Llegó 2017, nuevecito. Felicidades. Y nosotros aquí,
respirando. ¡Qué lindo es comenzar! Sentir que tenemos una nueva oportunidad
para hacer realidad lo que ambicionamos.
¡Bendito invento el de dividir el tiempo en trozos! Igual que la noche y el amanecer
separan un día del anterior, el Año Nuevo traza un período para nuevos anhelos
y esperanzas. Es el encanto de lo que inicia. Si bien el tiempo jamás se
detiene, que haya comienzos ayuda, nos da la posibilidad de trazar una línea
imaginaria que separe lo que ya se fue y presentarnos vacíos a lo que vendrá.
Hacemos propósitos. Hay quienes creen que de nada sirven, pero sí; muchos se
cumplen y otros al menos dan ilusión.
Hay propósitos que probablemente van a ser olvidados. Dicen
así: “Me urge un cambio, yo lo haré”. La motivación es la urgencia y ésta no
siempre funciona; si ya dejamos que un asunto creciera, lo más probable es que
tengamos alguna motivación oculta para dejar todo como está y formulamos el
propósito sólo para tranquilizarnos, o para que alguien más piense que sí estamos
al pendiente del asunto.
“Yo lo haré”, en el futuro. Y a medida que el tiempo va
pasando, el propósito se va recorriendo y perteneciendo al futuro. Muy distinto
sería decir: “Lo hago hoy mismo, comienzo ahora, en este momento”.
También hay propósitos fingidos. Una manera de identificar
cuándo un propósito es fingido es que de antemano pensamos que no tenemos
fuerza de voluntad suficiente para cumplirlo; nos distraemos, vienen urgencias
distintas, decimos “comienzo mañana” o simplemente nos consentimos. Tal vez
alguien nos está presionando para cambiar y nosotros, en el fondo, ninguna
necesidad sentimos de hacerlo; sin embargo, evitamos confesarlo. Pero si nadie
de carne y hueso nos exige que formulemos dicho propósito, ¿qué persona muy
importante para nuestro corazón, viva o muerta, estaría contenta de que lo
formulemos?, ¿a quién estamos complaciendo?
Para quienes creen que todo está en la mente y de ahí salta
hacia la realidad, que el presente y el futuro son sólo manifestaciones de los
buenos pensamientos de salud, prosperidad y dicha que uno aloja en su mente, o
de infelicidad y tristezas si son estos sus pensamientos, para estas personas,
los propósitos se convierten en afirmaciones: “Estoy disponible para recibir las
cosas buenas de la vida”, “ahora mi corazón permanece en el amor y la
concordia”, “confío en que la Vida cuida de mí y siempre tengo lo necesario
para subsistir”. Estas personas cuidan lo que piensan y se esmeran en
visualizar soluciones, no problemas, en espera que la Vida los haga realidad. Alguien
que no cree en esto, considera absurda e irresponsable a dicha actitud; pero
quienes lo creen y lo han practicado, confían en que poseen el secreto de la vida
feliz, próspera y llena de salud.
A propósito de propósitos: ¿sería buena idea proponernos
orar cada día por nuestros gobernantes, pidiendo para ellos honestidad y
sabiduría? Al ser escuchados, tendríamos un año aún más feliz.
Feliz año. Que se te cumplan todos tus anhelos y logres tus
propósitos.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con
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