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martes, 19 de junio de 2018

DIÁLOGOS INTERNOS


Soy una mujer divorciada. Entablé una relación desde hace 6 meses con un hombre 14 años mayor que yo, casado.... No quería ilusionarme pero creo me enamoré. Él nunca me prometió dejar a su familia ni yo se lo pedí jamás, nos veíamos y la pasábamos muy bien, nos mensajeamos todos los días. Él es un hombre bastante ocupado, tratábamos de vernos por lo menos 3 o 4 veces al mes, pero ya llegó un punto en que a veces él no responde mis mensajes y también yo me he puesto a pensar en la situación y creo no es sano para nadie pero en especial para mí, porque comienzo a sentir esa necesidad de saber de él a todas horas... No sé qué hacer para resolver esta situación, me urge su consejo..... Con él he vivido cosas increíbles nuevas para mí, sensaciones, hemos hecho locuras juntos, pero no me gusta esto que estoy sintiendo...... Espero me pueda aconsejar

OPINIÓN
Siempre que uno va a tomar cualquier decisión, suele tener diálogos internos de los que apenas si se da cuenta. Puedo imaginar los tuyos al principio, más o menos así: 

Estoy divorciada, joven, con necesidades... Esta oportunidad que se me presenta no conlleva riesgos; él es 14 años mayor que yo, está casado y no piensa abandonar a su familia... ¿qué de malo puede suceder? 

Y te enrolaste.

Luego de 6 meses de mensajes diarios y de verse varias veces al mes, tus diálogos internos parecen haberse modificado a: 

Con él he vivido cosas increíbles y nuevas para mí, sensaciones, locuras juntos... pero no me gusta esto que estoy sintiendo, esta situación no es sana para nadie, en especial para mí. A lo mejor, tampoco para él, pues ya no responde a todos mis mensajes y yo comienzo a sentir la necesidad de saber de él a todas horas. ¿Qué haré?

Según yo, la respuesta a ¿qué haré? ya ha tratado de emerger en tu mente, pero te asusta continuar con tu diálogo interior.

¿Qué detiene nuestros diálogos? Alguna creencia, ¡pueden ser tantas!, lo mismo absurdas que cercanas a la realidad.

Por ejemplo: “No hay hombres de mi edad que estén necesitando una relación cercana y satisfactoria”. Los hombres no quieren compromiso. Es difícil que alguien me quiera. Siempre me equivoco escogiendo hombres.  Si no tengo un hombre me voy a morir. No tengo nada que ofrecer. Y podríamos seguir.

Las creencias son sólo pensamientos. Mejor dicho, hábitos, caminitos conocidos para pensar. Con quitar alguna creencia, muchas cosas cambian.

Si, por ejemplo, en lugar de pensar: No hay hombres de mi edad que estén necesitando una relación cercana y satisfactoria, se piensa: Debe de haber hombres que, como yo, necesitan una relación cercana y satisfactoria, la persona se dispondría a encontrar alguno así. O también podría no sentir la más mínima motivación para eso.

En tu diálogo podrías preguntarte si tú en realidad deseas o no adquirir un compromiso. Si imaginas que una relación estable puede ser también divertida o la piensas muy seria y aburrida. Si crees que puedes aportar alegría y vitalidad o más bien esperas que eso sea la contribución de la otra persona.

Sobre todo, en el momento presente, importa que permitas que fluya tu diálogo interior y  escuches qué tan atractivo es para ti continuar con la relación actual, aunque primero debas convencer a tu hombre de contestar todos tus mensajes, aumentar las atenciones que te brinda puesto que han aumentado tus requerimientos, y cambiar las reglas del juego porque ya no está siendo algo casual para ti, sino que lo piensas todo el día. Tal vez te guste la perspectiva de también cambiar la premisa de que él no iba a abandonar a su familia. 

Un diálogo así te permitirá vislumbrar cómo es -más o menos- el camino que ustedes tienen por delante. 

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com  

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