Todo el mundo está de acuerdo en la importancia de la
educación, que mediante ella se resolvería la mayor parte de los problemas
sociales existentes (o todos), porque forma individuos útiles a la sociedad. Sin
embargo, no hay acuerdo acerca de cuáles son los mejores métodos educativos y
ni siquiera acerca de qué cosa es educar y cómo es una persona bien educada.
Encontré dos etimologías distintas de la palabra educar: educare y educere. La primera significa: criar, guiar, conducir, enseñar,
instruir, y la segunda: sacar afuera, extraer. ¿Curioso, no? Son opuestas. En
una se pretende influir y meter algo en el pensamiento del educando, y en la
segunda, sacar o permitir que salga de él y se manifieste lo que éste es. En lo
personal, yo creo que ambas tienen razón y se complementan.
Culturalmente, no fatigamos demasiado nuestro cerebro
pensando en el asunto, al parecer tenemos un acuerdo tácito en que lo mejor es
cultivar las características que consideramos “buenas” y hacer desaparecer las
“malas”. Cada “especialista” cree tener la mejor solución: para un autoritario,
la buena educación consistiría en inculcar disciplina; para un artista, amor
por la belleza; para un religioso, temor de Dios; para un ateo, libertad de
pensamiento; para un político, obediencia civil; y así podríamos continuar. ¿Y
de permitir que se manifieste el interior, qué?
En nuestro medio no es muy apreciado que cada uno sea como
es. Desde pequeños se nos enseña que en nosotros hay zonas bonitas y feas,
aceptables y censurables, ¿cómo podría emerger a la conciencia alguna
censurable? Freud diría que la mantenemos reprimida; es decir, sin acceso a la
conciencia y las únicas vías que tendría para hacerse conocer serían: los
sueños, los chistes, las asociaciones de palabras, los lapsus (equivocaciones
accidentales y acciones que nos sorprenden y decimos: “No sé por qué lo hice”).
Lo anterior debe tener alguna explicación. Tal vez en
nosotros exista una desconfianza básica en el ser humano; la humanidad ha hecho
tantas cosas, unas maravillosas y otras execrables, como las guerras, el
Holocausto, los Gulags… y hay tanta violencia e inseguridad, que es más fácil
convencerse de que “tendemos a lo malo” y que sin temor al castigo seríamos
pésimos. Sin embargo…
Sin embargo, en Constelaciones se puede comprobar una y
otra vez que dejando que el alma se exprese, sin someterla con juicios,
manipulaciones o amenazas, tiende por sí misma a la solución armoniosa y al
amor. Todos queremos vivir bien y en paz, amar y ser amados. Todos. Lo que nos
impide lograr esta reconciliación universal es el sistema de creencias de cada
uno, su historia, sus carencias, sus traumas, un exceso de sufrimiento y la
lealtad a lo que se nos inculcó mientras nos educaban.
Pienso que si en las escuelas se diera la bienvenida al
PENSAMIENTO SISTÉMICO, el cual no es idéntico a sistemático, tendríamos una
revolución en la educación que a todos nos haría mucho bien. En mi opinión,
cada institución educativa debería contratar a un constelador, a sabiendas de
que esta técnica no se imparte (ni siempre se aprecia) en la universidad.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con
ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com , o en facebook.com/Psic-Ma-Dolores-Hernandez-Gonzalez
No hay comentarios:
Publicar un comentario