Nuestro único hijo, de 5 años, siempre ha sido muy especial respecto a la comida, en cuanto empezó a tener poder de decisión eligió solo alimentos repetitivos, como sopa, pollo, leche, y se ha negado a probar otros alimentos, no come dulces ni toma refresco, pero porque él no los quiere probar. Nos pareció que sería más sano que comiera cosas nutritivas y lo fuimos dejando, pero tiene como un mes aproximadamente que cada vez come menos, pone pretextos como que le duele la garganta o el estómago, o le da asco la comida. El pediatra nos ha recomendado que no le demos las cosas que usualmente come, y cuando tenga hambre tiene que comer lo que sea, sin embargo algunos días hemos intentado y de todas maneras no funciona, también lo hemos presionado al no ponerle caricaturas o no llevarlo a lugares que le gustan, pero tampoco funciona, no le preocupan mucho los castigos, en esta semana me dijo que no quiere probar cosas nuevas porque le da miedo su sabor, y también me ha dicho que no quiere estar gordo. Lo malo es que a veces come y empieza a hacer como que va a vomitar, y a veces lo logra, yo sé que es algo que él está provocando, pero no sé cuál es la causa, él simplemente dice que no tiene hambre, y el pediatra dice que no hay ninguna razón para que no coma, que es un niño sano, sin embargo le ha dado vitaminas y su apetito parece no incrementarse, por lo que he pensado que tal vez sea algo psicológico, y me gustaría saber si sería adecuado tratarlo ó sólo es una etapa pasajera.
RESPUESTA
Tus palabras me dicen que eres una madre cuidadosa, que incluyes a tu esposo en las decisiones, que ambos están al pendiente de la alimentación de su hijo y que éste lo sabe. Harían falta más datos para determinar qué es lo que está ocurriendo y el tratamiento adecuado, porque existen muchas posibilidades intermedias entre la “normal” de que el niño esté pugnando por hacerse del control de los padres, hasta la más compleja de estar expresando que percibe el peligro de que la familia se desintegre.
Una de las formas que tienen los niños de ejercer poder es a través del alimento; logran poner a los padres inquietos, pendientes de qué comió y a qué hora y de ninguna otra cosa. Tú misma reconoces que desde que él tuvo poder de decisión eligió alimentos repetitivos, lo cual te pareció bien. La pregunta es: ¿qué le hace pensar que ahora “debe apretar las tuercas”?, ¿qué evento o situación le hace creer que él tiene la responsabilidad de aumentar la presión para que algo funcione como le parece correcto o conveniente?
A todos los niños les da hambre y les preocupan los castigos, porque su mayor temor es que mamá y papá dejen de quererlos (léase cuidarlos, alimentarlos y protegerlos de cualquier peligro). Algo muy poderoso debe estar ocurriendo que supera esta tendencia infantil y natural al egocentrismo y a dedicarse a crecer, que coloca a tu hijo en un puesto de presión y vigilancia. ¿Es posible que él tenga la función de padre de alguno de sus papás?, ¿de cuál de los dos?, ¿de ambos?, ¿hay algo que pudiera sugerirle la posibilidad que uno de sus progenitores se quiere marchar?, ¿y que atrayendo su atención a un problema serio (un hijo en peligro de perder la salud) él o ella olvide sus intenciones de ya no estar?, ¿de qué manera, en su cabecita, es necesario atarlos e impedir que se separen?
Como puedes ver, no es el niño quien necesita tratamiento -él está haciendo todo lo que puede para responder a una necesidad familiar que está en su mente-; en cambio, los padres sí, a fin de que identifiquen cómo son los mensajes que están emitiendo y por qué el niño los interpreta de la manera en que lo hace, y cambiarlos por otros que ayuden al pequeño a dedicarse a lo suyo: crecer y dejarse cuidar. Opino que negarle determinada comida y castigarlo para que coma de otra puede resultar violento y generar malos entendidos en el niño y en la relación padres hijo.
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