lunes, 20 de septiembre de 2021

POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS NO VAN A PSICOTERAPIA

Hace unas décadas, la disculpa más socorrida para no asistir a psicoterapia era: “¡Oye, no estoy loco!”, pero el pensamiento social ha cambiado y aquel estigma desapareció. Ahora estamos conscientes de que la sociedad en la que nacimos está enferma de muchas maneras: odio, inseguridad, violencia, deshonestidad, contradicciones, etc. Sin embargo, de todas maneras exige que nos sometamos a una serie de paradigmas que durante siglos han dado malos resultados: gente infeliz, odiándose, saboteándose, con relaciones humanas o intrafamiliares que conducen a la desdicha, dominio y sometimiento de unos humanos sobre otros...>< Desde la segunda mitad del siglo pasado, las técnicas y recursos de psicoterapia han ido teniendo avances impresionantes. Tomar psicoterapia es como asistir de nuevo a la escuela, pero con otro método. No se trata de uno ubicarse como alumno de un maestro que sabe más, sino de experimentarse adulto conversando con otro adulto al que pide: “Pon a mi servicio tus ojos, tus oídos, tu atención y las técnicas que conoces para que juntos estudiemos de qué manera puedo sentirme mejor”. Ambos se embarcarán en la aventura de explorar las necesidades, hábitos, ideologías y programaciones del que paga hasta encontrar una nueva estrategia que le parezca adecuada. <. A pesar de que el servicio de psicoterapia existe y la mayoría de las personas saben que tienen aspectos de su vida que podrían (o que incluso les urge) mejorar y la psicoterapia les sería de utilidad, no la solicitan por motivos muy diversos. “Iré un día de estos, en cuanto pueda”, “no me queda tiempo”, “No hay dinero”, “qué flojera”, “dicen que es complicada y uno se siente más angustiado”, “no sé con quién ir”, “los psicólogos y psiquiatras están más locos que uno”, “mi pareja (mi padre o mi madre o alguien más) no quiere que yo cuente nuestros secretos”, y podríamos continuar. Es parecido a las personas que no consultan al médico o al dentista hasta que tienen una emergencia y entonces sí, el tiempo y el dinero salen de donde no los había, la angustia y la complicación se multiplican y a veces ya es demasiado tarde.<. También sucede que personas asisten a psicoterapia y no la toman. Es decir, no llegan con la intención de investigar sino de dar órdenes o exigir que las cosas sucedan como creen que deberían ser, parecido a lo que refería una enfermera de un centro de salud oficial: “Traen niños con diarrea y los padres exigen suero intravenoso y una inyección de antibiótico. Les recetamos suero oral y no se lo dan a beber, mejor acuden con otro médico o enfermera que sí les administre lo que piden, aunque el niño no lo necesite e incluso pueda hacerle daño y le provoque resistencia a los antibióticos”. En psicoterapia también sucede. A veces, al cliente le parece que no ha habido suficiente dramatismo en las sesiones, o que estas deberían haber comenzado con “cuénteme toda su infancia”, quizás el cambio prescrito le parece ínfimo o ridículo y no está dispuesto a probarlo, o el terapeuta no da señales de aliarse en contra de las personas que el consultante considera culpables de su malestar, y concluye hasta con gusto: “No sirve. Adiós”. <. Otras veces, se juzga la calidad de un servicio por su costo monetario. Una sesión de psicoterapia o el tratamiento completo suelen costar varias veces menos que, por ejemplo, una cirugía. Una sesión de Constelaciones Familiares requiere poco dinero y tiempo (una hora aproximadamente) y esto hace que surja la pregunta “¿de veras sirven?”. Hay quienes prefieren pagar el viaje a Houston y desembolsar honorarios en dólares “para cerciorarse” de que reciben un buen servicio. OK, have a good trip. <. Muchos otros pretextos podríamos haber descrito, pero es obvio que el tiempo y el dinero mejor invertidos son aquellos que se dedican a la propia salud y felicidad.<. “Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

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