martes, 15 de enero de 2013

CONSTELACIONES EN CONSULTA PRIVADA


Describiré una sesión de Constelaciones Familiares en particular, como yo las hago.

Primero, bajo hasta la recepción a recibir a mi cliente, con el propósito de que mi alma sepa que estoy a su servicio, él me contrata, por una hora va a ser “mi patrón”, y es quien posee la información que se necesita. Lo saludo, hago pasar y pido que tome asiento. En seguida, le sugiero que respiremos juntos unos instantes para centrarnos, él en sí mismo y yo en establecer contacto con su alma y la de su familia. Luego le pregunto cuál es el asunto que desea solucionar.

En ocasiones, el cliente está alterado o llorando. Tal vez comienza a hablar sin que le pregunte y quiere narrarme su infancia o detalles del problema. Entonces lo interrumpo. Con frecuencia le digo: “No me cuentes mucho; harás que yo vea las cosas como tú las ves, y deseas un cambio; deja que yo mire desde otro ángulo”. Si continuara llorando o de alguna manera alterado, me centro su actitud. Le sugiero: “Respira y toma tu fuerza. Tu dolor o tu ira o el sentimiento que tienes son la fuerza con que cuentas, los necesitas para sentirte fuerte”. Lo acompaño a respirar hasta que está sentado derecho, firme y con aspecto de grande fortaleza. Si sus sentimientos continuaran siendo abrumadores, lo invito a expresarlos. “Di el sentimiento que tienes, pero sin dramatismo; di tres veces: estoy muy triste (desilusionado, furioso, etc.); haz que salga desde tu alma, pero sin drama”. Esto es para que experimente que el sentimiento está bajo su dominio.

Hasta aquí pueden haber pasado diez o veinte minutos, según el cliente necesita. Yo estoy observando si él accede a ubicarse como una persona poderosa ante la vida y sus sentimientos, o necesita seguir entregándose a la indefensión y a tener lástima de sí mismo.  Pocas veces sucede que un cliente se aferre a sentirse víctima; sin embargo, ocurre y sé que no voy a hacerle ninguna constelación, porque no podrá tomar la información que resulte, sino que haría constantes intentos de acomodarla a su opinión y seguir pensando como pensaba. Le digo: “Eres el encargado de tu vida y de tu bienestar, el responsable de que, no obstante lo que alguien te diga o haga, puedas sobrevivir bien y ser feliz. Para lograrlo necesitas estar en tu fuerza”.

Ha sucedido que un cliente se niegue a tomar su fuerza o se moleste por mi “incomprensión y falta de empatía”, pues yo me niego a seguirlo a su falta de fuerza; en mi concepto, todas las personas poseemos en nuestro interior lo necesario para vivir lo que tenemos que vivir y solucionar. En estos casos, el camino a seguir es otro. Pero volvamos al cliente bien dispuesto y preparado para una constelación.

Vuelvo a pedirle que diga el asunto que desea solucionar. Solamente un tema, no dos ni tres.

Hay muchas alternativas para hacer la constelación, hablaré de una con figuras. Le presento la caja con muñecos y le digo: “Míralos. Están hechos de algodón y no tienen poderes de ninguna clase, son solamente herramientas para que tu alma hable y se proyecte. Todo lo que suceda con ellos lo tomaremos como lenguaje de tu alma”. Elijo quiénes van a ser representados y le pido que los ubique sobre una mesa. Por ejemplo, para una dificultad de relación entre madre e hija, uno para la consultante y otro para su madre. Pido al cliente que observe qué fue lo que expresó a través de las figuras. Hacemos cambios con ellas, ya sea porque él agrega datos o para explorar dimensiones nuevas, hasta llegar a lo que llamamos “imagen de solución”; es decir, que el alma del cliente, que ya sabe la solución, va expresándose libremente y logra que los muñecos queden acomodados como al cliente le gusta. A veces la sesión se excede unos minutos de los cincuenta que se acostumbra que dure.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares. Sígueme en twitter @doloreshdez

 

 

 

 

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