El terror colectivo que han desatado los medios acerca del
coronavirus es tierra fértil para cualquier desgracia. Viene a cuento la
conocida anécdota de un viejo que descubrió a un ser extraño en la entrada de
la ciudad y le preguntó: “¿Quién eres”. La chocante figura contestó: “Soy la Peste”.
Angustiado, el hombre le dijo: “¿Qué haces aquí?”. Y la Peste: “Voy a la
ciudad, debo matar a 1000 hombres”. El viejo quiso salvarlos y suplicó: “Por
favor, no entres. Dime qué puedo hacer para que te vayas sin hacer daño”. A lo
que la Peste contestó: “¡Ni tú ni nadie pueden hacer nada, mataré a 1000
hombres y me iré!”, luego entró a la ciudad. Un año después, en el mismo sitio,
el viejo volvió a verla que ya se iba y la encaró: “¡Mentirosa, dijiste que
matarías a mil y murieron diez mil!”, a lo que ella replicó: “¡Yo maté a 1000,
los demás murieron de miedo!”.
Hoy tenemos terror comunitario. Urge contrarrestarlo y no
se ve cómo porque el acoso con noticias alarmistas continúa y cada vez nos
asustamos más unos a otros mediante las redes sociales. Donde sí puede detenerse
el terror es en lo personal, cada uno en sí mismo; es decir, en su propio
pequeño mundo del que es el dueño. Importa que lo haga si quiere mantenerse sano
y con su sistema inmunitario listo para defenderlo. ¿Cómo? Pensando.
Comparemos por un momento el estar vivos con conducir cada
uno el propio auto en medio del tráfico y que, de pronto, todos los otros
conductores se vuelven locos y meten a fondo el acelerador. ¿Qué será más
urgente, buscar la causa de la locura general o salir de ella? Por supuesto que
salir. Entonces tendremos que pensar como si nuestro auto volara y pudiera
elevarse por sobre la demencia dominante, igual que lo hace el pensamiento.
Al pensamiento individual le da mucho trabajo elevarse y dejar
de pensar y sentir como los demás porque el grupo lo influye, pero precisamos disentir
de la histeria general en vista de que nuestro sistema inmunitario está
íntimamente ligado a los estados de ánimo. Lo necesitamos fuerte y a nosotros
con entereza, en lugar de aterrorizados. Una persona sin defensas, débil o
asustada sucumbe ante cualquier virus y estos siempre han existido por
millones, convivimos con ellos. No es la primera vez que alguno tiene
mutaciones. Si estamos vivos es porque nuestro sistema inmunitario nos ha
protegido.
El sistema inmunitario se nutre y fortalece con buena
alimentación y buenos pensamientos.
Necesitamos echar mano de los recursos que
tengamos para fortalecerlo. Cada persona sabe qué ha hecho en otras ocasiones
para mantenerse en paz dentro de una crisis.
Hay quienes recurren a la meditación. Deepak Chopra dice
en sus libros que la meditación hace que
todo el sistema nervioso entre en un campo de coherencia y narra
numerosos ejemplos de personas que la utilizaron con éxito para cambiar
pensamientos y modificar desórdenes del cuerpo. Asegura que, a veces, el enfermo
primero debe liberarse de un diagnóstico atroz que guía su pensamiento hacia la
enfermedad. Si nosotros hemos formulado un diagnóstico atroz para la situación
deberíamos modificarlo, o el miedo nos ganará. Es importante visualizar la
solución.
Otras personas prefieren la oración. Cambian sus
pensamientos catastróficos rezando y diciéndose a sí mismos que están vivos, que
Dios los ha cuidado hasta hoy y va a seguir haciéndolo. Y se dicen más cosas
cuando rezan y les consuela tener a quién rezarle para volver a la paz y la
confianza.
Lo que importa es escapar del terror.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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