lunes, 17 de abril de 2017

FELICES PASCUAS



Semana Santa y Pascua son fechas de eventos religiosos que se impregnaron de tal manera en la cultura occidental, que pertenecen a todos, piadosos y descreídos. Aun los que desconocen su significado resultan beneficiados con unos días de celebración que permiten un cambio de actividades.
Por ser temporada en que habitualmente se descansa, los autobuses van y vienen repletos a distintos destinos turísticos, parientes visitan a parientes, muchos llenan las iglesias o dedican esos días a la oración y la meditación, se organizan retiros espirituales y en fin, las horas se destinan a ocupaciones muy distintas a las de todos los días. El domingo de Pascua señala el regreso a lo material, lo cotidiano, y en el ámbito espiritual, la resurrección: un cuerpo físico que murió se reanima en lo material y vive de manera distinta a la anterior.
Al decir “felices pascuas” se expresa el deseo de que la persona tenga un paso o un salto de algo menos bueno a algo mejor. De la muerte a la vida. Del sufrimiento a la dicha. Del problema a la solución.
Todos deseamos una Pascua; es decir, dejar atrás lo doloroso y complicado y transcurrir la existencia entre alegrías y buenos momentos. Lo sabemos por lo que dicen las palabras. Cuando lo que nos sucede no concuerda con nuestros deseos, solemos decir: “esto no es vida”; y si nos agrada, decimos: “Esto es pura vida”. En este caso, “vida” es sinónimo de estar bien.
La Biblia nos cuenta la historia de un pueblo que no estaba bien porque vivía sometido a la esclavitud en un país que no era el suyo; que Dios lo sacó de ahí, lo liberó enviando a Moisés, y fue un evento tan trascendental que los judíos debían celebrarlo cada año y lo siguen haciendo. Luego, que Jesús consumó su sacrificio y liberación de la humanidad precisamente en las fiestas de Pascua. Esta fecha tradicional es un punto de convergencia entre todas las iglesias que conocemos en este lado del mundo: católica, protestantes y judía.
La fiesta de Pascua también da testimonio de que las religiones cristianas son hijas y deudoras del judaísmo, puesto que tanto la fiesta como los libros considerados sagrados, es decir, la Biblia, provienen de las costumbres judaicas. Este pensamiento es totalmente opuesto al que antiguamente incubaba mucha gente y pudo haber tenido qué ver con el antisemitismo  y el Holocausto: la idea de que deberíamos despreciar a los judíos porque ellos mataron a Cristo. Por el contrario, las personas que profesamos religiones cristianas, lejos de mirar con odio o con desprecio a quienes profesan el judaísmo, podríamos referirnos a ellos con gratitud, como a miembros de una religión madre que ha dado a luz a varias religiones hijas.
En fin, querido lector, deseo que vivas plenamente una Pascua en todos tus asuntos y éstos fluyan tal como si hubieran resucitado. Felices Pascuas.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com ,  o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez

No hay comentarios:

Publicar un comentario