Vi su artículo del martes 29 donde le sugiere a una persona que cambie una
creencia en su mente para modificar el comportamiento de su hijo. Mi pregunta
es qué hacer para grabar esa nueva creencia. Gracias
OPINIÓN
La modificación de las propias creencias no puede tener
como motivación esencial cambiar la conducta de otra persona, aunque, como
efecto secundario, podría ser que sucediera. Se modifican para uno mismo.
A fin de grabar deliberadamente una creencia nueva hay
que pensar en ella de manera consciente. Si nos convence, se graba por sí misma;
si no, no sucede nada y uno se queda con la creencia antigua.
No todo cambio de creencias es para mejorar. Mientras más
deliberadamente elija uno la nueva creencia, más posibilidades hay de que el
cambio sea para el propio provecho.
La palabra “deliberadamente” es importante. No siempre
estamos motivados a cambiar de creencias, pues nos parece que las que tenemos
están bien, las hemos comprobado, tienen una larga historia y son apoyadas por
muchos sentimientos. Pero a veces sí sentimos la urgencia de hacerlo. Dicha
urgencia se llama “crisis vital” y se presenta por la mala, y por la buena.
“Por la mala” es cuando la vida nos obliga mediante
eventos fuertes a cuestionar nuestras creencias anteriores. Ejemplo: una
persona se enamora y su ser amado le da la espalda o lo descubre en infidelidad.
Entonces, aun después de haber sido una ferviente adoradora del amor, quizá
exclame “¡el amor no existe!”, o “¡tengo que adelgazar!”. Hubo cambio de
creencia y quedó grabada la que más le convencía.
También es “por la mala” cuando la persona se encuentra
en una situación añeja de insatisfacción y se pregunta: ¿qué debería cambiar yo
a fin de sufrir menos? Quizá va a terapia o se le viene una idea nueva:
“Necesito fortalecerme para soportar los eventos de la vida”, o: “Este evento
me hace más fuerte”. Entre las mil ideas que se le van a venir a la mente, la
que más le convenza será la que se grabe en su cerebro.
Un cambio de creencias deliberado y “por la buena” es
cuando la persona lee, estudia, investiga, se expone a escuchar opiniones diferentes
a las suyas no con el afán de refutarlas, sino de estudiarlas. Entonces, en su
mente las repite y ensaya una y otra vez, en ambientes distintos, con
personajes disímiles, insiste en analizar la nueva creencia, observa los
resultados y opta por creer lo que le parece mejor.
Continuamente estamos cambiando, modificando y grabando
nuevas creencias sin casi darnos cuenta, de ahí que un adulto no crea en las
mismas cosas de cuando era niño. Lo difícil no es grabar creencias nuevas, sino
inventar unas que sean adecuadas. Si no son de nuestra invención, es posible
que las desechemos, aunque también se dan casos de que se graben por inercia
igual a como aprendemos canciones sin habérnoslo propuesto; serán creencias
inculcadas por la mercadotecnia, personas que les gusta tener influencia, quieren un voto, o lo que sea. Quizá pensemos que son nuevas y en realidad corresponden
a creencias que ya teníamos; es decir, nos permiten seguir en la inercia de lo
conocido.
Antiguas o nuevas, jamás podremos cambiar las creencias
por la fuerza o la violencia, sólo el convencimiento y la repetición son
eficaces.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
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