Si alguien desea permanecer dentro de un grupo, le es
preciso asimilar algo de las creencias y costumbres de dicho grupo, o saldrá de
él… expulsado o huyendo. Si vas entre escritores, escribes; entre religiosos,
rezas; entre borrachos, bebes; entre políticos, lo que acostumbran hacer los
políticos… No se trata de que te convenzas, creas y practiques desde el
corazón, basta con que lo hagas exteriormente, pero… con el paso del tiempo, lo
exterior influirá sobre tu interior; casi nos es imposible sobrevivir con una división
profunda entre lo uno y lo otro. Así se forman las culturas.
Una señora joven contaba sus peripecias durante un viaje
a Marruecos al que fue invitada por una antigua compañera marroquí, junto con
otras condiscípulas de diversos países, con motivo de la boda de un hermano. ¡Imposible
perderse la oportunidad de esa experiencia exótica! Es fácil imaginar que para
un viaje así se necesita poseer una personalidad audaz y aventurera.
El grupito debió hospedarse en casa de una familia,
porque está prohibido que mujeres solas, sin la presencia de un hombre, entren
a un hotel. No hubo problema, todas habían sido advertidas de que allá las
costumbres son distintas y no deberían cuestionar nada de lo que vieran, ¡pero
no basta con saber, incluso con prometer!, la propia manera de percibir al
mundo se manifiesta de manera automática.
Un día antes del gran festejo, hubo otro “íntimo” en el
que se entregaría el certificado de virginidad de la novia. La mexicana,
curiosa, quizá sintiéndose en familia, preguntó al novio: “¿A ti también te lo
piden?”. Entonces la marroquí, hermana de él, llevó aparte a sus invitadas y
las instruyó que jamás volvieran a dirigirse a un hombre, hablarle o mirarlo,
que ni le dieran los buenos días, sino que en su presencia mantuvieran la vista
baja. Ellas no podían creerlo, les parecía extraño, injusto e insoportable, pero
en fin, lo harían, no deseaban meter a su anfitriona en problemas.
En otra ocasión, yendo las “recatadas” viajeras con el
chofer-guía, una de ellas se inclinó a recoger algo del piso y su pantalón dejó
ver que usaba tanga, entonces el guía se abalanzó en su contra para golpearla,
gritando que tenía derecho a matarla. Fue dramático; luego de numerosas reverencias
y disculpas de parte de las mujeres, el hombre se alejó corriendo,
profundamente alterado. Éste y más incidentes trajeron como consecuencia que
las viajeras optaran por utilizar la burka para salir a la calle. “¡Nos
sentíamos tan protegidas usándola! Era demasiado el acoso”, dijo.
¿Podemos pensar que les pareció más hermosa aquella
vestimenta, o que se convirtieron en musulmanas? Por supuesto que no, la burka
fue su manera de protegerse, pero en su interior seguían siendo extranjeras. No
podemos asegurar qué sucedería en sus mentes si se quedaran a vivir allá por
mucho tiempo, lo que sí podemos suponer es que los grupos nos influyen hasta en
la propia identidad y es importante saber elegirlos. “Dime con quién andas, y
te diré quién eres”, tarde o temprano se vuelve tan cierto como “Dios los hace
y ellos se juntan”.
Muy interesante Lolita!!!
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