Soy una mujer divorciada. Entablé una relación desde
hace 6 meses con un hombre 14 años mayor que yo, casado.... No quería
ilusionarme pero creo me enamoré. Él nunca me prometió dejar a su familia ni yo
se lo pedí jamás, nos veíamos y la pasábamos muy bien, nos mensajeamos todos
los días. Él es un hombre bastante ocupado, tratábamos de vernos por lo menos 3
o 4 veces al mes, pero ya llegó un punto en que a veces él no responde mis
mensajes y también yo me he puesto a pensar en la situación y creo no es sano
para nadie pero en especial para mí, porque comienzo a sentir esa necesidad de
saber de él a todas horas... No sé qué hacer para resolver esta
situación, me urge su consejo..... Con él he vivido cosas increíbles nuevas para
mí, sensaciones, hemos hecho locuras juntos, pero no me gusta esto que estoy
sintiendo...... Espero me pueda aconsejar
OPINIÓN
Siempre que uno va a tomar cualquier decisión, suele
tener diálogos internos de los que apenas si se da cuenta. Puedo imaginar los
tuyos al principio, más o menos así:
Estoy
divorciada, joven, con necesidades... Esta oportunidad que se me presenta no
conlleva riesgos; él es 14 años mayor que yo, está casado y no piensa abandonar
a su familia... ¿qué de malo puede suceder?
Y te enrolaste.
Luego
de 6 meses de mensajes diarios y de verse varias veces al mes, tus diálogos
internos parecen haberse modificado a:
Con él he vivido cosas increíbles y
nuevas para mí, sensaciones, locuras juntos... pero no me gusta esto que estoy
sintiendo, esta
situación no es sana para nadie, en especial para mí. A lo mejor, tampoco para
él, pues ya no responde a todos mis mensajes y yo comienzo a sentir la
necesidad de saber de él a todas horas. ¿Qué haré?
Según
yo, la respuesta a ¿qué haré? ya ha
tratado de emerger en tu mente, pero te asusta continuar con tu diálogo
interior.
¿Qué
detiene nuestros diálogos? Alguna creencia, ¡pueden ser tantas!, lo mismo
absurdas que cercanas a la realidad.
Por
ejemplo: “No hay hombres de mi edad que
estén necesitando una relación cercana y satisfactoria”. Los hombres no quieren
compromiso. Es difícil que alguien me quiera. Siempre me equivoco escogiendo
hombres. Si no tengo un hombre me voy a
morir. No tengo nada que ofrecer. Y podríamos seguir.
Las
creencias son sólo pensamientos. Mejor dicho, hábitos, caminitos conocidos para
pensar. Con quitar alguna creencia, muchas cosas cambian.
Si,
por ejemplo, en lugar de pensar: No hay
hombres de mi edad que estén necesitando una relación cercana y satisfactoria,
se piensa: Debe de haber hombres que,
como yo, necesitan una relación cercana y satisfactoria, la persona se
dispondría a encontrar alguno así. O también podría no sentir la más mínima
motivación para eso.
En
tu diálogo podrías preguntarte si tú en realidad deseas o no adquirir un
compromiso. Si imaginas que una relación estable puede ser también divertida o
la piensas muy seria y aburrida. Si crees que puedes aportar alegría y
vitalidad o más bien esperas que eso sea la contribución de la otra persona.
Sobre todo, en el momento presente, importa que permitas
que fluya tu diálogo interior y escuches
qué tan atractivo es para ti continuar con la relación actual, aunque primero debas
convencer a tu hombre de contestar todos tus mensajes, aumentar las atenciones
que te brinda puesto que han aumentado tus requerimientos, y cambiar las reglas
del juego porque ya no está siendo algo casual para ti, sino que lo piensas
todo el día. Tal vez te guste la perspectiva de también cambiar la premisa de
que él no iba a abandonar a su familia.
Un diálogo así te permitirá vislumbrar cómo es -más o
menos- el camino que ustedes tienen por delante.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
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