En
su libro “Diario de un alma”, Su Santidad Juan XXIII escribió que, para él,
Alcohólicos Anónimos era el mejor descubrimiento del siglo XX; AA estaba
demostrando que curaba a sus miembros del alcoholismo, aunque personas ajenas
opinaran que no era posible que ex alcohólicos reunidos se sanaran unos a
otros, sobre todo porque no poseían formación profesional sobre la conducta.
Hoy, en todas las naciones del mundo existen grupos AA que brindan atención
gratuita a quienes la soliciten.
Sin
que yo aspire a tener la formidable autoridad de Juan XXIII, tengo la visión de
que Constelaciones Familiares es otro magnífico invento o descubrimiento del
siglo XX, con un futuro similar al de AA: pronto, en todas partes del mundo
habrá grupos constelando y reconciliando a las personas consigo mismas y con su
origen.
Me
gusta encontrar similitudes y diferencias entre ambos movimientos: los dos se
auto-definen independientes de toda religión, tendencia política e
instituciones, sin ser enemigos de ellas; cada grupo conserva su autonomía,
pero es alimentado con literatura, teoría y experiencias de otros grupos por un
centro que continúa investigando; sus fundadores no son “gurúes” que exijan
obediencia o impongan dogmas, solamente exponen hechos observables que pueden
ser confirmados con la experiencia; ninguno de los dos establece pre requisitos
académicos, sociales y culturales para la admisión, aunque obviamente éstos
tendrán influencia en los resultados, y los grupos se reúnen por afinidad entre
sus miembros; ambos movimientos confían y respetan el proceso individual del
desarrollo, proporcionan recursos a la persona y se mantienen fuera de su historia; es decir, no asumen
por nadie la responsabilidad que le pertenece. Y entre las diferencias más
evidentes está el método: en Constelaciones Familiares hay un consultante, lo
cual es distinto a “subir a tribuna”; se utilizan los representantes para
establecer una comunicación que podríamos llamar “plástica” o “perceptiva”
entre el consultante, miembros de varias generaciones de su sistema familiar, y
el facilitador; esto no existe en AA. El objetivo en AA es liberarse de una
adicción; en Constelaciones, sacar a la luz aquello que obstruye el flujo
natural del amor y, de ser posible, remover el obstáculo.
En
Constelaciones Familiares, el sistema familiar es lo esencial, lo que nos
otorga identidad, el primer sitio donde amamos y en el que aprendemos las
maneras de relacionarnos con nosotros y con el mundo; por tanto, es en la
familia donde ha de manifestarse nuestro desarrollo y tendremos oportunidad de
amar con un amor que también es espiritual. Ésta es la actitud que se favorece
en Constelaciones Familiares; los “cómo” siguen perteneciendo a la
psicoterapia, y el cuidado directo del cuerpo físico, a la medicina.
El
próximo 6 de septiembre iniciaremos nuestro diplomado en Constelaciones
Familiares. Está dirigido a personas que desean trabajar a fondo su actitud
hacia sí mismas y toda su familia, aunque ésta no asista o no le interese
saber; que desean una reconciliación interior y con sus sistemas familiares, de
manera que su descendencia reciba con mayor amplitud el amor que necesita. Al
despejar obstrucciones en uno solo de los miembros de una familia, todos los
demás resultan beneficiados.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes
participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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