Mi esposo y yo adoptamos una niña desde recién nacida y
para evitar cualquier problema futuro la registramos como nuestra en lo civil y
en la fe de bautismo. Ahora tiene 13 años y la hemos querido siempre con todo
nuestro corazón. No estaba en nuestros planes decirle que es adoptada, pero a
una prima de mi marido se le salió el comentario enfrente de su hija de la
misma edad que la nuestra y ella se lo dijo a mi niña, le metió dudas y mi hija
me preguntó. Por supuesto que yo lo
negué, le dije que era mentira, porque nosotros quedamos en no decírselo nunca
y me tomó de mucha sorpresa, me sentí terrible, lo comenté con mi esposo y él dijo
un montón de maldiciones contra su prima, yo creo que le va a reclamar, pero ya
lo dijo. Me interesa una opinión.
OPINIÓN
Los padres adoptivos hacen algo muy hermoso al brindar a
una criatura su casa, su corazón, su nombre y su familia, tesoros invaluables.
La acción misma de adoptar les amplía el corazón y aman de manera especial, pues
sin tener la obligación de cuidar y educar a un hijo, la adquieren voluntariamente,
con todos los riesgos de la paternidad que son muchos, más los de manejar y
acomodar la información sobre el origen del adoptado.
Ustedes, como padres adoptivos, han hecho y siguen
haciendo algo grande y bello a favor de su hija adoptiva, pero todavía no terminan; les toca acompañarla
y apoyarla en estos momentos de crisis. ¿Cómo? Reconociendo, validando, respetando y acomodando todos
los sentimientos, ilusiones y desilusiones de todos los protagonistas; es decir, los de su hija, los de ustedes y
los de los padres biológicos. Todos
son reales, respetables y desempeñan una función en la trama, no solamente algunos.
Ustedes, sus padres, son los que pueden ayudar a su hija
a que aprenda a encarar de frente las situaciones que la vida presenta, o bien a
mentirse sobre ellas y tomar decisiones que oculten algo. También le enseñarán
(siempre con el ejemplo) a mirar los sentimientos suyos y de otros con amor y
la mayor serenidad que le sea posible, o a constituirse arbitrariamente como
juez que absuelve o condena. La realidad es que ella solamente recibió la vida
biológica de un hombre y una mujer que se amaron y acercaron entre sí al menos
para concebirla, lo cual es una maravilla que debe agradecer, y de ustedes
recibe los cuidados necesarios para conservar esa vida y hacerla fecunda, y también
esto lo tiene que agradecer. Es deudora de muchos beneficios recibidos. Si
logra dar las gracias por ellos, podrá tomarlos como suyos y hacer cosas muy
buenas en su existencia; pero si les encuentra defecto y en dicho “defecto”
centra su atención, adquirirá la actitud de “nada es suficiente” para ésta y cualquier
otra situación de la vida; en consecuencia, se sentirá “por default” en
desventaja, al percibirse como acreedora (y no deudora) de los bienes reales o
imaginarios que considera debió recibir y no recibió. Esta última actitud es
frecuente en hijos adoptivos y no
adoptivos, y les ocasiona mucho daño.
En cuanto a los papás biológicos, que eligieron entregar
a su hija para que ésta viviera mejor de como preveían viviría con ellos, renunciaron
a su derecho y obligación de padres y educadores; sin embargo, en la fantasía
del hijo, es frecuente que él intente “restituirles” aquello a lo que
voluntariamente renunciaron, aunque sea imposible. Si su hija insistiera en ver
y conocer a sus padres biológicos, y ustedes la apoyan en su búsqueda, les tocará
respaldarla en el dolor y la desilusión que va a sufrir al percatarse de que no
estuvo presente en la vida de sus progenitores y que eso es irreversible, y en
cambio, sus padres adoptivos la están apoyando hasta en los momentos en que
parece olvidarse de la gratitud, y esto porque a pesar de no haberla engendrado
y parido, la aman tal como era y es, la tomaron con todo lo bueno y lo malo que
su corta vida ya portaba, aunque hacerlo los obligue a pasar por crisis como la
que ahora están viviendo. ¿Puede alguien pedir más que esto?, ¿acaso podemos
manipular al destino y determinar las circunstancias de nuestro nacimiento? ¡Cuántos
otros niños sin padres quisieran tener la suerte de ella y ser amados como lo
es ella! Creo que no le hará bien a la niña ignorar su origen, o que ustedes
pretendan suavizárselo; más provechoso le será que confíen en su fuerza y
capacidad de raciocinio.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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