Si tu hijo hace bullying,
posiblemente la escuela te lo dijo. Los padres de una víctima hablaron con las
autoridades escolares y ellas te confrontaron pidiendo que tu hijo cambiara, o
lo expulsarían. Si lo expulsan, la solución beneficia a la escuela y un poco a
la víctima, pero no a tu niño; él ya está desarrollando comportamientos que
dañan sus relaciones sociales.
Solucionar el bullying
es difícil cuando los padres también actúan y piensan con bullying, se muestran cómplices, niegan lo que hace el hijo, lo
reprenden por haberse dejado descubrir (no por haber hecho bullying) o porque los citaron en la escuela. A veces lo justifican
y disculpan o prometen a los maestros llegando
a casa le voy a pegar, como si la empatía pudiera inculcarse con golpes. Precisamente las causas del bullying son la violencia y la falta de
empatía.
Violencia es querer lograr algo por la fuerza. Un
acosador pone apodos, se burla, esconde o estropea un bien ajeno, empuja, mete
zancadilla, difunde rumores, acusa en falso, publica textos o fotos en redes
sociales, amenaza, golpea, o lo que sea, para atemorizar y dominar a su
víctima.
La falta de empatía es sentirse distinto y ajeno a los
demás: Ni me quieren ni los quiero. Suele
volverse más complicada y sutil con la edad, como aquel jefe que acosaba
sexualmente a una chica, su empleada, le asignaba trabajos desagradables y
luego se presentaba como su salvador: Si
me dices que sí, conmigo te iría muy bien; pero si no, te ha de seguir yendo
mal. No la quería ni esperaba que ella lo quisiera.
Es falso que la violencia -abierta o solapada- sea un
buen método para resolver problemas y establecer relaciones. Abunda lo beneficioso
cuando es voluntario, y forzado se estropea. Pero el acosador está convencido
de que nadie hará o dirá voluntariamente cosas a su favor y no confía en
conseguir lo mismo por las buenas, de
ahí que intente forzar a los demás.
¿Qué pueden hacer los padres por un hijo acosador? Inculcarle
respeto y empatía.
Confrontarlo
con amor: Hiciste bullying y no está bien. Yo te
quiero y te voy a querer siempre, pero el bullying no es aceptable, también a
nosotros nos hace sufrir. Necesitas cambiar, respetar a tus semejantes,
conquistar su amistad y hacer que te quieran por lo que eres, no por miedo.
Dejar
de ver al hijo como rebelde y a la humanidad como a una selva de gente que no
entiende. Hijo:
tú y todos los humanos necesitamos descubrir y seleccionar a semejantes que serán
nuestros amigos y colaboradores voluntarios.
Hacer
de la familia un grupo irrompible de
amor, apoyo, respeto y protección para sus miembros. Hijo: nosotros somos familia y nos queremos
todos, aunque alguno no esté o se aleje. Nos ayudamos y cooperamos. Tú seguirás
siendo amado en esta casa siempre, aunque reprobemos tus actos; pero nuestro
amor no te librará de las consecuencias de lo que hagas.
Pedir
al hijo favores y cooperación en familia, y siempre
darle las gracias. Hijo,
gracias por poner la mesa, traer las tortillas y sacar la basura. Tu
generosidad y esfuerzo hacen que te sintamos más cercano y perteneciente.
Enseñarlo
a que también él pida lo que necesita por
favor y diga gracias,
que no lo robe ni lo exija.
Tocar,
abrazar y besar al hijo. Localizar sus cualidades y describírselas, cuidando
de nunca exagerar ni mentir sobre ellas. Si él descubre alguna mentira, pensará
que lo manipulan para conseguir algo.
Mostrar
orgullo del hijo cuando es amoroso, y dejar sin respuesta violenta sus maneras
inadecuadas de llamar la atención. Un niño prefiere que lo
regañen a que lo ignoren, por eso muchas veces intenta acercamientos que más
bien parecen agresiones. Implicarse en una pelea no ayuda a nadie.
También
aquí recomiendo hacer una constelación familiar. La
consulta la hacen los padres, no el hijo. Suele indicar por dónde se inicia el
tratamiento.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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