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martes, 17 de enero de 2017

No es cierto que dar es mejor que recibir




No es cierto que dar es mejor que recibir; ambas acciones son partes de un movimiento que se completa a sí mismo; de las mejores cosas de la vida, y de las peores. El desastre ocurre cuando la jarra entrega su contenido esperando que se encuentre un vaso ahí para recibirlo, y no hay ninguno. El líquido se derrama, salpica, inunda, cae sobre aquello que no lo espera ni le sirve. Muy malo sería si el receptor se sintiera obligado a conservar lo que le cayó encima.
En las interacciones sucede todos los días: podemos dar a quien no quiere tomar y no tomar lo que nos dan. También lo opuesto: esperar recibir de quien no está disponible para dar porque no puede o no quiere.
Es imposible que vivamos sin dar y recibir porque la vida es un intercambio constante, en el que entregamos lo que somos y recibimos a los demás como son, pero es distinto recibir y tomar. Lo primero es como el sol y la lluvia, regalos o imposiciones que se nos entregan y no estamos obligados a tomar. De hecho, construimos sombrillas, techos, aparatos de aire acondicionado y cañerías para resguardarnos, dosificar lo que tomamos o deshacernos de los excesos.
Tomar es voluntario. Triste sería no confeccionarnos una protección, cáscara o armadura que nos dé la oportunidad de seleccionar lo que nos parece adecuado para enriquecer nuestra vida. Triste es dar a quienes no pueden tomar, y molesto recibir lo que no se necesita. Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata, escribió sor Juana. Triste ofrecer a nuestros semejantes contenidos que no quieren ni necesitan, ocasionando que nuestra compañía los fuerce a vivir constantemente alertas para protegerse de lo que les proyectamos.
¿Conocemos lo que proyectamos, lo que damos? Es decir, ¿estamos siempre conscientes de lo que enviamos a nuestro exterior? Por supuesto que no siempre; ya sabemos que del 100% de nuestras acciones, 90 o 95% son inconscientes. Proyectamos lo que tenemos dentro: el amoroso, amor; el seguro, seguridad; el temeroso, temor; el culpable, culpabilidad; el que se miente, mentiras; el enojado, ira; el frustrado, insatisfacción; el celoso, desconfianza; el pacífico, paz. No alcanzaremos a conocer el alcance de la intangible influencia que nuestra vida irradia. Hay personas que han trabajado tanto sus contenidos interiores que su sola presencia cura y sin aparente esfuerzo transforman su medio ambiente en algo bello.
En estos tiempos de intranquilidad social y temor al futuro, la inseguridad y la corrupción, unos a otros nos damos sin saber motivos para estar asustados. Por esto es más importante aún cuidar los propios contenidos, pues saldrán de nosotros sin que nos demos plena cuenta y colaborarán en la percepción colectiva de la realidad. Nada es tan terrible que no pueda ser transformado en bendición con un tratamiento interior adecuado.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez



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