lunes, 11 de abril de 2016

MATA MÁS LA DUDA QUE EL DESENGAÑO



Me encabrita la gente que promete y no cumple, como el hombre con el que me casé; no me quiere ni me respeta. A sus hijos sí, eso dice, pero no creo que para ellos sea bueno que les hable mal de su madre o en mi cara les ponga de ejemplo a otras mujeres que según él sí son buenas madres. Lo hace para humillarme, de paso acaba con mi autoridad y a los niños los vuelve raros. Yo deseaba tenerles una familia confiable en la que crecieran sanos pero no les he podido cumplir, lo pienso y me enojo también conmigo misma. Sé que yo sola no podría mantenerlos y darles educación y odio quedarme por dinero, me siento hipócrita, sin dignidad y muy infeliz, pero no sé qué hacer.
OPINIÓN
Por tus palabras podría jurar que has hecho cuanto creíste conveniente para ver realizado tu sueño de ofrecer a tus hijos una familia confiable y en la que crezcan sanos. Te duele demasiado comprobar que no es como la soñabas. Pareces sugerir que te quedas por ellos, pues sola no podrías darles lo que ahora tienen, y esto hace que te sientas hipócrita, sin dignidad e infeliz.
Lo anterior puede verse desde muchas perspectivas, la que describes (con bastante severidad para contigo) que te equipara con alguien que conserva un empleo que odia porque debe mantener a su familia, o con las “santas y abnegadas madrecitas” de otras épocas que cargaban con la “cruz del matrimonio”, o cualquier otra que desemboque en resignación.  ¿Y si no fuera la resignación sino la asertividad lo que te ayudara a ti y a los tuyos?
Antes de decir más he de recomendarte que busques ayuda profesional en forma de terapia de pareja o de familia, y si éstas no fueran posibles, comenzar con terapia individual; un cambio en tu visión, actitudes o estrategia tendrían un impacto grande en tu grupo familiar.
Por lo pronto, me centraré en dos cosas que mencionas: 1) tu enorme deseo de que tu familia sea confiable y 2) tu enojo por las faltas de cumplimiento de una promesa y de un anhelo (la promesa, de él; el anhelo, tuyo).
La primera: En una familia confiable todos los miembros cooperan, no sólo la esposa-madre, porque cada uno aporta sus respectivas dosis de amor, respeto y colaboración. Estos dos últimos, el respeto y la colaboración, quizá puedan ser exigidos mediante convenios, normas e incluso peleas y castigos; el amor no, éste siempre es voluntario y gratuito. Puedes preguntarte tú misma si todavía estás en lo dicho con tu esposo de quedarte con él para amarlo, y también preguntárselo a él, porque a los esposos toca aportar las dosis más grandes de amor. Me refiero a hacerse las preguntas de verdad, no a pensar que ya conocen las respuestas, pueden encontrar sorpresas.
La segunda: el enojo por los incumplimientos. No creo que sea de gran utilidad para lograr la primera, más bien puede convertir el hogar en un ring. Las personas enojadas quieren resolver sus asuntos por la fuerza, aunque sea la fuerza pública, como la intervención de un juez. Nada tiene que ver con el amor.
Es importante que sepas si todavía tienes motivación suficiente para lograr tu hermoso sueño de vivir en una familia confiable. A veces mata más la duda que el desengaño.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Pascua Constelaciones Familiares.


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