Me encabrita la gente que promete y no cumple, como el
hombre con el que me casé; no me quiere ni me respeta. A sus hijos sí, eso dice,
pero no creo que para ellos sea bueno que les hable mal de su madre o en mi
cara les ponga de ejemplo a otras mujeres que según él sí son buenas madres. Lo
hace para humillarme, de paso acaba con mi autoridad y a los niños los vuelve
raros. Yo deseaba tenerles una familia confiable en la que crecieran sanos pero
no les he podido cumplir, lo pienso y me enojo también conmigo misma. Sé que yo
sola no podría mantenerlos y darles educación y odio quedarme por dinero, me
siento hipócrita, sin dignidad y muy infeliz, pero no sé qué hacer.
OPINIÓN
Por tus palabras podría jurar que has hecho cuanto creíste
conveniente para ver realizado tu sueño de ofrecer a tus hijos una familia
confiable y en la que crezcan sanos. Te duele demasiado comprobar que no es
como la soñabas. Pareces sugerir que te quedas por ellos, pues sola no podrías
darles lo que ahora tienen, y esto hace que te sientas hipócrita, sin dignidad
e infeliz.
Lo anterior puede verse desde muchas perspectivas, la que
describes (con bastante severidad para contigo) que te equipara con alguien que
conserva un empleo que odia porque debe mantener a su familia, o con las “santas
y abnegadas madrecitas” de otras épocas que cargaban con la “cruz del
matrimonio”, o cualquier otra que desemboque en resignación. ¿Y si no fuera la resignación sino la
asertividad lo que te ayudara a ti y a los tuyos?
Antes de decir más he de recomendarte que busques ayuda
profesional en forma de terapia de pareja o de familia, y si éstas no fueran
posibles, comenzar con terapia individual; un cambio en tu visión, actitudes o
estrategia tendrían un impacto grande en tu grupo familiar.
Por lo pronto, me centraré en dos cosas que mencionas: 1)
tu enorme deseo de que tu familia sea confiable y 2) tu enojo por las faltas de
cumplimiento de una promesa y de un anhelo (la promesa, de él; el anhelo, tuyo).
La primera: En una familia confiable todos los miembros cooperan,
no sólo la esposa-madre, porque cada uno aporta sus respectivas dosis de amor,
respeto y colaboración. Estos dos últimos, el respeto y la colaboración, quizá
puedan ser exigidos mediante convenios, normas e incluso peleas y castigos; el
amor no, éste siempre es voluntario y gratuito. Puedes preguntarte tú misma si
todavía estás en lo dicho con tu esposo de quedarte con él para amarlo, y
también preguntárselo a él, porque a los esposos toca aportar las dosis más
grandes de amor. Me refiero a hacerse las preguntas de verdad, no a pensar que
ya conocen las respuestas, pueden encontrar sorpresas.
La segunda: el enojo por los incumplimientos. No creo que
sea de gran utilidad para lograr la primera, más bien puede convertir el hogar
en un ring. Las personas enojadas quieren resolver sus asuntos por la fuerza,
aunque sea la fuerza pública, como la intervención de un juez. Nada tiene que
ver con el amor.
Es importante que sepas si todavía tienes motivación suficiente
para lograr tu hermoso sueño de vivir en una familia confiable. A veces mata
más la duda que el desengaño.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.
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