En mis ya remotas clases de antropología aprendí que, por
el etnocentrismo, cada persona suele pensar que su grupo es superior y sus
costumbres mejores que las de otros grupos. Hoy me pregunto: ¿Esto sucede
siempre, o en determinadas circunstancias?
Pienso que la respuesta puede ser engañosa. A veces,
escuchando opiniones de mexicanos sobre los mexicanos, perecería ocurrir lo
opuesto: que sienten a su país en desventaja e inferior a otros países. “Aquí
la corrupción es endémica”, “la corrupción somos todos”, “somos impuntuales,
decimos a las tres para llegar a las cuatro, por la puntualidad mexicana”, “aquí
los convenios nunca se cumplen, no falta quien los rompa”, y miles de críticas
más. Por otro lado, también se oye decir: “Como México no hay dos”, “somos de
valores y tradición”, “hay que evitar que otras costumbres (como Santa Claus o
Halloween) nos contaminen”, y muchas otras afirmaciones que parecen colocarnos
en el ombligo del mundo.
Digo que la respuesta es engañosa porque, en el fondo,
tanto los que critican como los que alaban cualquier cosa se ubican como los
superiores y los que saben, los que pueden emitir una opinión y un juicio, los
que pueden guiar y enseñar a otros el sentido y los misterios de la vida. Y a todos
suele ocurrirnos, porque nos guiamos por lo que creemos, y quisiéramos
convencer a otros para que crean lo mismo.
En la Historia, por ejemplo, los conquistadores españoles
estaban convencidos de la inferioridad de los pueblos conquistados y que
estaban haciéndoles el favor de civilizarlos. ¿Era real, o sólo “españolizaron”
a dichos pueblos, los convencieron de su inferioridad y se apoderaron de muchas
de sus riquezas?
Actualmente, se habla de la existencia de un “primer
mundo”, “países en vías de desarrollo” y países subdesarrollados”. El criterio
para esta clasificación es el estilo de vida de sus habitantes, que posean o no
la riqueza, la tecnología y los hábitos y costumbres del llamado “primer
mundo”.
Es aquí donde abundan las preguntas: ¿es deseable que
todos los pueblos se uniformen y vivan de la misma manera, para que se les
considere desarrollados? ¿Son más felices las personas del primero o del tercer
mundo? ¿Quiénes tienen todas sus necesidades satisfechas? ¿Y estas necesidades
son naturales, o son creadas? Por ejemplo, poseer un teléfono celular ¿es una
necesidad natural, o una necesidad creada? ¿Hace que la gente sea más feliz que
si no lo tuviera? ¿Y un refrigerador, un microondas, un televisor, un auto?
¿Somos hoy más felices que los griegos en tiempos de Platón, o los indígenas
mixes, tarahumaras o del Amazonas? ¿Son las creencias y costumbres de estos
grupos inferiores a las nuestras?
En México, y en todo el mundo, existen comunidades que
han sobrevivido milenios porque se aislaron o se han negado a asimilar las
creencias y costumbres del mundo occidental. ¿Es conveniente que vayamos a
buscarlas para enseñarles que están mal, que son inferiores, y que si se portan
como nosotros serán más felices? ¿Los occidentales conocemos bien el misterio
de la vida y podemos guiar a otras comunidades hacia su bienestar? ¿Somos un
buen ejemplo a seguir como culturas? ¿Hemos logrado eliminar la violencia y la
inseguridad y en cambio poseemos paz y armonía entre nosotros, y nos interesa
comunicarles este conocimiento? ¿Hará más felices y satisfechas a estas
comunidades el ponerlas en tentación, con la posibilidad de tener Internet, y
hacerlas que ambicionen todo lo que nosotros podemos comprar?
Son más las preguntas que las respuestas.
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