domingo, 1 de enero de 2017

EL AÑO ESTÁ NUEVECITO



Llegó 2017, nuevecito. Felicidades. Y nosotros aquí, respirando. ¡Qué lindo es comenzar! Sentir que tenemos una nueva oportunidad para hacer realidad lo que  ambicionamos. ¡Bendito invento el de dividir el tiempo en trozos! Igual que la noche y el amanecer separan un día del anterior, el Año Nuevo traza un período para nuevos anhelos y esperanzas. Es el encanto de lo que inicia. Si bien el tiempo jamás se detiene, que haya comienzos ayuda, nos da la posibilidad de trazar una línea imaginaria que separe lo que ya se fue y presentarnos vacíos a lo que vendrá. Hacemos propósitos. Hay quienes creen que de nada sirven, pero sí; muchos se cumplen y otros al menos dan ilusión.
Hay propósitos que probablemente van a ser olvidados. Dicen así: “Me urge un cambio, yo lo haré”. La motivación es la urgencia y ésta no siempre funciona; si ya dejamos que un asunto creciera, lo más probable es que tengamos alguna motivación oculta para dejar todo como está y formulamos el propósito sólo para tranquilizarnos, o para que alguien más piense que sí estamos al pendiente del asunto. 
“Yo lo haré”, en el futuro. Y a medida que el tiempo va pasando, el propósito se va recorriendo y perteneciendo al futuro. Muy distinto sería decir: “Lo hago hoy mismo, comienzo ahora, en este momento”.
También hay propósitos fingidos. Una manera de identificar cuándo un propósito es fingido es que de antemano pensamos que no tenemos fuerza de voluntad suficiente para cumplirlo; nos distraemos, vienen urgencias distintas, decimos “comienzo mañana” o simplemente nos consentimos. Tal vez alguien nos está presionando para cambiar y nosotros, en el fondo, ninguna necesidad sentimos de hacerlo; sin embargo, evitamos confesarlo. Pero si nadie de carne y hueso nos exige que formulemos dicho propósito, ¿qué persona muy importante para nuestro corazón, viva o muerta, estaría contenta de que lo formulemos?, ¿a quién estamos complaciendo?
Para quienes creen que todo está en la mente y de ahí salta hacia la realidad, que el presente y el futuro son sólo manifestaciones de los buenos pensamientos de salud, prosperidad y dicha que uno aloja en su mente, o de infelicidad y tristezas si son estos sus pensamientos, para estas personas, los propósitos se convierten en afirmaciones: “Estoy disponible para recibir las cosas buenas de la vida”, “ahora mi corazón permanece en el amor y la concordia”, “confío en que la Vida cuida de mí y siempre tengo lo necesario para subsistir”. Estas personas cuidan lo que piensan y se esmeran en visualizar soluciones, no problemas, en espera que la Vida los haga realidad. Alguien que no cree en esto, considera absurda e irresponsable a dicha actitud; pero quienes lo creen y lo han practicado, confían en que poseen el secreto de la vida feliz, próspera y llena de salud.
A propósito de propósitos: ¿sería buena idea proponernos orar cada día por nuestros gobernantes, pidiendo para ellos honestidad y sabiduría? Al ser escuchados, tendríamos un año aún más feliz.
Feliz año. Que se te cumplan todos tus anhelos y logres tus propósitos.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez


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