lunes, 5 de julio de 2021

PENSAR POR SÍ MISMO Y CUESTIONAR

Las ideologías tienen suma importancia en la manera en que vivimos. Las necesitamos. No importa si son correctas o equivocadas, ni si tienden a la vida o a la muerte, de todas maneras influyen en nuestras creencias, manera de ver el mundo y, finalmente, en nuestra conducta. ><. Generalmente, las ideologías son “heredadas” en cuanto que las recibimos de la familia, escuela o medio ambiente a temprana edad, con palabras y acciones. Por ejemplo: mamá persigna al niño antes de que se duerma o le reza al angelito de la guarda, y para el niño va a ser natural creer en una ayuda superior. En casa o en otras partes se critica (o se alaba) a determinados grupos, el niño piensa que son malos (o buenos). ><. Las ideologías pueden abarcar campos muy diversos, como la manera de relacionarnos con nuestros semejantes, con el mundo, con Dios, con el dinero, con la tecnología, con las autoridades, con otras ideologías, con el sexo opuesto, etc., y cambian con los tiempos; lo que en una época es bien visto en otra se considera reprobable, y viceversa. Las ideologías suelen ser la base de nuestro código moral; según las tengamos, vamos a pensar que lo que hacemos es bueno o es malo.><. Un hombre llamado Bernal Díaz del Castillo, que vivió por el año mil quinientos y algo, escribió el libro “La verdadera historia de la conquista de la Nueva España”. Obviamente, tenía la ideología de su tiempo. Era una época en que se admiraban las conquistas. Él narró con orgullo lo que hacían aquí los conquistadores a nombre de Carlos V: ganaban batallas, tomaban como botín todo lo que encontraban de oro, ropa, alimentos y prisioneros, le apartaban un quinto al rey, herraban como esclavos a indígenas con la letra “G” de guerra y se llevaban a mujeres y jóvenes de ambos sexos para su servicio. ><. Lo anterior, leído con la ideología de hoy, parece la historia de unos asaltantes desalmados actuando dentro de un crimen organizado que respaldaba el rey. Para Díaz del Castillo, él era un héroe. En sus textos lamentaba no haber recibido la justa fama y recompensa por sus méritos luego de haber “servido a Dios y a su Majestad con peligro de su vida”. Nótese que creía estar sirviendo a Dios. Afirmaba que los nombres de él y los demás soldados deberían estar escritos con letras de oro como grandes conquistadores. En otras palabras, su ideología lo absolvía y ensalzaba.><. Nosotros, en el Siglo XXI, también tenemos ideologías y en base a ellas juzgamos la moralidad de nuestras acciones. En los siglos venideros también las tendrán. Por lo general, sentimos que nosotros (y los que piensan como nosotros) estamos en lo correcto; los demás, están equivocados. Muchas de las veces en que creemos haber actuado bien, solo estábamos confirmando la ideología que nos heredaron nuestra familia y cultura; y cuando pensamos que hicimos mal, estamos contrariándola. Contrariar la ideología que nos inculcaron hace que sintamos culpa.><. Otro ejemplo, de este siglo: Hace poco salió la noticia de que en Chiapas se venden niñas para matrimonios infantiles o para prostituirlas. De acuerdo con nuestra ideología, eso es horrible; pero visto con ojos de la ideología del lugar, es lo más natural y los padres tienen derecho a hacerlo. Pregunta: si uno se siente bien obedeciendo la ideología que le inculcaron, y mal desobedeciéndola, ¿quiere decir que estos padres, madres, hijas y compradores se perciben como inocentes en su transacción? ¿Deberían seguir obedeciendo esa costumbre para no sentirse culpables?><. Dejo a los lectores estas preguntas: ¿Una ideología debe de ser conservada por el hecho de tener siglos de existencia dentro de un grupo? ¿Está mal o bien que yo cuestione la ideología que me inculcaron? ><. “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

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