lunes, 10 de abril de 2017

SER HIJO Y TAMBIÉN SER LIBRE

¿Que debemos honrar a los padres? Mi madre me dijo que no deseaba tenerme, que cuando nací yo lloraba tanto que no los dejaba dormir, que era papá quien me cargaba y por causa mía se quedó algunos años en casa, luego se fue y nunca más nos buscó ni lo buscamos. También me ha dicho que nadie me va a querer porque soy mala y desagradecida. Posiblemente tuvo razón, porque cuando ella murió no sentí ganas de llorarla ni de avisarle a mi papá, de tanto daño que ella me hizo.
OPINIÓN
Tengo la impresión que debo investigar quién me habla de ti, si tú o tu mamá. ¿Sabías que en la mente guardamos imágenes de nuestros padres, y éstas siguen hablando ahí dentro, incluso si ellos ya estuvieran muertos?  Dicen cosas como “párate derecha”, “recoge tus cosas”, “eres una princesa (o un problema, un manojo de nervios, etc.) y al escucharlas, solemos pensar que son pensamientos nuestros y no algo que nos fue sembrado en la infancia. Son como grabaciones que reproducimos una y otra vez, como si de esa manera conserváramos con vida a los que nos dieron la existencia.
Honrar a los padres no es una orden sino un principio (algo que no puede ser cambiado). Todo hijo honra a los suyos de manera automática.
Biológicamente, honramos a nuestros padres con semejanzas: de la piel, los dientes, el pelo, la configuración del esqueleto, alguna propensión a enfermedades que nos heredaron a través de su ADN, etc. No es que escojamos parecernos, solamente sucede. Es como si dijéramos sin palabras: certifico que son mis padres.
Psicológicamente los honramos prolongando sus maneras de pensar, de sentir, de hablar y actuar; repitiendo su historia; pareciendo una mera continuación de ellos y no una vida nueva, independiente y distinta. No es que escojamos conservar sus pensamientos y sentimientos, solamente sucede. Damos testimonio de la fuente que procedemos: hablo español porque es mi lengua materna, mis costumbres certifican quiénes son mis progenitores.
Pero los humanos no somos sólo robots que ejecutan los mandatos que les han sido grabados, también tenemos conciencia y capacidad para elegir. La conciencia nos da oportunidad de abandonar el automatismo y tener libertad. Sólo desde la conciencia podemos apartarnos, disentir o asentir a lo que nos ha sido dado. También desde la conciencia podemos elegir una manera de honrar a nuestros padres que no nos perjudique.
Ya que de todas maneras somos hijos de nuestros padres, podemos ampliar nuestra conciencia agradeciéndoles haber sido la puerta por donde entramos a la vida, y luego trabajando para ser capaces de respetar su derecho a vivir, pensar y sentir como pudieron hacerlo, absteniéndonos de cargar con la responsabilidad de sus decisiones. Cada quién su vida y su modo de vivirla; los padres la suya y el hijo la que logre construir con sus esfuerzos.
Volviendo a ti. Imagino lo desagradable que debe ser honrar a tu madre repitiéndote una y otra vez sus palabras y creyendo sus afirmaciones como si fueran dogmas. Hay maneras menos sufridas de honrarla: reconociendo que los pensamientos de ella eran de ella; renunciando a considerarla profeta del Altísimo cuyas profecías debes tú cumplir; dándote cuenta de que ella solamente era tu madre, una humana capaz de engendrarte y darte a luz, lo cual hizo; reconociendo que como madre te entregó lo mejor que pudo darte, lo que ella era, sus contenidos internos. Si logras respetar la libertad humana, dejarás de sentir necesidad de juzgarla (aprobarla o condenarla) sino que dejarás con ella lo que es suyo.
¿Has pensado en que te sería útil acudir a psicoterapia para transmutar tu dolor en algo mejor?
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