martes, 11 de diciembre de 2012

PSICOGENEALOGIA


Vino una especialista a darnos un curso de Psicogenealogía, que estudia la manera en que nuestra conducta y personalidad son influidas por la historia de la familia en que nacimos, no solamente con algo tan obvio como la adquisición del lenguaje, la imitación de los modales y costumbres, la clase social que nos hereda y la religión o ausencia de ella que nos inculca, sino a través de interacciones más sutiles que definen lo que se ha llamado el “Proyecto Sentido”, algo así como un destino programado en forma particular para cada uno de los miembros. Éste, unas veces facilita y otras obstaculiza el bienestar del recién llegado. De entre las muchos e interesantes postulados expuestos, hoy compartiré dos: el ya mencionado “Proyecto Sentido” y  la asignación de un nombre.

El proyecto se llama “sentido” porque no necesariamente es “conocido”; se trata de algo así como un mandato que se respalda en el poder que confiere el hecho de comunicar la vida. Los padres lo asignan a los hijos. Ninguno de los protagonistas sabe lo que está haciendo, como si una programación subterránea los impulsara a cumplir con determinados requisitos para que la vida que comienza quede encuadrada en el drama, comedia o tragedia que vive la familia, equivalente a decir al hijo: “Éste será el guion de tu vida, interprétalo bien”. Por ejemplo: unos padres están sufriendo el dolor de haber perdido a un hijo y les nace otro, al que ponen el mismo nombre del que se fue. El guion: “Vive como si no fueras tú, sino el muerto”. O los padres están a punto del divorcio y surge un embarazo; el guion para el hijo sería: “Tu misión será mantenernos juntos y unidos”.

Otra manera de asignar un destino al hijo es elegirle un nombre, con el cual será identificado toda su vida. Los papás lo escogen con todo el amor del que son capaces, y también con sus traumas, alegrías, dudas, esperanzas, recuerdos, dolores…  Simbolizado en el nombre, entregan todo esto al niño, quien va a tomarlos sobre sí. Ejemplo: Un padre tuvo una hijo o hija con una antigua novia muy amada, pero el niño o niña murió o la relación terminó; pasado el tiempo, tiene un nuevo hijo con su mujer, recuerda aquella experiencia y “en su honor”, logra que le pongan al recién nacido el nombre del muerto o muerta o el de la antigua novia; es decir, le entrega al pequeño o pequeña el dolor de sus pérdidas, una nostalgia muy grande y tal vez culpa. El proyecto sentido, mandato o guion para el nuevo ser, será: “Tú no seas tú, sustituye a alguien que ya no está; vive tu vida como si fueras él o ella”. Quizá, cuando crezca, el hijo o hija se pregunte: ¿por qué me siento culpable sin saber el motivo?, ¿qué es lo que añoro?, ¿de dónde me viene esta tristeza tan grande?, ¿por qué se rompen mis relaciones amorosas aunque yo no quiera?

Con el proyecto sentido también podemos recibir cosas muy buenas, como tener el nombre de un abuelo, tío o conocido exitoso. Ya sea que dicho proyecto sentido sea de nuestro agrado, o no, cuando llegamos a la adolescencia o más tarde, podemos hacer consciente cuál es el mandato que recibimos y aceptarlo voluntariamente, o rescindirlo; de esta manera, estaremos libres para vivir nuestra propia vida, inventándola a cada paso para nosotros mismos.

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