Describiré una sesión de Constelaciones
Familiares en particular, como yo las hago.
Primero, bajo hasta la recepción a recibir a mi cliente,
con el propósito de que mi alma sepa que estoy a su servicio, él me contrata,
por una hora va a ser “mi patrón”, y es quien posee la información que se necesita. Lo saludo, hago pasar y pido que tome
asiento. En seguida, le sugiero que respiremos juntos unos instantes para
centrarnos, él en sí mismo y yo en establecer contacto con su alma y la de su
familia. Luego le pregunto cuál es el asunto que desea solucionar.
En ocasiones, el cliente está alterado o llorando. Tal
vez comienza a hablar sin que le pregunte y quiere narrarme su infancia o
detalles del problema. Entonces lo interrumpo. Con frecuencia le digo: “No me
cuentes mucho; harás que yo vea las cosas como tú las ves, y deseas un cambio;
deja que yo mire desde otro ángulo”. Si continuara llorando o de alguna manera alterado,
me centro su actitud. Le sugiero: “Respira y toma tu fuerza. Tu dolor o tu ira
o el sentimiento que tienes son la fuerza con que cuentas, los necesitas para
sentirte fuerte”. Lo acompaño a respirar hasta que está sentado derecho, firme
y con aspecto de grande fortaleza. Si sus sentimientos continuaran siendo
abrumadores, lo invito a expresarlos. “Di el sentimiento que tienes, pero sin
dramatismo; di tres veces: estoy muy triste (desilusionado, furioso, etc.); haz
que salga desde tu alma, pero sin drama”. Esto es para que experimente que el
sentimiento está bajo su dominio.
Hasta aquí pueden haber pasado diez o veinte minutos,
según el cliente necesita. Yo estoy observando si él accede a ubicarse como una
persona poderosa ante la vida y sus sentimientos, o necesita seguir
entregándose a la indefensión y a tener lástima de sí mismo. Pocas veces sucede que un cliente se aferre a
sentirse víctima; sin embargo, ocurre y sé que no voy a hacerle ninguna
constelación, porque no podrá tomar la información que resulte, sino que haría constantes
intentos de acomodarla a su opinión y seguir pensando como pensaba. Le digo:
“Eres el encargado de tu vida y de tu bienestar, el responsable de que, no
obstante lo que alguien te diga o haga, puedas sobrevivir bien y ser feliz.
Para lograrlo necesitas estar en tu fuerza”.
Ha sucedido que un cliente se niegue a tomar su fuerza o
se moleste por mi “incomprensión y falta de empatía”, pues yo me niego a seguirlo
a su falta de fuerza; en mi concepto, todas las personas poseemos en nuestro
interior lo necesario para vivir lo que tenemos que vivir y solucionar. En
estos casos, el camino a seguir es otro. Pero volvamos al cliente bien
dispuesto y preparado para una constelación.
Vuelvo a pedirle que diga el asunto que desea solucionar.
Solamente un tema, no dos ni tres.
Hay muchas alternativas para hacer la constelación,
hablaré de una con figuras. Le presento la caja con muñecos y le digo:
“Míralos. Están hechos de algodón y no tienen poderes de ninguna clase, son
solamente herramientas para que tu alma hable y se proyecte. Todo lo que suceda
con ellos lo tomaremos como lenguaje de tu alma”. Elijo quiénes van a ser
representados y le pido que los ubique sobre una mesa. Por ejemplo, para una
dificultad de relación entre madre e hija, uno para la consultante y otro para
su madre. Pido al cliente que observe qué fue lo que expresó a través de las
figuras. Hacemos cambios con ellas, ya sea porque él agrega datos o para
explorar dimensiones nuevas, hasta llegar a lo que llamamos “imagen de
solución”; es decir, que el alma del cliente, que ya sabe la solución, va
expresándose libremente y logra que los muñecos queden acomodados como al
cliente le gusta. A veces la sesión se excede unos minutos de los cincuenta que
se acostumbra que dure.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares. Sígueme en twitter @doloreshdez
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