Reprogramar el subconsciente es fascinante. Lograrlo
requiere del “permiso” y colaboración del Sistema de Activación Reticular
(SAR), parte del cerebro que ha sido considerada la “planta eléctrica” del
cuerpo, pues directa o indirectamente lo mantiene funcionando. Si el SAR no
acepta una programación que deseamos instalar en el subconsciente, no se
instala, y punto.
¿Qué hace el SAR? Por un lado, vigila las
funciones vegetativas de sobrevivencia, y por otro, es el centro de dormir y
despertar; a él se debe que una persona esté alerta, adormilada, dormida o en
coma. El SAR también selecciona la información relevante e inhibe el resto de
los millones de datos que recibimos en un día.
¿Con qué criterio realiza el SAR dicha
selección? Tiene “objetivos”.
El primero es mantener a la persona con vida:
¿está respirando?, ¿late su corazón?, ¿hay irrigación suficiente en todos los
sitios del organismo?, ¿está cansada?, etc.
Después vienen los “objetivos” que la persona
propone. Digamos que ésta quiere llevarse el alimento a la boca; el SAR conecta
la totalidad de las zonas del cerebro en busca de datos y programaciones ya
almacenados que ayuden, y también atiende a lo nuevo que el sujeto percibe,
como en dónde se encuentra el plato y si está demasiado caliente. Podemos imaginar al SAR preguntándose: “¿Sirve este dato? Sí, hay que utilizarlo. ¿No? Descartémoslo”.
El SAR indica al
cerebro en qué temas trabajar, cuándo y con qué intensidad, pero antes se
asegura que el organismo tenga lo que necesita. Por ejemplo: Una persona puede
“programarse” para conducir muchas horas seguidas en vista de determinada
urgencia. El SAR moviliza toda clase de recursos para apoyarla, pero cuando considera
que ella debe descansar, la hace que duerma aunque vaya en carretera.
Ningún objetivo “secundario” puede superar al
“primario”.
Hay otras situaciones en que el SAR nos
“desconecta” haciéndonos dormir o quedar inconscientes. Si la información nueva
es demasiado distinta y conflictiva con la que el cerebro posee, la persona
dormita, aunque quiera permanecer despierta. ¿Te ha sucedido en conferencias,
sermones, películas o lecturas? E igual si la información “nueva” es demasiado
conocida; el SAR parece decirnos “tú descansa, eso ya lo sabes”. Si es
traumática, dice: “de ninguna manera, esto no pasa” y a veces la gente incluso se
desmaya.
Las leyes del SAR acerca de la sobrevivencia
son inflexibles: primero hay que estar vivo. Con él no vale la fuerza, pero
puede valer la maña y ésta a veces logra que el SAR acepte objetivos que van contra la vida, como es el caso de la anorexia. ¿Cómo sucede?
Si hay coincidencia entre las creencias
previas que almacena y coordina el Sar y la orden nueva que da la persona, no
estalla un conflicto; es decir, no se enciende un aviso de alarma. Entonces el
SAR toma la anorexia igual que tomaría una orden hipnótica, como meta, aunque
sea una enfermedad. Este es un ejemplo de que siempre es posible establecer
programas nuevos. También de que podemos hacerlo mal.
Con una mala programación va en juego la vida,
o la cordura. ¡Cuidado!
“Psicología” es una columna abierta. Puedes
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