Algunas personas opinan que sexo e inteligencia son
antagónicos. Con frecuencia se lee que enamorarse es caer en una locura
temporal que lleva a cometer errores graves. Hay quienes aseguran que la
sexualidad en sí es un problema sin solución, y que el mundo estaría mejor sin
ella. Existen individuos exitosos en muchos ámbitos pero cuya vida sexual es un
desastre: no logran pasar de segunda base; completan carrera y luego arruinan
la relación aunque ésta les importe; pagan costos muy altos por tener pareja y
quedan en bancarrota; se obsesionan de tal manera por lo sexual que abandonan
las otras esferas de su vida; y podríamos seguir poniendo ejemplos.
Expertos opinan que ser sexualmente inteligente, es
decir, tener una vida sexual buena, no depende de la suerte, de la belleza o
del sex appeal innato; sino de habilidades que las personas podemos adquirir.
Si definimos a la inteligencia como la capacidad para resolver problemas
adecuadamente, entonces, la inteligencia sexual es la capacidad que nos permite
vivir una sexualidad plena.
En la vida cotidiana, el párrafo anterior suena más a
utopía que a realidad. ¿Qué está pasando? La sexualidad como materia de estudio
ha obtenido menos atención de la que merece, tanto en el campo educativo, de
investigación, de difusión de contenidos científicos y en la formación de
valores. En muchos ambientes es tabú mencionarla, todavía.
Solemos creer que sólo en los siglos pasados la
sexualidad estuvo plagada de ignorancia, conocimientos distorsionados,
inhibiciones, prejuicios, mitos, miedos… y no es así. Hoy, lo más frecuente es
que siga reprimida, desconocida y despreciada, mediante el bombardeo de
imágenes, insinuaciones, mezcla de materiales eróticos y pornográficos,
confusión de conceptos, exceso de información y de oportunidades… todo esto
forma una nube oscura que nos impide mirarla y apreciarla en toda su magnitud.
Es grande la dificultad para descubrir lo esencial, lo
verdaderamente valioso que nos llevará a vivir una vida sexual plena y
satisfactoria. Creemos que son sólo los jóvenes quienes están sumergidos en la
confusión descrita; pero sin duda ellos tendrían más claridad si la poseyeran sus
mayores y si vieran a éstos reverenciar a la sexualidad y vivirla de manera
satisfactoria.
Hoy ya no creemos, como Freud, que la sexualidad es el
motor de todo cuanto hacemos; sin embargo, no podemos negar que en ella puede
darse la reconciliación del yo con el otro, que nos relacionamos con las personas
y las cosas como seres sexuados, hombres y mujeres, y que de esta fuerza
dependen la supervivencia de la especie y nuestra felicidad personal y familiar.
Mi colega, Liz Altamirano, impartirá un taller sobre La
Inteligencia Sexual y cómo potenciarla. Comenzará en septiembre y constará de
16 sesiones en ocho semanas. Está abierto jóvenes y adultos, no adolescentes.
También en septiembre dará inicio nuestro Diplomado de
Constelaciones Familiares. Sesionará los sábados y domingos primeros de cada
mes, durante once meses. En las semanas que no hay sesión, el estudiante
contará con material en la plataforma de Internet para explorar en casa, de
manera que pueda ver la teoría reflejada en las prácticas que tendrán lugar
durante el tiempo presencial.
En todas partes hay personas interesadas en lograr que
nuestro mundo sea mejor. La presente es nuestra colaboración para que el cambio
se dé en el interior de la persona y desde ahí salte a la comunidad. Por una
vida cada vez más armoniosa en el planeta.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al
teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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