lunes, 16 de junio de 2014

DOS ALEGRÍAS


Hola a todos, les comparto dos alegrías que me ha dado el 2014: una, por fin, después de mucho trabajo, logramos poner en red nuestro Diplomado de Constelaciones Familiares. Más gusto me da porque yo batallo para adaptarme a estas tecnologías, envidia siento ver a los más jóvenes, la facilidad con que captan, dan un clic tras otro con una velocidad fantástica, yo tengo que andar preguntando: ¿dónde se le pica? También contraté a alguien para que me enseñara con paciencia todo y solo lo que requería, porque si tomara cursos no sé cómo iba a sentirme con tanta información, estoy como aquél niño que decía: “Yo nomás sé leer en mi libro”. Luego, cuando ya vi las cosas terminadas, listas para que los alumnos tengan acceso en pantalla a los materiales con imágenes,  videos,  entrevistas a personas que nunca vendrán a México o vienen pero cobran carísimo, y que los alumnos hacen aportaciones y podemos estar casi platicando sobre los temas, qué bonito se me hace. Lo considero un gran adelanto. Cuando yo era niña, en León ni siquiera había llegado la televisión, y ahora todo lo que se puede hacer, qué maravilla. Maestros y alumnos formamos un gran equipo, nos complementamos mutuamente, aprendemos unos de los otros, convivimos, porque aunque la teoría es sanadora en sí misma, también tenemos práctica y nos miramos como vamos progresando y desarrollándonos, en una aventura cuyo final es la muerte.

Mi segunda alegría: haber terminado mi novela. Ya me entregaron la portada, no tarda en salir al público. Me va a dar mucha emoción cuando la vea empastadita, con cara de libro, y yo les diga a mis amigos y conocidos: “Mírenla, aquí está”. La suerte que le toque después, que sea exitosa o no, constituye otro episodio que para nada alegra ni ensombrece la aventura de haberla creado, ni la experiencia de haber convivido durante años con nuestro grupo que bautizamos con el nombre de “escritores7”, porque somos siete y nos apoyamos unos a los otros para cumplir nuestro anhelo de escribir.

En el libro Cartas a un joven poeta, uno le escribe a Rilke pidiéndole que lea sus versos y le diga si son buenos o no, y Rilke le responde: “Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie. Sólo hay un medio: entre en sí mismo, averigüe el fundamento de lo que usted llama escribir; compruebe si está enraizado en lo más profundo de su corazón; confiésese a sí mismo si se moriría irremisiblemente en el caso de que se le impidiera escribir. Sobre todo, pregúntese en la hora más callada de la noche: ¿Debo escribir?”. Yo me lo he preguntado y mi respuesta ha sido afirmativa. No puedo saber si mis escritos son buenos y contienen algo de importancia, sólo sé que necesito seguir escribiendo. Por eso me alegro de haber terminado mi novela, y por eso estoy tan agradecida con el periódico a.m. de que me permita llegar a sus lectores mediante su diario, y a éstos por leerme y en ocasiones, alentarme. Muchas gracias.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

 

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