Hola a todos, les comparto dos alegrías que me ha dado el
2014: una, por fin, después de mucho trabajo, logramos poner en red nuestro
Diplomado de Constelaciones Familiares. Más gusto me da porque yo batallo para
adaptarme a estas tecnologías, envidia siento ver a los más jóvenes, la
facilidad con que captan, dan un clic tras otro con una velocidad fantástica, yo
tengo que andar preguntando: ¿dónde se le pica? También contraté a alguien para
que me enseñara con paciencia todo y solo lo que requería, porque si tomara
cursos no sé cómo iba a sentirme con tanta información, estoy como aquél niño
que decía: “Yo nomás sé leer en mi libro”. Luego, cuando ya vi las cosas
terminadas, listas para que los alumnos tengan acceso en pantalla a los
materiales con imágenes, videos, entrevistas a personas que nunca vendrán a
México o vienen pero cobran carísimo, y que los alumnos hacen aportaciones y
podemos estar casi platicando sobre los temas, qué bonito se me hace. Lo
considero un gran adelanto. Cuando yo era niña, en León ni siquiera había
llegado la televisión, y ahora todo lo que se puede hacer, qué maravilla.
Maestros y alumnos formamos un gran equipo, nos complementamos mutuamente,
aprendemos unos de los otros, convivimos, porque aunque la teoría es sanadora en
sí misma, también tenemos práctica y nos miramos como vamos progresando y
desarrollándonos, en una aventura cuyo final es la muerte.
Mi segunda alegría: haber terminado mi novela. Ya me
entregaron la portada, no tarda en salir al público. Me va a dar mucha emoción
cuando la vea empastadita, con cara de libro, y yo les diga a mis amigos y
conocidos: “Mírenla, aquí está”. La suerte que le toque después, que sea
exitosa o no, constituye otro episodio que para nada alegra ni ensombrece la
aventura de haberla creado, ni la experiencia de haber convivido durante años
con nuestro grupo que bautizamos con el nombre de “escritores7”, porque somos
siete y nos apoyamos unos a los otros para cumplir nuestro anhelo de escribir.
En el libro Cartas
a un joven poeta, uno le escribe a Rilke pidiéndole que lea sus versos y le
diga si son buenos o no, y Rilke le responde: “Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio: entre
en sí mismo, averigüe el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe
si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se
moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir. Sobre
todo, pregúntese en la hora más callada de la noche: ¿Debo escribir?”. Yo
me lo he preguntado y mi respuesta ha sido afirmativa. No puedo saber si mis
escritos son buenos y contienen algo de importancia, sólo sé que necesito
seguir escribiendo. Por eso me alegro de haber terminado mi novela, y por eso
estoy tan agradecida con el periódico a.m. de que me permita llegar a sus
lectores mediante su diario, y a éstos por leerme y en ocasiones, alentarme.
Muchas gracias.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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