lunes, 12 de octubre de 2020

LIBERARNOS DEL MIEDO Y EL TERROR

No sé si muchas personas sintieron lo mismo que yo cuando se anunció la pandemia en todos los medios de comunicación. Era una perspectiva aterradora, las noticias contradictorias e incluso los médicos se mostraban desconcertados. El contagio se veía como un pasaporte seguro para morir. Recuerdo haber sentido un susto atroz. Han pasado ya seis meses de confinamiento. Por desgracia ha habido muchas muertes pero también hemos sido testigos de numerosas recuperaciones y casos en que la afección fue leve, a veces imperceptible; o sea que, aunque te contagies, hay esperanza de que no mueras y te salves. Y las instrucciones para protegernos son claras: lávate las manos con frecuencia, guarda la sana distancia y usa cubrebocas. Si lo que dicen algunos expertos es verdad y el COVID-19 nunca se irá, tendremos que aprender a convivir con él de la misma manera que convivimos con el dengue, la influenza y las gripes estacionales. Lo mejor que podemos hacer es cuidarnos y conservar buena salud. La buena salud no solo consiste en evitar el COVID-19, son muchas más las cosas que necesitamos para estar bien. Aparte de la buena alimentación, exponernos regularmente al sol, hacer ejercicio, descansar lo suficiente y contar con todo aquello que satisfaga nuestras necesidades básicas de hambre, sed, sueño y sexo, necesitamos cuidar nuestra salud mental y social. Es triste comprobar que, en el confinamiento, una y otra están siendo descuidadas. Los problemas de esta índole no solo amenazan, ya están aquí: personas crónicamente asustadas, deprimidas, desmoralizadas, sin ánimos, sin dinero, con la sensación de estar perdidas y no encontrar la salida; parejas enemistadas, familias nerviosas que se la pasan peleando; adultos, jóvenes, adolescentes y niños sin roce social significativo que los salve de la sensación de soledad y abandono, y la lista puede prolongarse. Es momento de hacer un alto y planificar la recuperación del bienestar perdido. El paso inicial es mirarnos, cada uno a sí mismo, con amor. “Querido cuerpo, te doy esta comida con amor”, “te ejercito porque te amo”, “mereces ser amado y soy la primera persona interesada en amarte”. Si repetimos en nuestra mente que queremos amarnos y merecemos amor, pronto este sentimiento penetrará en nuestro interior y nos convertiremos en personas amorosas que enfrentan las dificultades diarias amablemente. Luego, casi sin darnos cuenta, nuestro amor comenzará a derramarse en nuestro alrededor y a endulzar a las personas agrias. Es lindo convivir con alguien que está en armonía consigo mismo, también en las situaciones difíciles. Hoy que el planeta entero está en shock y la humanidad ha sido sorprendida con esta calamidad inesperada, las semillas de amor, paz y confianza que podamos sembrar son de suma importancia. Puede ser que tarden en germinar y dar su fruto y no veamos los resultados de inmediato pero ahí estarán, listas para brotar en cuanto lo permitan las circunstancias. “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

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