Mi esposo y yo tenemos tres hijos y 16 años de casados
que no han sido fáciles, siempre
he hecho lo que él me pide por llevar la fiesta en paz, pensé que me ganaría su
respeto y agradecimiento por ser "tan buena esposa" y creo que ocurrió
todo lo contrario, y ahora me siento demasiado mal porque he recibido
llamadas que no les hago caso, me dicen que él me es infiel y es cuando empiezo a dudar si sus hijos
y yo nos merecemos esta traición de su parte. No quiero creerlo, sería
el colmo. Ahora él me ha agarrado
un odio que ya no puede disimular, llega tarde oliendo a alcohol, empezó a
salir de viaje solo, según él de trabajo, y nunca me quiere llevar con él. Me
quería morir y hasta ahora no le he dicho nada. No sé qué hacer, tengo miedo y
confusión porque siento que lo amo todavía. ¿Debo reclamarle y que me
confiese la verdad?
RESPUESTA
¡Cuántas cosas estás descubriendo por ti misma! Creías
que cediendo en todo ganarías el respeto de tu hombre, y compruebas que no fue
así. Te sacrificaste para llevar la fiesta en paz, y él “te ha agarrado odio”.
Esperabas que los dos fueran fieles a su compromiso matrimonial, y sospechas
que él no lo es. Te querías morir, y estás escribiendo una consulta para saber
qué es lo que te conviene hacer. Observa cómo la vida nos fuerza a cuestionar
nuestras ideas y expectativas mediante acontecimientos que percibimos como
catastróficos. Posiblemente, si éstos no sucedieran, ninguna necesidad
tendríamos de analizar y corregir nuestras creencias; seguiríamos con ellas
intactas, e intactas se las inculcaríamos a nuestros hijos. Pero topamos con
los eventos y éstos se vuelven “crisis existenciales”, en que debemos exponer
ante la mirada de nuestra conciencia todo lo vivido y aprendido, ésta lo
repasa, lo estudia, lo selecciona y muchas creencias y expectativas antiguas ceden
su lugar a creencias y expectativas nuevas. Es como crecemos y la humanidad evoluciona.
Me preguntas: ¿debo reclamarle y que me confiese la
verdad? Posiblemente también aquí necesites un cambio; de la expectativa: “yo
le reclamo y él confiesa”, a esta otra: “yo le pregunto si entre nosotros sigue
siendo válido el contrato de mantener una relación monógama, o existe la
posibilidad de cambiar de planes”. ¿Cuál es la diferencia? Muchísima.
Cuando el cónyuge fiel obliga al infiel que confiese su
falta, o este último la confiesa espontáneamente, equivale a: “Nuestro contrato
de monogamia ha sido cancelado, ¿te vas, o aun sabiéndolo, te quedas?”. Elegir
le toca al que había hecho lo posible por cumplir con el contrato; el otro ya
eligió, aunque no hubiera estado consciente de lo que ponía en riesgo, y aunque
no haya pensado en separarse de su esposa e hijos.
Cuando el cónyuge fiel pregunta al infiel si piensa
cumplir con su compromiso de monogamia, o más bien desea que ambos queden
libres, el segundo suele caer en cuenta de muchísimas cosas: Que está mintiendo
y faltando a su palabra; que si abandonaran la monogamia también el otro
estaría en libertad para tener una nueva relación, ya fuera viviendo separados
o en la misma casa; que a pesar de que la familia es indestructible, porque los
padres siempre serán los padres y los hijos, hijos, eso no significa que serán
una familia armoniosa, y todos deberán enfrentar el hecho de que algunos de sus
miembros resultarán lastimados.
A veces, aun conscientes de todo lo anterior, las
familias deben separarse y toca a todos los miembros apoyar a los otros para
que se recuperen lo más pronto posible de su pena.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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