Según sean nuestras creencias, las personas privilegiamos
que se busque primero el bienestar de la sociedad, o primero el del individuo. Mis
abuelos contaban que cuando don Porfirio recibió el país, recién acabada una
guerra, proliferaban los asaltantes en pueblos y caminos. Él decidió que, por el
bien común, eso iba a terminar; mandó soldados para atraparlos y fusilarlos sin
juicio.
Al movimiento nazi lo motivaba la idea de que era más
importante preservar a la raza que a sus miembros; por lo tanto, los “defectuosos”,
es decir, los no blancos, los judíos, los gitanos, los homosexuales, los
enfermos mentales y los discapacitados, debían ser dejados sin atención o
eliminados, según el caso, para que sólo aquellos ejemplares de humanos que hicieran
avanzar (y no involucionar) a la humanidad, tuvieran hijos. Hoy, con un
pensamiento similar, abogaríamos por que se erradicaran los pobres, los pordioseros,
los drogadictos, los secuestradores, los asaltantes, los corruptos, o algún
otro grupo que incomode a la sociedad.
Singapur es famoso por su orden y organización. Ahí están
estipulados castigos que van desde multas, vara o cárcel si se es homosexual,
se masca chicle, se tira basura en la calle, se cruza en lugares no señalados
para peatones, se deja sucio un baño público, se come en el metro o se comete
vandalismo. Para los narcotraficantes hay pena de muerte.
Estos son ejemplos en los que la felicidad social se privilegia
sobre la individual.
Durante milenios, ni los gobiernos ni la gente consideraron
la felicidad individual como un tema de importancia; todo mundo debía someterse
sin más a los decretos de los más fuertes, los gobernantes. Sólo en los últimos
tres siglos, el pensamiento individualista ha tomado vigor y desencadenado
pugnas políticas y judiciales para establecer si debe concedérsele más peso a
la estabilidad social, o más a los derechos humanos.
En nuestra sociedad mexicana a veces se da preferencia a
la felicidad individual sobre la social, y el individuo es renuente o se niega
a pagar impuestos, cooperar para obras filantrópicas, someterse a normas, dejarse
mandar por alguien más, comprometerse a largo plazo, llegar puntual a una cita,
cumplir un convenio, conformarse con el propio sueldo, dejar pasar la
oportunidad de recibir “una mochada”, etc.
Solemos sorprendernos al descubrir que a veces pensamos de
un modo, y a veces del opuesto.
Definir si lo más importante es el individuo, o lo es el
grupo (que está formado por individuos) es como preguntar qué fue primero, el
huevo o la gallina; nos empantana en falsas disyuntivas basadas en la premisa
llamada de suma cero (+1-1=0) en la que uno gana si otro pierde, pero no pueden
ganar ambos.
La teoría sistémica, de reciente creación, no se plantea
ese tipo de elecciones destinadas al fracaso. Ella afirma que cada ser humano
es un sistema y forma parte de otro sistema (su familia), que a su vez forma
parte de uno mayor (la comunidad), y así sucesivamente hasta el sistema llamado
humanidad. Y que cada elemento interactúa directa o indirectamente con todos
los demás, afectándolos y siendo afectado por ellos; por lo tanto, el bienestar
y la salud del sistema y del individuo son una misma cosa, aunque parezca que
no es así. El individuo que es feliz colabora con el bienestar social por el
solo hecho de serlo; e igual el desdichado, conflictivo o rencoroso, su propia
vida es la colaboración que ofrece al grupo y lo arrastra hacia la
insatisfacción.
Pensemos en un cuerpo humano; cada célula cumple su
función con una regularidad asombrosa aunque nadie lo advierta, y se siente
bien. Sin embargo, la infección en un diente lo hace sentir enfermo e
incapacitado aun si posee millones de células sanas y funcionando correctamente,
y un tumor de células cancerosas puede ocasionarle la muerte.
Es tremenda la importancia de que cada uno de nosotros,
células de la humanidad, encontremos la manera de funcionar bien y ofrecer a
ésta nuestra propia salud física y mental.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario