El creador de Constelaciones Familiares abandonó este
planeta el pasado día 19. Deja tras de sí millones de pequeños fuegos
encendidos, en cada Constelación Familiar que se realiza. En ellas se impulsa
una nueva visión de la humanidad, solidaria y no dominante, organizada con base
en los vínculos del amor y no en la fuerza ni en la obligación de las
jerarquías.
En el momento actual, esta visión puede ser considerada
utópica e irrealizable; sin embargo, poco a poco, a través de cambios
aparentemente pequeños en la mentalidad de las personas, podemos anticipar que,
en un futuro tal vez no muy lejano, una gran mayoría de humanos estarán
conscientes de que prefieren la paz y no la guerra; que el amor importa en las
familias y grupos a los que pertenecen; que
dominar, juzgar y entrometerse en las vidas ajenas solo hace más pesada la
propia carga; y que una organización solidaria de la humanidad trae cambios
importantes en las maneras de interactuar uno con el otro.
Bert Hellinger miró de frente las enormes dificultades
que conlleva un cambio de mentalidad de este tamaño, las describió y aceptó en
lugar de criticarlas o minimizarlas, y no dejó para después el poner en
práctica su teoría. Por ejemplo, reconoció las “lealtades inconscientes” por
las cuales repetimos u obedecemos toda norma que encontramos en nuestros grupos
al llegar al mundo, y nos sentimos culpables por contrariar alguna. La
organización en jerarquías es una de ellas, antiquísima, muy apreciada o
acostumbrada.
La etimología de la palabra “jerarquía” nos permite
conocer cuál es la visión que nos hace creer que la dominación de unos sobre
los otros es natural u ordenada por Dios. Proviene de hieros, =sagrado, divino, y arkhein
= gobierno. Desde los faraones y los césares que se creían divinos y después
toda clase de autoridades, han reclamado para sí que Dios las puso encima y es
obligación moral someterse a ellas. Hellinger habla de una sola jerarquía, la
que establece el árbol de la vida, por la cual, los que nacen primero van
primero, y esto no significa que deban subyugar a los que vienen después.
La necesidad de organizaciones de tipo vertical,
autoritarias, donde unos se consideran superiores a otros y clasifican,
desprecian o discriminan, es una de esas “lealtades inconscientes” a lo
establecido que nos lleva a otra necesidad: la de tener dogmas y personas
honorables, de autoridad o líderes que definan lo que está bien o mal, de
manera que sólo aquello que haya sido autorizado
por la autoridad (observar la
etimología de ambas palabras) es correcto y permitido, aunque sea tan absurdo
como lo fue tener esclavos o invadir naciones a nombre de un rey.
En la vida práctica, Hellinger mantuvo su teoría libre de
patentes y de escuelas o asociaciones de psicólogos y psiquiatras y la abrió a
todo aquel que quisiera aprenderla, lo cual era una importante desobediencia a
lo establecido, ya que se supone que estos organismos son la autoridad que decide si una teoría se
aprueba o no y quiénes pueden practicarla. Él optó por la libertad de
pensamiento confiado en que por el camino encontraría a otros humanos que
simpatizaran con la idea de una humanidad solidaria y no autoritaria, en la que
lo más importante fueran los vínculos del amor y se reconociera el derecho de
cada ser humano a la vida y la libertad.
En la actualidad, millones de personas practican las
Constelaciones Familiares en una revolución silenciosa y pacífica, venida de
abajo, desde cada individuo y su sistema. Ojalá sigan multiplicándose y
ocasionando la reconciliación de cada uno consigo mismo, su origen y su
historia. Reconciliación es amor, no guerra.
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