Pedí prestada esta palabra “pascua" para darle
nombre a Clínica Pascua, que está celebrando su onomástico. Felicidades. Pascua
es dar un paso, caminar, dejar atrás lo que ya pasó y seguir adelante, de lo
antiguo a lo nuevo, de menos a más vida.
En ocasiones creemos que tenemos derecho a negarnos a dar un paso que nos toca dar. Esto es falso;
con o sin nuestro consentimiento hemos de avanzar de una edad a otra, de unas
costumbres a otras, de unas creencias a otras. Negándonos a dar el paso,
solamente nos privamos de la plenitud que otorga el entregarse con amor a vivir
el momento e igual, caminamos, porque la corriente de la vida nos lleva, pero lo
hacemos sin acompañar los cambios con el corazón, y cuando el corazón no
acompaña nuestros pasos, vivimos quejándonos: “¿Por qué tengo qué avanzar en
edad?”, “¿Por qué todo pasa y nada se queda?”. Nos quedamos con la sensación de
que la vida nos debe, que tenemos con ella cuentas por cobrar. Siempre habrá
quienes se nieguen y protesten, y sus protestas se perderán en el tiempo,
porque la vida sigue igual, caminando.
Paso a paso se llega lejos. Paso a paso llegamos al
kínder y salimos de él, de primaria, secundaria y de tantos otros acontecimientos que hemos
vivido. No tuvimos que hacer esfuerzo para crecer, pero sí para aprender a ser
la nueva persona que nos exigía el crecimiento. Esto es dar el paso,
sintonizarnos con el presente y tomarlo como se presenta, sin añoranza, sin
protestas, sin desdicha. “Todo tiempo pasado fue mejor”, decimos cuando nos
obstinamos en creer que podemos detener la vida y forjarla a nuestro gusto. ¿Podemos?
Personas mayores pueden atestiguar , por ejemplo, que a
mediados del siglo pasado, la ciudad de León tenía unos trescientos mil
habitantes, las diversiones eran el cine y salir de paseo al centro, al parque
o la calzada, las fiestas eran “tardeadas” porque los padres jamás permitirían
que sus hijos adolescentes salieran de noche; las mujeres no votaban, pocas de
ellas iban a la universidad y su mayor ilusión era casarse de blanco, salir de
su casa del brazo de papá y comprometerse “hasta que la muerte nos separe”; la
familia iba a misa los domingos, por la mañana porque no había por la tarde, la
última era a la una y media, pues el celebrante debía estar en ayunas desde la
media noche hasta el momento de la comunión….
Esa sociedad cambió, paso a paso y sin que individualmente nadie pudiera
atajar los cambios, porque las sociedades parecen ríos que corren y arrastran
en sus aguas también aquello que se les opone. Nos llevan consigo. Somos como
gotas de agua, sin libertad aparente, todas iguales y uniformadas por los
signos de nuestro tiempo. Sin embargo, en lo individual, cuántas diferencias
entre una gota y otra, entre una persona y otra. Si nuestro destino es nacer,
crecer, quizá reproducirnos y morir; ¡qué infinidad de maneras distintas de
hacer estas mismas cosas!
Lo que distingue a las gotas es la manera de dar cada
paso; conscientemente o sin darse cuenta; con la mirada puesta en el presente,
o vueltas hacia el pasado o el futuro; eligiendo vivir o dejándose llevar por
la corriente. Cada vez que miramos al futuro y queremos saber cómo será,
tenemos dudas o miedo sobre él, perdemos fuerza. Pero si permanecemos en el
momento presente y damos un paso, ese paso nos ubica en otro presente, luego,
esperamos hasta que de ese presente venga sugerido el próximo paso, y damos
sólo ese paso, estamos presentes todo el tiempo, con fuerza.
Ahora una invitación para el próximo miércoles 10 de abril a la charla: “Sexualidad
en la pareja”, a las 8 pm, entrada libre, en San Sebastián 408, La Martinica.
Asiste.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario