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martes, 16 de abril de 2013

DISCREPANCIA DE CRITERIOS


Mi hijo de 7 años está en primero de primaria, su maestra nos citó porque el niño tuvo una pelea con un compañero y casualmente golpeó a otro, nos dijo que en la escuela no se admitiría el “bulling”. Yo la escuché con reserva, conozco a mi hijo y sé que no es abusivo, pero en el coche mi esposa le daba consejos que no estaba yo de acuerdo, le decía que valía más ceder que pelear con sus compañeritos y me di cuenta que tenemos muchas diferencias de criterio para educarlo, porque yo sé cómo se establecen las jerarquías entre los niños hombres, hay que defenderse o abusan de uno. ¿Qué podemos hacer para unificar los criterios entre nosotros y no confundir al niño?

RESPUESTA

No te preocupes, no es necesario que se unifiquen los criterios. Los niños saben perfectamente que a mamá le gustan unas cosas y a papá otras y conocen lo que cada uno valora. Para ellos no es conflictivo que papá prefiera ver el futbol y mamá una telenovela, lo que los atemoriza es verlos discutir con ánimos de ganar e imponerse, y más aún si alguno utiliza al hijo como campo de batalla o como rehén. “¡Niño, si te gusta el futbol juégalo, no lo veas, eso es para holgazanes!”;  “¡No quiero que veas telenovelas, te vas a volver afeminado!”. Esta lucha de poder entre los padres sí divide al hijo, porque él los quiere a los dos y está disponible para obedecer a los dos, pero si desea acompañar a papá a ver un juego, siente que está traicionando a mamá, y si acompaña a ésta mientras ve una telenovela, siente que traiciona a papá. Y aún más lo confunde si en el altercado se menciona el amor: “Si quieres a tu hijo, deberías enseñarlo a que se defienda”, “si quieres a tu hijo, no lo empujes a que busque ser golpeado”. En expresiones como éstas, no está en discusión si los padres aman al hijo, puesto que ambos lo aman, sino quién tiene la razón y gana.

En lugar de querer unificar los criterios -tarea imposible porque cada cabeza es un mundo-, sería preferible que los padres llegaran al acuerdo de respetar los valores individuales, y así lo mostraran al hijo en su oportunidad. “Ya sabes que a mí no me gusta que te metas en peleas, pero tu papá opina que debes aprender a defenderte; está bien, juega rudo con él (o alguna otra idea que papá tenga)”; “Ya sabes que yo creo que los hombres debemos saber defendernos y no ser dejados, pero tu mamá quiere que también aprendas a ceder; escúchala y fíjate en dónde puedes practicar lo que te enseña”.

Cuando los padres logran la muy difícil tarea de respetar los valores individuales de su pareja, el hijo se siente contenido por ambos, aprende de los dos y también se convierte en un ser respetuoso, porque está respirándolo. Los hijos toman de nosotros no solamente lo malo, también lo bueno, nuestros logros.

El respeto a los valores de otro suena mil veces más fácil de lo que verdaderamente es. Cada persona ha elaborado su escala de valores a través de años de vida y experiencia, es lo más preciado que tiene y desea inculcársela al hijo; que la pareja pretenda aportar otro modo de pensar e introducirlo en la vida del niño, la saca de quicio con facilidad. El respeto implica pensar que no solamente mis pensamientos son valiosos, también los del otro; confiar en que el otro se ha esmerado tanto como yo en elegir lo mejor para valorarlo y que no es necesario que yo le gane e imponga mi criterio, sino que puedo escucharlo y darle espacio a su aportación.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

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