Recibí varias opiniones relacionadas con el tema
de abandonar la religión de los padres y adoptar otra. Gracias. Al parecer es
un fenómeno actual que preocupa y estremece a las familias donde se presenta.
Me permito transcribir una que me pareció particularmente interesante y cuyo
autor, el ing. Luis Jaime Hernández
Lozano me dio autorización de publicar. Gracias, ingeniero, por su amabilidad. Incluyo su aportación:
Leí con mucho interés su artículo titulado “MI
HIJO SE CAMBIÓ DE RELIGIÓN” y me gustaría hacerle los siguientes comentarios:
La
tarea que como padres realizamos con nuestros hijos se puede describir en tres
funciones: cuidarlos, proveerles lo
necesario y educarlos. Por supuesto que en esto último influimos y les
comunicamos, aún sin saberlo, su visión y percepción general de la vida,
particularmente en su SISTEMA GENERAL DE CREENCIAS, dentro de
las cuales se encuentran las ideas religiosas que profesamos.
En
el ejercicio de ésta educación, sostenemos una relación continua de padres a
hijos que pudiera resumirse en 5 etapas.
1. Complacer
los hijos a los padres (bebés)
2. Obediencia
de los hijos a los padres (niños)
3. Negociar
los hijos con los padres (adolescentes)
4. Rebelarse
los hijos a los padres (jóvenes)
5. Decidir
responsablemente en forma independiente (adultos)
Estas etapas en la relación de padres e hijos, se dan en
diferentes edades y muy particularmente la última, cuando los hijos toman la decisión de separarse de la casa paterna para
formar su propia familia.
En el caso que usted menciona, es claro que el hijo se encuentra en esta
última etapa, por lo que se debe de ACEPTAR
la decisión que ha tomado, aunque él la debe de entender y
responsabilizarse de los efectos, consecuencias o beneficios de la misma.
Sin embargo, no obsta
que a manera de sugerencia se le pueda hacer la siguiente pregunta:
“¿Hijo, has tomado la decisión de cambiar de religión
después de haber estudiado en profundidad la tuya y no dejarte satisfecho las
enseñanzas y creencias que te inculcamos como padres?”. O bien: “¿Cómo, si
nunca te interesó estudiar y profundizar
el conocimiento de tu fe, ahora te parece más atractiva y novedosa otra
religión?”.
Cualquiera que sea su respuesta, se debe de RESPETAR la
misma, pues sólo estando en esa actitud pueden los padres mostrarle que lo
siguen AMANDO INCONDICIONALMENTE, aunque su hijo no piense como ellos.
Hasta aquí la opinión del ingeniero Hernández Lozano.
Apoyo sus palabras y recalco la importancia de las cinco etapas que señala, las
cuales son normales pero en ocasiones asustan a algunos padres, especialmente
las dos últimas. Les hacen temer que sus hijos ya no son tan buenos como solían
serlo, cuando en realidad éstos sólo están mostrando que han crecido y están
explorando la vida por su cuenta.
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