lunes, 12 de octubre de 2015

UTOPÍAS



Hoy quiero escribir de utopías, esos chispazos optimistas de la imaginación,  visiones de mundos “perfectos” que en nada coinciden con la realidad,  muñecas inalcanzables que sólo en los sueños pueden ser arrulladas, anhelos de satisfacer exigencias que en el presente no pueden ser cumplidas, tributos de una corta vida a la íntima necesidad de evolución que no tendrá tiempo suficiente para verlos realizados, conciencias de la infinitud que sobrepasa los siglos y mira el futuro, horizontes a los que nunca se llega pero que marcan un rumbo.
Las utopías se gestan en las mentes inadaptadas. Son irrealizables cuando nacen; sin embargo, atraen a la humanidad como la luna a la marea, con una diferencia: ésta última nunca alcanzará al luminoso cuerpo nocturno; en cambio, muchas utopías, ayudadas por el paso de los siglos y el esfuerzo humano, se han vuelto posibles: vivir temporadas bajo el mar, viajar volando sobre las nubes, ir a la luna, comunicarse instantáneamente de un continente al otro, poseer una biblioteca en el propio celular, tener una fuente con agua caliente y fría en el cuarto de mi casa, oprimir un botón y que se abra la puerta… A algún ser humano en algún lugar se le ocurrió que lo que él pensaba podría ser posible y comenzó a pensar en cómo, sin hacer caso a quienes le decían: “Si Dios quisiera que voláramos, nos habría dado alas”, o cualquier otro argumento disuasivo.
Las utopías deben salir de la mente que las engendró. Es vital que las comunique a otras mentes que también pueden creerlas y éstas a otras que se sumen al empeño. Pronto, la idea se asemeja a las corrientes marinas cuyo impulso multiplica la velocidad con que los peces nadan.
Quien más, quién menos, todos colaboramos de alguna manera a que las utopías se vuelvan realidad, inventándolas, escuchándolas y sobre todo apoyándolas al creer en ellas. Actualmente hay muchas ya pensadas, sobre numerosos temas. Por ejemplo: Que las fronteras desaparezcan. Que las guerras desaparezcan. Que la pobreza desaparezca. Que desaparezcan los casos de abandono o de abuso de la niñez. Y tantas más.
Hay utopías que apoyamos creyendo en ellas y sintiéndonos generosos por creerlas, pero dejando que alguien más las realice o exigiéndole que lo haga. Nuestra colaboración consistiría en no estorbar y aguardar por los beneficios, como cuando pensamos: que los gobiernos borren las fronteras, que ya no peleen entre sí, que se hagan cargo de los pobres y a nosotros nos den algo: una renta, una pensión, un subsidio; que apresen a los que abandonan a sus hijos o abusan de ellos…
Pero hay utopías que no solamente las creemos sino que añadimos un compromiso y alguna actividad para concretizarlas: No puedo borrar las fronteras físicas pero sí cultivar mi aprecio sincero a todas las razas y nacionalidades. No puedo solucionar las guerras de Oriente, pero sí vivir en paz y armonía con mis semejantes cercanos. No puedo erradicar la pobreza pero sí crear puestos honorables de empleo. No puedo hacer que desaparezcan el abandono y el abuso a la niñez en general, pero sí  amar y respetar a los niños que conozco…
Cuando en esta forma activa creemos en las utopías, estamos dándoles vigor y empuje. Hoy se está decidiendo mucho de la forma en que vivirán las generaciones de los siglos venideros. Hoy también es el tiempo de inventar utopías que hagan evolucionar a la humanidad para bien.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , al teléfono 7 63 02 51 o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.



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