La humildad y la autoestima son virtudes distintas que
andan juntas. Si no, lo más probable es que una o ambas sean falsas.
Una persona humilde se expone a percibir lo que es,
sin temor ni prejuicio y sin negar, camuflar o exagerar lo que es; opuesto a
que alguien que comenzara a tomar clases de música, pensara: “Soy un virtuoso
con mi instrumento”. Estaría engañándose porque, de hecho, es un principiante.
La humildad es la verdad.
Es fácil engañarnos, fanfarronear, presumir, envidiar,
ocultar, inclusive mentir y creer en nuestras propias mentiras positivas o
negativas; por ejemplo, pensar: “Yo soy el mejor”, “Yo gano un sueldo de seis
cifras”, “Mi familia es modelo de familias”, o también: “Que nadie sepa que no
soy el mejor”, “que nadie sepa que gano poco”, “que nadie sepa que mi familia
es como es”. Con el engaño, mantenemos un ideal a manera de rasero y
aparentamos llenarlo. Se trata de un pensamiento que no se relaciona con la
realidad, ni con el amor.
Muchas personas confunden la humildad con la
severidad; se les pide hacer una lista honesta de sus propias características y
elaboran una de sólo defectos. También la severidad es un engaño, como lo es el
perfeccionismo.
El engaño es opuesto a la humildad.
Hablemos de autoestima. Una persona con auténtica
estimación (amor) por sí misma se ama tal como es y se ve, independientemente
de que la imagen percibida sea o no de su agrado. No es el éxito o la sujeción
a determinados estándares ideales lo que la impulsan a amarse, sino el hecho de
estar viva. Necesitó, en determinado momento, decidir que la actitud con que se
relacionaría consigo misma sería el amor, siempre el amor, pasara lo que
pasase.
Muchas personas confunden la autoestima con la buena
imagen de sí mismas, creen que merecen amarse por sus éxitos o su buena
conducta. “Si gano este concurso, se aumentará mi autoestima”, “mi pareja me
abandonó y destruyó mi autoestima”. La palabra misma, “autoestima”, favorece la
confusión, pues parece referirse a cosas y características que ocasionan estimación
o aprecio. Quizá hubiera estado mejor denominar “auto amor” a esta forma
incondicional de amarnos también cuando nos va mal, nos vemos feos o cometemos
errores.
En el amor es fácil sufrir engaños y desengaños
también cuando se trata de nosotros mismos. Dos recién enamorados sienten
alegría por estar uno con el otro, creyendo que el amado es como cada uno lo
espera. Posiblemente, cuando alguno presente una diferencia, sufrirán
desencanto, tristeza, ira, negación, rechazo y hasta violencia. Igual sucede en
la relación con nosotros mismos; si hemos cometido un error serio, nos da más
trabajo amarnos. Ahí es donde resulta necesaria la humildad que reconoce lo que
es, para decir: “Así soy, en este punto estoy, y decido seguir amándome”. “Sé
que no me conozco en totalidad y muchas de mis características me pasan
inadvertidas; no obstante, me amo, con lo que puedo ver y lo que no.”
“Psicología”
es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o
sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
, al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario