Cuando una persona en verdad no aguanta más, deja de
decirlo y hace algo: cambia sus rutinas, abandona una relación tormentosa y
jamás vuelve a aguantar lo inaguantable, ni siquiera cuando tratan de
convencerla que debe hacerlo por amor a alguien, sus hijos, por ejemplo. Se
vuelve una persona nueva.
La vida no es para ser aguantada sino vivida, lo más felizmente
posible. Los hijos aprenden de los hechos que no es el aguantar lo que da
felicidad, sino hacer cosas activamente para el propio beneficio. Dejan de
creer que lo que vivieron sus padres era lo normal. Los amigos también se
atienen a los hechos: su amigo o amiga cambió, es una persona nueva, y ya no
está dispuesta a soportarlo todo.
Las personas nuevas cuidan la dirección de su mirada; es
decir, hacia dónde dirigen sus pensamientos y acciones: el sufrimiento o la
felicidad. No se estancan en lo que sufrieron ni le dan vueltas a lo vivido. Salen
de allí. Vencen la tentación de permitir que lo pasado sea su presente. Dejan
de pensar: “¡Qué injusto, esto no puede quedar sin castigo!”, “¿por qué me pasó
a mí?”, “tengo mala suerte”. Tampoco se enfrascan en largas discusiones para
buscar quién tuvo la culpa. En cambio, miran a la felicidad y la tienen
presente en cada decisión: “¿Esto sirve para mi bienestar y el de los que amo?”.
Una auténtica renovación personal consiste en crecer; es
decir, expandir la conciencia de manera que ésta admita conceptos y
experiencias que había rechazado antes, lo cual asusta: ¿dará buenos o malos
resultados? Los resultados no siempre se pueden prever, será hasta con el
tiempo que sean claros. Es obvio que la persona nueva puede equivocarse, pero,
¿de qué otra manera se volvería nueva, si sólo elige lo que ya se ha hecho y
comprobado? He aquí el gran dilema de la libertad: preferiríamos acertar
siempre y no es posible, dentro de ser libres está la posibilidad del error.
Para una persona nueva es útil recordar que ella es única
y su proceso será suyo, distinto a cualquier otro y distinto a lo que ya ha
vivido. Suena fácil, pero las costumbres están grabadas en la mente, empujan en
forma de hábitos hacia adelante y hacia atrás. El peligro es que “la costumbre sea
más fuerte que el amor”. La tentación de “re-crear” el pasado es fuerte; o se
inventan rutinas nuevas, o se repite el libreto con actores nuevos, en una
situación nueva, en un país nuevo, pero con el mismo guión y mismos contenidos.
Existen multitud de ayudas para renovarse: la
psicoterapia, talleres, diplomados, libros de autoayuda, clubes de
acondicionamiento físico, terapias alternativas y muchísimas posibilidades
más. Lo que importa es que la persona
permanezca amándose a sí misma y estando siempre de su parte. Con amor propio, es
decir, amor por ella misma, buscará y encontrará muchas cosas bellas de la vida
para sí y su familia.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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