Soy
de las personas que tienen inclinación a escribir, lo hago con más facilidad
que hablar, y no estoy refiriéndome a talento (uno mismo no puede asegurar que
lo tiene) sino a inclinación, y podría cambiar esa palabra por “necesidad”. Hace
años que asisto a los talleres que de redacción que da Lula Prado (espero se note
en mis textos).
Estos
cursos me gustan, además de mejorar la manera de expresarme, han sido una
oportunidad de entrar en contacto con personas que considero maravillosas, con
las cuales he establecido una amistad que nutre mi alma y me hace sentir
contenta.
¿Escribir
es una adicción?, ¿una pérdida de tiempo?, ¿una terapia?, ¿un lujo para
personas desocupadas?, ¿una necesidad del alma? Quienes sentimos el impulso de
expresarnos garrapateando palabras sobre un papel o tecleando en la computadora,
podemos responder a estas preguntas, con una respuesta que es para cada cual.
Para mí es también una terapia.
Muchas
personas piensan que las psicoterapias deben ser siempre angustiosas y que todo
contacto sincero consigo mismas, necesariamente debe causar dolor. Yo creo que
esto no siempre es verdad; tenemos innumerables experiencias cuyo recuerdo es
grato, y son tan nuestras como las dolorosas. A mí, escribir me pone en
contacto conmigo misma y también me permite la fuga, cuando la demasiada
conciencia no es lo más atractivo del momento.
Estoy
convencida de que ponernos en contacto con la persona que fuimos y que una vez
tuvo 5, 10, 15 años… es una experiencia altamente sanadora, inclusive si no
tenemos la intención de que lo sea. El niño o niña y el jovencito o jovencita
viven todavía dentro de nosotros, quizá olvidados y hasta castigados, como si
el adulto, que también vive en nosotros, les dijera: “Tú cállate, los niños se
ven pero no se oyen”, “no tienes lugar, la vida es una cosa seria”, “¡Ya,
compórtate!”.
Mirar,
tocar, tomar y amar al niño o niña que fuimos y somos no es algo teórico que se
realice con sólo decidirlo, se necesita la experiencia de acercarnos, sentirnos
y permitir que esa parte nuestra se exprese. Tal cosa puede ocurrir
escribiendo. ¿Escribiendo qué? Anécdotas sueltas que quizá ya nadie recuerda y
que, puestas en el papel, suelen desatar gran cantidad de reflexiones y
sentimientos; o situaciones que jamás sucedieron, fantásticas, tan poco reales como
cuando jugábamos a ser el policía, el ladrón, el médico o el cantante de moda.
La creatividad proviene del niño o niña que llevamos adentro. Quizá nos
descubramos regañando a la pequeña personita de la historia, o experimentando
placer de volver a verla. Quién sabe si descubramos nuestra preferencia por ser
exigentes, severos, complacientes, despectivos, mimosos o petulantes frente a
aquel niño o niña. Posiblemente nos
percatemos de que elegimos recordar sólo experiencias dolorosas, sólo tristes,
sólo alegres, o variadas; quizá nos atrapemos pensando que aquello que vivimos
a nadie le importa y es ridículo estar relatándolo. Lo mejor de todo es asumir
que tanto el relato como los sentimientos que evoca son nuestros, nos
pertenecen y configuran nuestra fisonomía y personalidad, aun cuando lo que
describimos exista solamente en la fantasía. Porque esa fantasía es nuestra. Se
alimenta de nuestro inconsciente, cuyo contenido está en espera de que lo
tomemos con amor.
Lula
comienza cursos cada año, por el mes de agosto. Si tú, querido lector o
lectora, sientes gusto por escribir, date la oportunidad de estrechar el
contacto contigo mismo escribiendo, Lula te enseñará cómo dejar libre al
artista que vive en ti y luego invitará al crítico, tú mismo, para que coloque
puntos y comas en tu escrito. Para mí ha sido una experiencia sensacional que
se ha prolongado varios años.
“Psicología”
es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o
sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
, al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario