mundo y luego desentenderse de ellos, en cambio mi esposo y yo la hemos querido, sostenido y dado todo nuestro apoyo y cariño. Mi pregunta es que ahora mi hija tiene 9 años y no sé de dónde ha sacado la obsesión por saber si es nuestra o adoptada, quién sabe si alguien de la familia le haya insinuado algo y no sé cómo protegerla de indiscreciones, porque no puedo controlarles la boca a todos los que saben la historia. Pregunto qué hacer o decir para que mi hija deje atrás sus dudas.
RESPUESTA
Un hombre y una
mujer que adoptan a un niño pasan a ser padres de éste, con los derechos y
obligaciones que corresponden a cualquier padre. Ustedes hacen muy bien en
sostener a su hija y darle todo su apoyo y su cariño, para que ella pueda
enfrentar y manejar su vida de la mejor manera posible, hoy y en el futuro.
Felicidades por esta generosidad y por el amor tan grande que le tienen, ella
les agradecerá toda la vida. Con cada comprensión de cómo ha sido su destino,
más motivos tendrá para sentirse afortunada de tenerlos como padres, a pesar de
que no fueron ustedes la puerta que la trajo a la vida.
Tú preguntas qué
hacer o decir para que tu hija deje atrás sus dudas, y yo imagino que te
refieres a cómo decirle la verdad; lo contrario, es decir, fortalecer el
secreto de su origen, no la hará “salir de dudas”, sino que las aumentará,
puesto que sus células lo saben todo: que la niña está relacionada con dos
sistemas a los que debe dar un orden en su corazón; que ustedes le han proporcionado uno con abuelos,
tíos, primos, quizá hermanos, y una forma cultural de vivir que contiene
creencias, actitudes y conductas muy establecidas; que ella sigue perteneciendo
a otro igualmente complejo, el de sus padres biológicos, que también debe ser
honrado y reconocido.
1) 1. Agradecer a
los padres biológicos que hayan renunciado a su hija, y con ello dado
oportunidad de que la adoptaran. Ayudará mucho que ustedes, los padres
actuales, hayan comprendido que salieron beneficiados donde otras personas
perdieron.
2) 2. Honrar en
estos padres el derecho a elegir -acertada o desacertadamente- las opciones que en su momento
consideraron mejores o menos malas, y dejar en sus manos la responsabilidad de
su decisión. No es incumbencia de ustedes, ni de la niña, analizar la bondad o
maldad de ellos, encontrar justificantes o agravantes, aliviarlos o condenarlos
por lo que hicieron. El honrar este derecho a equivocarse, intrínseco a todo
ser humano, será crucial respecto a la paz con que la niña pueda asimilar la
verdad.
3) 3. Honrar el
dolor de los padres biológicos que, consciente o inconscientemente, de manera
voluntaria u obligada, se
vieron privados de continuar con su labor paternal. Y el dolor y frustración de
la niña al ser separada de ellos, lo mismo en el momento que sepa
conscientemente la verdad,
puesto que no existe argumento que explique bastante a un hijo el que sus
padres no pudieran tomarlo.
4) 4. Aceptar de
buen grado y no negar que:
a. la niña ha sido enriquecida con dos
sistemas familiares distintos;
b. que para lo anterior, uno, el
biológico, debió retirarse. Reconciliarse ustedes con esta situación y
agradecerla, será de capital importancia para el momento en que su hija deba
hacerlo;
c. la niña debe renunciar para siempre a “lo que pudo haber sido y no fue”; es
decir, haber vivido ella con sus padres de sangre. No sucedió ni sucederá,
sería vano y dañino incluirlo entre “lo posible”; el pasado es pasado. En
cambio, si ustedes pueden ver que la Vida cuidó de la niña, también ella podrá
comprender que la puso en un sitio seguro, un hogar, lo cual es un buen regalo
de Dios o del Destino, que necesita agradecer.
Una vez logrado lo anterior, posiblemente
ustedes ya sabrán cómo hablar y actuar. Si desearan ser acompañados en lo
descrito, podrían hacer una Constelación Familiar, o varias, si resultara
necesario.
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