lunes, 8 de abril de 2019

PENSÁNDOLO BIEN


Bueno y oportuno el artículo del 26 de marzo. Tengo una duda. Dice: “Ambas culturas cometieron demasiadas barbaridades y de haber podido hubieran cometido más”. ¿Los de aquí, qué barbaridad cometieron con los españoles? Ellos invadieron, eran los intrusos en nuestra casa, invasores. ¡Que venga la disculpa, malditos! ¿Podría escribir otro artículo titulado: PENSÁNDOLO BIEN...?

 OPINIÓN

Pensándolo bien, sí, daré nuevas respuestas de tipo psicológico respecto al significado que tienen, para nosotros, hoy, unos acontecimientos de hace 500 años. 

Es verdad lo que dices que a quienes llamo cultura padre, los conquistadores, eran intrusos en nuestra casa, invasores. Nadie pone en tela de juicio que cometieron demasiadas barbaridades y un genocidio en todos los sentidos, al intentar la eliminación y subordinación sistemática de los naturales por menosprecio a su raza, etnia, religión, política y nacionalidad. Tampoco puede negarse que fueron los padres en el mestizaje.

¿Qué barbaridades cometió la cultura madre, indígena, con los españoles? 

Aparte de odiarlos y ofrecer en sacrificio los corazones de los que pudo atrapar, la peor barbaridad que cometió la cultura madre fue ayudar a los invasores a conquistarla, entregarles su propio poder y encumbrarlos al punto de que se adueñaran de estas tierras. Pelearon indígenas contra indígenas. Tenían un motivo: querían liberarse de la cruel dominación de los mexicas. Y por andar pidiendo ayuda extranjera cayeron de la sartén a las brasas. Las ayudas extranjeras nunca son gratis.

Pensándolo todavía más... La analogía de llamar padre y madre a las culturas protagonistas también es hija de una civilización machista y discriminadora de la mujer. Encierra una proyección mental que atribuye a lo masculino la violación, el dominio, la crueldad, el despojo de la propiedad y de la identidad. Cliché. Y refiere a lo femenino la entrega del propio poder, la abnegación, el ser objeto de explotación y el servilismo propio de las víctimas. Cliché. Ni todos los españoles fueron “masculinos”, ni todos los indígenas “femeninos” o pasivos, hubo rebeliones y guerra.

En estos clichés seculares resulta difícil discernir si son influencias de la conquista o se trata de estereotipos mentales adquiridos hace aún más tiempo que 500 años.

Mi madrecita santa estuvo casada con un mal hombre: mi padre. Es una expresión que se escucha o revive con frecuencia y puede ser un calco o reproduzco de aquella triste historia: hombre abusivo y dominante que no respeta a la mujer ni cuida del hijo, mujer que no reconoce su propio poder y se siente virtuosa al soportar malos tratos por amor a los niños, mientras critica constantemente al padre pero no lo deja, etc., etc. Situaciones similares podrían considerarse reminiscencias de aquella tragedia de la que no hemos sabido diferenciarnos.

Insisto en que ninguno de los actuales estaba vivo durante los hechos de hace 500 años y por lo tanto, ni son nuestra culpa ni podemos cambiarlos. Son hechos. Pasados. Los vivieron otras personas, no nosotros. Se nos quedaron como herencia para solucionar, o destino para repetir. 

No es divertido ser víctimas. Entregaríamos nuestro poder si pensáramos: Seré feliz hasta que el rey o el papa se disculpen, parecido a: No puedo ser feliz hoy porque tuve una infancia desastrosa. Exigir un mejor pasado es un delirio imposible, y las disculpas posteriores sirven de poco o nada, salvo que las formule el que cometió el error, y en este caso todos están muertos. 

Hoy, podemos tomar nuestro propio poder y decir: Queridos ancestros indígenas y españoles, dejo en ustedes la responsabilidad, el mérito y la culpa de sus vidas. Les pertenece. Gracias por pasar la vida, tomo la mía tal como me ha sido dada y hago de ella algo que me guste y satisfaga. Soy consciente de mi grandeza, que no depende de las opiniones de nadie ni de los hechos del papa o del rey. Soy grande por mí mismo el día de hoy.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com



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