Mi esposo es
divorciado y tiene cuatro hijos que no me aceptan (no tengo trato alguno con
ellos), eso no impide que su padre esté con ellos cada vez que lo necesitan,
generalmente para que les solucione problemas de dinero, no lo incluyen
en su vida para festejos, como fue sus bodas, bautizos, etc. Ahora su ex-
esposa se casó nuevamente y a su pareja si la aceptan muy bien. Hasta ahí no
tengo problema porque entiendo que él es y será siempre su padre, el problema
surge cuando ellos se alejan mi esposo y yo nos llevamos muy bien, pero cuando
se acercan él cambia conmigo y yo no me molesto ni intervengo cuando lo buscan.
Es como si se acercan ellos se aleja, si se alejan se acerca, siento que son
dos fuerzas encontradas que no encuentran su equilibrio, ya estoy cansada de
esta situación para mí dolorosa. Que es lo que Usted me recomienda hacer, la
verdad estoy muy confundida.
RESPUESTA
Entiendo que amas a tu
esposo, deseas una relación armoniosa con él y ésta se da con más facilidad cuando
los hijos que él tiene desde antes de tu entrada en su vida se mantienen
alejados, pero cuando se acercan, él dedica más atención a las cosas de ellos
que a las tuyas; entonces percibes las fuerzas encontradas que lo jalan, se lo
llevan y después lo sueltan, dejándolo sin equilibrio. A ti te cansa esperar
turno para ser mirada y atendida.
No mencionas cuánto
tiempo tienen tú y tu esposo de ser pareja, pero es evidente que ya pasó la
temporada de “locura feliz” que da el amor. ¡Ay el amor! Durante el tiempo que
necesita para “engatusar” a los enamorados, les nubla el raciocinio y los hace
que prometan lo que sea, que se les haga chico el mar para bebérselo de un
trago, que se sientan gigantescos y todopoderosos como para vencer cualquier
dificultad y adaptarse a circunstancias imposibles. “Contigo pan y cebollas”,
suelen decir con sinceridad. Así logra el amor introducirnos “voluntariamente”
al tipo de relación que nos proporcionará las oportunidades que necesitamos
para acrecentar nuestras habilidades y expandir nuestra conciencia, porque si
estuviéramos lúcidos y racionales, jamás aceptaríamos el reto.
Mucha gente suele
decir: “Me casé contigo, no con tu familia”. Error. Las personas somos nuestro
papá y mamá y la historia de ellos más la historia nuestra. Eso es la pulpa de
nuestra personalidad. O nos toman como somos, con todo el séquito que portamos
incrustado en alguna parte, o nos sentimos poco amados, que el otro no ha
salido de la “locura feliz” que le permitía inventarnos y atribuirnos toda
clase de virtudes adecuadas a sus deseos y necesidades, pero no nos mira, no
tiene idea de cómo somos realmente. En mi libro “La biografía del amor” dedico
un capítulo llamado “Amor niño” a este aterrizaje en la realidad que nos obliga
a crecer como no podríamos haberlo hecho sin la relación que estamos viviendo.
¿Qué te recomiendo
hacer? En primer lugar, una Constelación Familiar acerca de tu relación con tu
esposo. En ella podrás observar lo que sucede, cuáles son las fuerzas que los
mueven a ti y a él y a los demás integrantes de tu sistema, y si se llega a una
imagen de solución, cuáles son los pasos a seguir para que todos se reconcilien
con las cosas como son y tengan un buen lugar para cada uno, un lugar que les
permita ser felices y seguir evolucionando armoniosamente. A la Constelación
puedes asistir sola o con tu esposo; ya sabes que cuando un miembro de un
sistema cambia, todo el sistema es modificado. Después, posiblemente sea
necesaria psicoterapia, para la adquisición y ejercicio de habilidades nuevas.
¡Les espera una temporada de gran crecimiento, o una de horrible frustración!
Ojalá opten por lo primero, el crecimiento.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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