martes, 23 de abril de 2013

MI ESPOSO ES DIVORCIADO


Mi esposo es divorciado y tiene cuatro hijos que no me aceptan (no tengo trato alguno con ellos), eso no impide que su padre esté con ellos cada vez que lo necesitan, generalmente para que les solucione  problemas de dinero, no lo incluyen en su vida para festejos, como fue sus bodas, bautizos, etc. Ahora su ex- esposa se casó nuevamente y a su pareja si la aceptan muy bien. Hasta ahí no tengo problema porque entiendo que él es y será siempre su padre, el problema surge cuando ellos se alejan mi esposo y yo nos llevamos muy bien, pero cuando se acercan él cambia conmigo y yo no me molesto ni intervengo cuando lo buscan. Es como si se acercan ellos se aleja, si se alejan se acerca, siento que son dos fuerzas encontradas que no encuentran su equilibrio, ya estoy cansada de esta situación para mí dolorosa. Que es lo que Usted me recomienda hacer, la verdad estoy muy confundida.

RESPUESTA

Entiendo que amas a tu esposo, deseas una relación armoniosa con él y ésta se da con más facilidad cuando los hijos que él tiene desde antes de tu entrada en su vida se mantienen alejados, pero cuando se acercan, él dedica más atención a las cosas de ellos que a las tuyas; entonces percibes las fuerzas encontradas que lo jalan, se lo llevan y después lo sueltan, dejándolo sin equilibrio. A ti te cansa esperar turno para ser mirada y atendida.

No mencionas cuánto tiempo tienen tú y tu esposo de ser pareja, pero es evidente que ya pasó la temporada de “locura feliz” que da el amor. ¡Ay el amor! Durante el tiempo que necesita para “engatusar” a los enamorados, les nubla el raciocinio y los hace que prometan lo que sea, que se les haga chico el mar para bebérselo de un trago, que se sientan gigantescos y todopoderosos como para vencer cualquier dificultad y adaptarse a circunstancias imposibles. “Contigo pan y cebollas”, suelen decir con sinceridad. Así logra el amor introducirnos “voluntariamente” al tipo de relación que nos proporcionará las oportunidades que necesitamos para acrecentar nuestras habilidades y expandir nuestra conciencia, porque si estuviéramos lúcidos y racionales, jamás aceptaríamos el reto.

Mucha gente suele decir: “Me casé contigo, no con tu familia”. Error. Las personas somos nuestro papá y mamá y la historia de ellos más la historia nuestra. Eso es la pulpa de nuestra personalidad. O nos toman como somos, con todo el séquito que portamos incrustado en alguna parte, o nos sentimos poco amados, que el otro no ha salido de la “locura feliz” que le permitía inventarnos y atribuirnos toda clase de virtudes adecuadas a sus deseos y necesidades, pero no nos mira, no tiene idea de cómo somos realmente. En mi libro “La biografía del amor” dedico un capítulo llamado “Amor niño” a este aterrizaje en la realidad que nos obliga a crecer como no podríamos haberlo hecho sin la relación que estamos viviendo.

¿Qué te recomiendo hacer? En primer lugar, una Constelación Familiar acerca de tu relación con tu esposo. En ella podrás observar lo que sucede, cuáles son las fuerzas que los mueven a ti y a él y a los demás integrantes de tu sistema, y si se llega a una imagen de solución, cuáles son los pasos a seguir para que todos se reconcilien con las cosas como son y tengan un buen lugar para cada uno, un lugar que les permita ser felices y seguir evolucionando armoniosamente. A la Constelación puedes asistir sola o con tu esposo; ya sabes que cuando un miembro de un sistema cambia, todo el sistema es modificado. Después, posiblemente sea necesaria psicoterapia, para la adquisición y ejercicio de habilidades nuevas. ¡Les espera una temporada de gran crecimiento, o una de horrible frustración! Ojalá opten por lo primero, el crecimiento.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.

 

 

 

 

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