A muchas personas les parece un engreimiento pretender
seguir serenas en tiempos como los de hoy. Dicen: “¿Cómo, si pululan amenazas
contra la salud, la economía y las instituciones?, ¿si aumenta la inseguridad y
prolifera la corrupción?, ¿si nos vemos privados de las libertades que siempre
disfrutamos, como abrazarnos unos a otros, encontrarnos con amigos, tener
reuniones, asistir al cine, a espectáculos, a conciertos, a misa, o viajar? ¿Quién
puede alegrarse con lo que está pasando?
Ciertamente, lo que ocurre no es para alegrarse. Pero
renunciar a la paz y la alegría sería una pérdida terrible, otra más. La vida va
a continuar a su ritmo y tenemos opción de teñir cada minuto de colores, o de
negro, y así quedará pintado para siempre, no volverá. Vendrán otros, nuevos,
en espera de que elijamos vivirlos con gusto o con pesar, como valiosos o como
cargas.
Nuestra vida es una creación que nos pertenece. Nuestro
estilo. Lo externo es solo el telón de fondo sobre el que creamos un bello
poema de amor o una tragedia, según qué elementos elegimos y el acomodo que les demos. Somos
sastres que con el paño que nos entrega la vida confeccionamos un bello traje o
lo contrario: trozos inconexos, sin unidad, que para nada sirven.
Sólo la mente crea, lo demás es transformación de materia
ya existente. Nadie puede crear en nuestro lugar ni pensar como nosotros lo
hacemos, porque no tienen las mismas experiencias ni eligen igual. Somos
únicos. Tampoco nadie puede obligar a nuestros pensamientos a ser de una manera
o de otra; son nuestra creación, la trama de vida que redactamos cada día.
Viktor Frankl, que sobrevivió a Auschwits, escribió: “Al
hombre se le puede arrebatar todo salvo la última de las libertades humanas: la
elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir
su propio camino”.
¿De qué camino habla? De aquello intangible que le da
sentido a nuestras vidas. Porque el sentido no nos es dado desde afuera, lo
confeccionamos cada uno para nosotros mismos y decimos: “la vida es un
asco”, “la vida es dura, pero hermosa”,
“la vida no vale nada”... Cada uno tiene una definición distinta para lo mismo:
la vida.
Lo siguiente también lo dice Viktor Frankl: “¡Cuando la situación es buena, disfrútala! ¡Cuando la situación es mala, transfórmala! ¡Cuando la
situación no puede ser transformada, transfórmate”. Esto puede ser
aplicado a nuestra realidad de pandemia y confinamiento y sólo puede hacerse a
través de los pensamientos.
El mundo externo sigue adelante y dentro de él, unas
personas logran vivir serenas, en paz y felices mientras otras se desesperan de
tanto sufrimiento y preferirían morir. Conservar la serenidad dentro del caos
no es fácil, pero es posible. Algunas personas que desarrollan esta destreza pueden,
a veces, ayudar a otras a serenarse.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
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