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martes, 14 de julio de 2020

LA LIBERTAD QUE JAMÁS SE PIERDE

A muchas personas les parece un engreimiento pretender seguir serenas en tiempos como los de hoy. Dicen: “¿Cómo, si pululan amenazas contra la salud, la economía y las instituciones?, ¿si aumenta la inseguridad y prolifera la corrupción?, ¿si nos vemos privados de las libertades que siempre disfrutamos, como abrazarnos unos a otros, encontrarnos con amigos, tener reuniones, asistir al cine, a espectáculos, a conciertos, a misa, o viajar? ¿Quién puede alegrarse con lo que está pasando?

Ciertamente, lo que ocurre no es para alegrarse. Pero renunciar a la paz y la alegría sería una pérdida terrible, otra más. La vida va a continuar a su ritmo y tenemos opción de teñir cada minuto de colores, o de negro, y así quedará pintado para siempre, no volverá. Vendrán otros, nuevos, en espera de que elijamos vivirlos con gusto o con pesar, como valiosos o como cargas. 

Nuestra vida es una creación que nos pertenece. Nuestro estilo. Lo externo es solo el telón de fondo sobre el que creamos un bello poema de amor o una tragedia, según qué elementos  elegimos y el acomodo que les demos. Somos sastres que con el paño que nos entrega la vida confeccionamos un bello traje o lo contrario: trozos inconexos, sin unidad, que para nada sirven. 

Sólo la mente crea, lo demás es transformación de materia ya existente. Nadie puede crear en nuestro lugar ni pensar como nosotros lo hacemos, porque no tienen las mismas experiencias ni eligen igual. Somos únicos. Tampoco nadie puede obligar a nuestros pensamientos a ser de una manera o de otra; son nuestra creación, la trama de vida que redactamos cada día. 

Viktor Frankl, que sobrevivió a Auschwits, escribió: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino”.

¿De qué camino habla? De aquello intangible que le da sentido a nuestras vidas. Porque el sentido no nos es dado desde afuera, lo confeccionamos cada uno para nosotros mismos y decimos: “la vida es un asco”,  “la vida es dura, pero hermosa”, “la vida no vale nada”... Cada uno tiene una definición distinta para lo mismo: la vida.

Lo siguiente también lo dice Viktor Frankl: “¡Cuando la situación es buena, disfrútala! ¡Cuando la situación es mala, transfórmala! ¡Cuando la situación no puede ser transformada, transfórmate”. Esto puede ser aplicado a nuestra realidad de pandemia y confinamiento y sólo puede hacerse a través de los pensamientos. 

El mundo externo sigue adelante y dentro de él, unas personas logran vivir serenas, en paz y felices mientras otras se desesperan de tanto sufrimiento y preferirían morir. Conservar la serenidad dentro del caos no es fácil, pero es posible. Algunas personas que desarrollan esta destreza pueden, a veces, ayudar a otras a serenarse.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com



lunes, 25 de junio de 2018

LO QUE UNO NO SABE, LO INVENTA


Según la famosa Ventana de Johari, no lo sabemos todo de nosotros mismos. Hay una parte, la abierta, que yo la veo y los demás también (el rostro, el cuerpo, lo que hablo...); otra, la secreta, sólo yo la conozco (mis pensamientos); la ciega, los demás la ven y yo no (la nuca, la espalda, aquello que me niego a reconocer); y la inconsciente, que ni yo ni los demás conocemos acerca de mí. 

En vista de que nos es imposible conocernos en totalidad, inventamos para llenar los huecos que quedan entre lo que sabemos y lo que no sabemos. A lo inventado solemos dar el nombre de ficción.

Ficción es una capacidad -exclusiva del ser humano- de imaginar cosas que existen y que no existen. En la mente reproducimos imágenes de bosques, lobos, cestas, casas y abuelas que sí existen; pero también las inventamos, como en Caperucita Roja o los super-héroes que van a salvar al mundo. La ficción es el inicio de toda creación, y también del conocimiento.

Las ficciones no son mentiras, sino acuerdos tácitos de creer en algo que no por fuerza debe ser así. Dichos acuerdos los hace uno consigo mismo, o varias personas entre sí.
Ejemplos. De ficción conmigo mismo: Tengo mala (o buena) suerte. Ficción con otros: El rojo significa alto y el verde siga. El dólar vale más que el peso. El Río Bravo es la frontera entre México y EEUU. Un lugar para bailar se llama antro y no disco. Todas estas cosas son acuerdos, inventos, ficciones. Podrían haberse inventado de otras maneras. 

Cada uno tenemos una ficción de nosotros mismos, una historia, un cuento que nos contamos de cómo somos, y también la tenemos acerca del mundo. Afirmaciones como yo soy muy creyente, yo no creo en nada ni en nadie, la tierra es plana, la tierra es redonda y gira alrededor del sol, son relatos acerca de nosotros mismos o del universo. Creencias en sí. 

Con el tiempo y la repetición, algunas ficciones individuales se han vuelto colectivas y nos es imposible librarnos de ellas, sobre todo cuando llevan siglos de haber sido establecidas. Nos vemos forzados a creerlas o al menos practicarlas, o nos convertiríamos en extraños. Así sucede con inventos como el registro civil o el matrimonio. Supuestamente, el primero nos da identidad personal (¿acaso no existimos si no estamos anotados en el libro?), y el segundo confiere mayor fortaleza al vínculo creado entre dos personas (¿acaso garantiza que jamás se divorciarán?). Son consensos humanos que con la práctica se volvieron instituciones.
Ya encarrilados en esto de la ficción, sería muy conveniente que inventáramos cosas que nos dieran provecho y no lo contrario, ya que luego vamos a creerlas y seguramente a practicarlas. Si mucha gente nos imitara, con el tiempo nuestro invento se convertiría en costumbre y tal vez en institución.
De las ficciones que ya están inventadas, muchas no son demasiado útiles; la prueba está en que la humanidad tiene graves problemas sociales y algunos aseguran que está enferma. Valdría la pena hacer buenos inventos nuevos, que sustituyeran los antiguos. ¡En verdad a la humanidad le hacen falta personas que inventen buenas ficciones que ayuden a resolver los problemas actuales! Podríamos ser nosotros. Tener buenas y nuevas ideas sobre educación, política, transporte y tantos temas más. Tenemos la capacidad de inventar.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o al teléfono 7 63 02 51