lunes, 29 de junio de 2015

FAMILIA MIXTA



He estado casada dos veces, de mi primer matrimonio tengo una hija de 10 años, del segundo otra de 6. En el fondo me siento culpable respecto a la primera por haberme vuelto a casar, ella tiene sentimientos muy fuertes contra la chica, en cambio ésta la extraña y llora cuando su hermana tiene que irse con su papá. El problema viene desde cuando nació la bebé, la mayor volvió a los pañales y el biberón y casi no comía sólidos, se enojaba si yo cargaba a su hermanita, subía en la cuna para tirarla y le decía que se fuera para su casa, con su mamá. Pensé que con el tiempo la dificultad disminuiría. Ellas juegan buenos ratos juntas, pero comienzan jugando y terminan peleando. ¿Cómo puedo yo enseñarles a ser hermanables?
OPINIÓN
Muchos padres buscan razones para sentirse culpables ante los hijos, y mientras más desean ser perfectos, más motivos encuentran para sentir que hicieron algo mal.  ¡Aspiración hermosa e inútil la de querer acertar en todo para que los pequeños no sufran! Lo que más puede perjudicar la relación padres/hijos es tratar de compensar a éstos de tener padres imperfectos. Sin que nadie quiera ni se dé cuenta, los pequeños aprenden a pensar: “¡Pobre de mí, con tales padres!”.
Tú deseas enseñar a tus hijas a ser hermanables y tienes razón, la familia es para quererse y acompañarse. Vas a tener que comenzar por ti, por tú ser “hermanable” contigo misma y caer en la cuenta que puedes quererte tal como eres, a tu vida como es y a tu familia como es.  ¿Tienes remordimientos por haberte vuelto a casar?, ¿preferirías no haberlo hecho?, ¿piensas que era tu obligación evitarle retos a tu hija?, ¿asegurarle una vida sin tropiezos?, ¿te desagrada la manera como te organizarte para tener una familia?, ¿deseas borrar el pasado y creer que tu matrimonio actual es el único y verdadero?, ¿o al revés, que el primero lo fue, y éste no? ¿Qué tanto puedes amar y honrar lo que has vivido?
Aunque no quieras ni sepas en qué momento y cómo, lo que piensas y sientes en tu interior sale al exterior. Tus dos hijas lo intuyen y de alguna manera misteriosa se les queda como una grabación que actúa en ellas.  En la grande: “yo no tengo un lugar mío, estoy dividida, la vida me sale a deber”; y en la chica: “una familia con mamá y papá en el mismo domicilio, es lo mínimo a que tengo derecho”.
Tal vez quieras cambiar tus pensamientos por algo como esto: “Mi familia es la que tengo, como me tocó vivirla, así la amo, en ella me propongo aportar y recibir calidez, seguridad, amor y respeto”. Si pensaras así, pronto o tarde te sentirías no sólo satisfecha sino privilegiada al poseerla y todos lo captarían. En cuanto tu dejaras de condenarte por no haber cumplido con los estándares tradicionales de cómo deben formarse las familias, tu pareja y tus hijas tomarían la que tienen como “lo que hay, con lo que contamos”; tú pararías de interpretar los celos de tu hija como “producto de tus equivocaciones” y los tomarías como la situación común a la que todo hermano mayor debe adaptarse; lo más importante, dejarías de pensar: “soy una madre egoísta que sacrificó a su hija para rehacer su vida”, o: “me da lástima mi hija, ella qué culpa tiene, cómo haré para compensarla”. Te sugiero probar que siente tu corazón si haces que tu hija pequeña le diga a la grande, en voz alta: “Querida hermana mayor, por favor mira con bondad que yo tenga una ventaja que tú no puedes tener, a papá y mamá juntos. Yo debo vivir, por favor, acepta mi presencia”.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.





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