He leído varios libros de autoayuda y en todos indican
que el subconsciente puede ser nuestro peor enemigo o nuestro mejor amigo,
según la programación que tengamos en él. Si tenemos creencias de éxito
entonces tendremos éxito; si de fracaso, tendremos fracaso en nuestra vida. Y
en ésos libros dicen que el subconsciente se puede programar de diferentes
maneras: afirmaciones, visualización, escuchar una grabación dormido, etc. Mi
petición y sugerencia sería que explique si estos métodos son de verdad útiles
para programar el subconsciente o cuáles considera usted correctos.
OPINIÓN
Efectivamente, el inconsciente se puede reprogramar.
¿Todo? No, todo no, es un universo posiblemente infinito y poco explorado aún. El
tiempo de nuestra corta vida no alcanza para mejorar los millones y millones de
datos y programaciones que él guarda, y muchos de ellos será mejor que no se
intente cambiarlos, como los que gobiernan la vida vegetativa; sin embargo, lo
hacemos y el resultado es un infarto, un paro respiratorio, una gastritis, etc.
Reprogramar el inconsciente es posible, simple, y extremadamente delicado. Todos lo
hacemos. Modificamos mucho que resulta poco en proporción a la totalidad, y ésa
es nuestra contribución para que la humanidad evolucione, mejor o peor.
¿Hasta qué punto es posible reprogramarlo? No lo sabemos. Los hindúes, que
como cultura han estudiado la mente durante milenios, consiguen cosas que para
nosotros son increíbles, como gobernar la respiración y los latidos del propio
corazón. Quienes oyeron “Kalimán” pueden darse una idea. Leí un experimento de
un faquir que aceptó ser enterrado vivo, bajo tierra, por 15 días. Dejó indicados
del día y hora en que debía ser desenterrado. Transcurrido este tiempo, lo
sacaron de la tumba y él despertó, desdobló su lengua que había colocado
cerrando la tráquea, se levantó y se fue de allí caminado. En EEUU, Anthony
Robbins, autor de varios libros, ha logrado que participantes de sus seminarios
caminen sobre brasas con los pies descalzos. Para muchos esto suena a mito o a
milagro, pero sólo es conocimiento de las leyes naturales de la mente y la
materia.
¿Cómo sé que estos relatos son verdaderos y no una
leyenda o invención, como tantas que circulan en Internet? Podrían ser falsos y
no me importaría; yo he comprobado maravillas menores pero similares que pueden
lograrse mediante hipnosis. Lo he visto, nadie me lo contó. Hace varias décadas,
Taurus Do Brazil, un hipnotizador, vino al teatro del IMSS y dio cursos de
hipnosis, entonces vi a hipnotizadores novatos hacer que sujetos hipnotizados
realizaran maravillas: una fuerza extraordinaria, aumento de sensibilidad en
los sentidos, desarrollo de anestesias, telepatía, telekinesis, videncia a
kilómetros de distancia, obedecer órdenes post hipnóticas hasta dos semanas
después de haberlas recibido y creer que eran por elección propia, y otros
fenómenos tan sorprendentes como atemorizantes. También pude comprobar su
peligro por mal uso y que puede desembocar en desórdenes mentales y muerte.
Pero me consta que la reprogramación es posible y que poseemos capacidades que
no utilizamos porque no sabemos cómo.
Yo nunca aconsejaría intentar reprogramaciones drásticas;
en cambio, sí recomiendo utilizar afirmaciones, visualizaciones e incluso
escuchar una grabación dormido; son métodos menos radicales para influir en el
inconsciente, sólo hay que ser cuidadosos con los contenidos.
Es importante señalar que toda clase de afirmaciones que hagamos reprograman el inconsciente,
ya que éste se actualiza de continuo, con cada experiencia y descubrimiento.
Aquí vuelvo a recomendar el cuidado de los contenidos. Una persona que dice (o
le dicen) con frecuencia que es torpe, tonta, mala para las matemáticas, fea,
propensa a las gripas, pobre, o lo que sea, está reprogramando su subconsciente
con sus afirmaciones y éste va a obedecer dichas órdenes, así es su naturaleza.
Si comparáramos al inconsciente con una computadora (sin
justicia, él es infinitamente más potente), diríamos que ambos son herramientas
maravillosas, y ambos tienen la capacidad de reproducir basura N número de veces.
En otra ocasión comentaré cómo podríamos arruinar al
inconsciente, si le ordenáramos suprimir contenidos indispensables para su
correcto funcionamiento.
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