No es cierto que dar es mejor que recibir; ambas acciones
son partes de un movimiento que se completa a sí mismo; de las mejores cosas de
la vida, y de las peores. El desastre ocurre cuando la jarra entrega su
contenido esperando que se encuentre un vaso ahí para recibirlo, y no hay ninguno.
El líquido se derrama, salpica, inunda, cae sobre aquello que no lo espera ni
le sirve. Muy malo sería si el receptor se sintiera obligado a conservar lo que
le cayó encima.
En las interacciones sucede todos los días: podemos dar a
quien no quiere tomar y no tomar lo que nos dan. También lo opuesto: esperar recibir
de quien no está disponible para dar porque no puede o no quiere.
Es imposible que vivamos sin
dar y recibir porque la vida es un intercambio constante, en el que entregamos
lo que somos y recibimos a los demás como son, pero es distinto
recibir y tomar. Lo primero es como el sol y la lluvia, regalos o imposiciones que
se nos entregan y no estamos obligados a tomar. De hecho, construimos
sombrillas, techos, aparatos de aire acondicionado y cañerías para
resguardarnos, dosificar lo que tomamos o deshacernos de los excesos.
Tomar es voluntario. Triste sería no confeccionarnos una
protección, cáscara o armadura que nos dé la oportunidad de seleccionar lo que
nos parece adecuado para enriquecer nuestra vida. Triste es dar a quienes no
pueden tomar, y molesto recibir lo que no se necesita. Al que ingrato me deja, busco
amante; al que amante me sigue, dejo ingrata, escribió sor Juana. Triste ofrecer a nuestros
semejantes contenidos que no quieren ni necesitan, ocasionando que nuestra
compañía los fuerce a vivir constantemente alertas para protegerse de lo que
les proyectamos.
¿Conocemos lo que proyectamos, lo que damos? Es decir, ¿estamos
siempre conscientes de lo que enviamos a nuestro exterior? Por supuesto que no
siempre; ya sabemos que del 100% de nuestras acciones, 90 o 95% son
inconscientes. Proyectamos lo que tenemos dentro: el amoroso, amor; el seguro,
seguridad; el temeroso, temor; el culpable, culpabilidad; el que se miente,
mentiras; el enojado, ira; el frustrado, insatisfacción; el celoso,
desconfianza; el pacífico, paz. No alcanzaremos a conocer el alcance de la
intangible influencia que nuestra vida irradia. Hay personas que han trabajado
tanto sus contenidos interiores que su sola presencia cura y sin aparente
esfuerzo transforman su medio ambiente en algo bello.
En estos tiempos de intranquilidad social y temor al
futuro, la inseguridad y la corrupción, unos a otros nos damos sin saber
motivos para estar asustados. Por esto es más importante aún cuidar los propios
contenidos, pues saldrán de nosotros sin que nos demos plena cuenta y
colaborarán en la percepción colectiva de la realidad. Nada es tan terrible que
no pueda ser transformado en bendición con un tratamiento interior adecuado.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con
ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al
teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez
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