lunes, 18 de julio de 2011

IGUAL QUE MI PADRE

Dicen que lo que no puedo ver en mi casa lo he de tener. Así es mi pareja, similar a mi padre, hasta parece cierto que inconscientemente busqué a alguien igual que mi padre, tiene un genio que válgame dios y hace muchas cosas que mi padre hace. Claro, también tiene sus cosas buenas.
Cuando era yo una adolescente siempre critiqué a mis padres, primero a mi madre por aguantarlo y permitir que él nos hiciera daño. Mi infancia no fue buena, sufrí abuso sexual por parte de mi padre, por lo tanto ahora no me va muy bien, soy insegura, celosa, desconfiada. Cuando cumplí 21 años, platicando con mi madre le pregunté por qué no se había ido de lado de mi padre para que no nos hiciera nada a mi hermana y a mí, y su respuesta fue: Yo no tenía apoyo de nadie, a dónde iba con 4 hijos, cómo le iba hacer, tu abuelo me decía, a ti te acepto pero a tus hijos no. Yo la criticaba porque veía que mi padre la sobajaba, la trataba como su sirvienta, le daba muy poco para el gasto, la hacía sentir una inútil y ella no se defendía, siempre decía: tienes razón. Según ella, para no pelear. Y yo pensaba: eso no me va a pasar a mí, no me voy a dejar humillar por ningún hombre.
Me gustaría saber cómo romper esta cadena que viene desde mis antepasados. Tengo una niña de 3 años a quien amo con todo mi corazón y no me gustaría que pasara por lo mismo que yo, quiero que mi vida sea diferente y no sé por dónde empezar, los problemas que tengo con mi pareja son por todos mis traumas, no puedo confiar en nadie, ni en él, pero aun así lo amo y quiero tener un hogar normal con él, ¿cómo romper esta cadena?
RESPUESTA
Nuestros padres nos enseñan a ser como ellos son. Tú eres maestra de tu hija y le estás enseñando a ser como eres tú. También su papá le enseña a ser como él es. No cabe algo distinto; lo único que podemos dar es lo que somos. Y lo hacemos con un amor muy grande.
Es frecuente que con palabras exijamos algo distinto, como si dijéramos: “Haz lo que digo, no lo que hago”. Creemos que es suficiente. No lo es, porque las acciones tienen un poder invencible: “la palabra mueve; el ejemplo arrastra”. De hecho, estaríamos inculcándoles una división interna: “Piensa una cosa y haz otra”.
Lo anterior sucede con todos los padres, en el cien por ciento de los casos. No eres la excepción. Entregamos a nuestros hijos lo que somos, también las divisiones internas que portamos y que podrían expresarse así: “Odio lo que soy”.
Tú quieres romper la cadena. ¿Significa encontrar un nuevo acomodo, nuevos hábitos de relación? Necesitarás aprenderlos. Suena fácil, pero en la realidad implica vencer muchos obstáculos, porque requiere cambios muy profundos. Te voy a dar un ejemplo solamente del primer paso: Amar en lugar de odiar lo que soy. La frase sería: “Me amo con todos mis defectos y virtudes, lo que veo y lo que no veo, lo que me gusta y lo que me disgusta”. ¿Cuál es la primera y más generalizada reacción a esta frase?
- ¡¡No!! ¿Cómo voy a amar mis errores? Seguiría cometiéndolos.
Esta clásica reacción podría traducirse de esta manera: “Yo no aprendo por la buena, solamente por la mala. Necesito castigos para poder cambiar”. Precisamente ésta es la mentalidad que necesita ser modificada, porque el amor (no la ira ni la violencia) es el verdadero motor del mundo.
Acudir a tratamiento es investigar y explorar nuevos hábitos de vida, y luego, implementar un plan para adquirirlos. En tu caso, yo recomendaría uno basado en la teoría de Constelaciones Familiares, pues consiste en descubrir dónde está el amor y cómo puede fluir entre los miembros de una familia, o de una generación a otra.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com

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