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lunes, 13 de enero de 2020

MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS


En mis ya remotas clases de antropología aprendí que, por el etnocentrismo, cada persona suele pensar que su grupo es superior y sus costumbres mejores que las de otros grupos. Hoy me pregunto: ¿Esto sucede siempre, o en determinadas circunstancias?
Pienso que la respuesta puede ser engañosa. A veces, escuchando opiniones de mexicanos sobre los mexicanos, perecería ocurrir lo opuesto: que sienten a su país en desventaja e inferior a otros países. “Aquí la corrupción es endémica”, “la corrupción somos todos”, “somos impuntuales, decimos a las tres para llegar a las cuatro, por la puntualidad mexicana”, “aquí los convenios nunca se cumplen, no falta quien los rompa”, y miles de críticas más. Por otro lado, también se oye decir: “Como México no hay dos”, “somos de valores y tradición”, “hay que evitar que otras costumbres (como Santa Claus o Halloween) nos contaminen”, y muchas otras afirmaciones que parecen colocarnos en el ombligo del mundo.
Digo que la respuesta es engañosa porque, en el fondo, tanto los que critican como los que alaban cualquier cosa se ubican como los superiores y los que saben, los que pueden emitir una opinión y un juicio, los que pueden guiar y enseñar a otros el sentido y los misterios de la vida. Y a todos suele ocurrirnos, porque nos guiamos por lo que creemos, y quisiéramos convencer a otros para que crean lo mismo.
En la Historia, por ejemplo, los conquistadores españoles estaban convencidos de la inferioridad de los pueblos conquistados y que estaban haciéndoles el favor de civilizarlos. ¿Era real, o sólo “españolizaron” a dichos pueblos, los convencieron de su inferioridad y se apoderaron de muchas de sus riquezas?
Actualmente, se habla de la existencia de un “primer mundo”, “países en vías de desarrollo” y países subdesarrollados”. El criterio para esta clasificación es el estilo de vida de sus habitantes, que posean o no la riqueza, la tecnología y los hábitos y costumbres del llamado “primer mundo”.
Es aquí donde abundan las preguntas: ¿es deseable que todos los pueblos se uniformen y vivan de la misma manera, para que se les considere desarrollados? ¿Son más felices las personas del primero o del tercer mundo? ¿Quiénes tienen todas sus necesidades satisfechas? ¿Y estas necesidades son naturales, o son creadas? Por ejemplo, poseer un teléfono celular ¿es una necesidad natural, o una necesidad creada? ¿Hace que la gente sea más feliz que si no lo tuviera? ¿Y un refrigerador, un microondas, un televisor, un auto? ¿Somos hoy más felices que los griegos en tiempos de Platón, o los indígenas mixes, tarahumaras o del Amazonas? ¿Son las creencias y costumbres de estos grupos inferiores a las nuestras?
En México, y en todo el mundo, existen comunidades que han sobrevivido milenios porque se aislaron o se han negado a asimilar las creencias y costumbres del mundo occidental. ¿Es conveniente que vayamos a buscarlas para enseñarles que están mal, que son inferiores, y que si se portan como nosotros serán más felices? ¿Los occidentales conocemos bien el misterio de la vida y podemos guiar a otras comunidades hacia su bienestar? ¿Somos un buen ejemplo a seguir como culturas? ¿Hemos logrado eliminar la violencia y la inseguridad y en cambio poseemos paz y armonía entre nosotros, y nos interesa comunicarles este conocimiento? ¿Hará más felices y satisfechas a estas comunidades el ponerlas en tentación, con la posibilidad de tener Internet, y hacerlas que ambicionen todo lo que nosotros podemos comprar?
Son más las preguntas que las respuestas.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51


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