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lunes, 21 de octubre de 2019

SOLUCIONAR PROBLEMAS


“Inteligencia” es el nombre que damos a la facultad para solucionar problemas. 

La inteligencia debe solucionar problemas. No puede permanecer inactiva. Es como un poderoso molino que nunca se detiene. Si se le da buen grano, producirá buena harina; si se le proporciona basura, contaminará su alrededor; si se le deja ociosa, se destruirá a sí misma. ¿Qué es preferible: tener problemas y solucionarlos, engañarse uno con pseudoproblemas, o dejar que la inteligencia se autodestruya por falta de aprovechamiento?

Hay niveles de inteligencia. A veces creemos que sólo los seres humanos somos inteligentes, pero no es así; todos los seres vivos lo son, en grados distintos.

Para un ser vivo, el problema principal es permanecer con vida, ya que ésta es demasiado compleja, depende de muchísimos factores y en cualquier momento puede terminar: por falta de oxígeno, de agua, de alimento; por temperatura inadecuada, elementos tóxicos, agresiones de otros seres vivos... 

Incluso los seres vivos más pequeños que se conocen, las células, ya sea que estén sueltas o integradas en un organismo, deben atender este  problema y tienen conductas encaminadas a solucionarlo. Su inteligencia consiste (por lo menos) en que al percibir en su medio ambiente agua, alimento o algo que su código les indica que es útil, se abren y extienden para recibirlo, y al contrario: si no les sirve o les daña, se cierran y contraen para protegerse. 

Este mecanismo inteligente de expansión-retracción se encuentra en toda clase de seres vivos, sin que importe su nivel de inteligencia. Es grande la distancia que hay, por ejemplo, entre un gusano y un perro. Asustas al gusano y se enrosca o huye. Llamas al perro o le muestras comida y se desplaza hacia ti; regáñalo o amenázalo y se hará chiquito tratando de esconderse.

A mayor nivel de inteligencia, más complejos los problemas que se deben solucionar.

La inteligencia humana puede equivocarse, cuando pierde de vista el problema básico universal de los seres vivos (permanecer con vida y, de ser posible, con óptima salud). Entonces, formula conclusiones supuestamente intelectuales que sobrecogen, como: “La guerra es el único medio de lograr la paz”, y organiza una guerra en la que muchos mueren. “El presente debe sacrificarse en aras de un futuro mejor”,  y  prohíbe el acceso a bienes necesarios. “Yo voy a salvar a la humanidad (a la nación, a la colonia)” y formula leyes o reglamentos que eximen a individuos de responsabilidades o le agregan otras, aunque no sean relevantes o les impidan vivir ampliamente. “El éxito económico es una injusticia social”, y el que lo dice se coloca como la medida: “Los que se vean mejor que yo (más ricos, fuertes, inteligentes o lo que sea) están mal;  deberían repartir lo suyo conmigo y los que están por debajo de mí”. 

A veces, humanos con muy buen equipo para pensar se vuelven locos, o medio locos. Muchas neurosis se deben a que la persona tiene la capacidad y la necesidad de solucionar problemas grandes y no los tiene o no quiere verlos y se inventa otros, lo suficientemente complicados como para que mantengan ocupada su inteligencia. 

También hay personas que no quieren pensar. Se acogen y bendicen a quienquiera que les ofrezca una solución, a fin de no tener que hacerse cargo. Dicen: “El estado debería solucionarlo”, “la ciencia debería solucionarlo”, “un voto democrático debería solucionarlo”, “alguien debería hacer algo”... No es fácil distinguir si están llenando el molino de su inteligencia con basura contaminante al cambiar el problema básico por este otro: “no me obliguen a pensar y hacerme cargo”, o si sus inteligencias ya están arruinándose por falta de buen uso.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com 




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