Recibí una respuesta mayor de lo usual de mi artículo “Mujer”
de la semana pasada en diferentes sentidos. Lectoras me llamaron para decir que
les gustó y se sintieron felices de su feminidad, y otros me hicieron llegar
artículos recordándome que el Día de la Mujer no es un festejo creado para
honrar a lo femenino, sino una conmemoración de las luchas que las mujeres hemos tenido que librar y las que nos
faltan. Gracias a todos, es muy agradable que se establezca un diálogo.
Me llamó mucho la atención el hecho de que, aunque el
tema era la mujer, la mayoría de los comentarios mencionaban el tema político
actual de México, a López Obrador y la motivación al cambio que existe en toda
la gente. ¿Por qué no ha escrito sobre esto?, me preguntaban.
Los fenómenos poco acostumbrados que se están dando en
nuestro país sí merecen ser mencionados, especialmente la urgencia de vivir
bien, de que haya un orden y se solucionen la corrupción y la inseguridad, problemas
que en mi opinión son uno solo: robar en lugar de producir la propia riqueza. Y
la gente vuelve sus ojos hacia López Obrador en espera de que él sea el sujeto
adecuado que encuentre y aplique las medidas que repararán esta situación.
Lo anterior me hace pensar en una luna de miel. Ya cada
uno eligió al otro como pareja, desea con todo el corazón haber elegido
correctamente y está en la mejor disposición de hacer que ambos funcionen como
equipo. Durante un tiempo, corto o largo según el caso, los dos siguen mirando
precioso y dedicado al elegido, de manera que sus esperanzas crecen. En este
sentido, es digna de mención la capacidad de López Obrador para mantener a la
gente motivada y convencida de que él sí está trabajando y haciendo algo y los
problemas van a tener solución.
Lo anterior no es poca cosa. Con sus charlas “mañaneras”
le hace sentir al pueblo que está cerca, que sigue en pie de lucha y que hay
esperanza. Esta es una gran novedad en política y la misma estrategia que lo
llevó al poder, pues durante 18 años recorrió toda la república dándole la mano
a la gente, que lo sentía cercano y conocido. Sin embargo, igual que en el caso
de los lunamieleros, el buen trato y
las palabras lindas no bastarán, va a ser necesaria la colaboración de ambos
para que la pareja funcione. Si uno está esperándolo todo del otro y pensando “hazme
feliz”, de seguro van a fracasar.
Esperar de López Obrador y de su equipo, o de cualquier
gobierno, que solucione solo los problemas de corrupción e inseguridad o
cualquier otro es demasiado pedir, nos ubicaría en una actitud receptiva y de
exigencia que pronto o tarde la realidad desmentirá. Nuestra riqueza personal
no puede ser dada ni robada, sino producida. Hacerse cargo cada uno de su
propio bienestar sin perjudicar a nadie es la mejor receta para convivir bien y
en armonía, y lo opuesto a la corrupción.
Repartir la riqueza existente en subsidios
y pensiones puede alentar la esperanza de la gente, pero dudo que solucionará
los mencionados problemas de corrupción e inseguridad: la única diferencia
entre una riqueza no producida y dada con una robada, es el permiso de
recibirla que la hace legítima; pero en ambos casos hay un desequilibrio entre
el dar y el tomar. El equilibrio consiste en “te doy un bien o un servicio a
cambio del bien o del servicio que tú me das”. Lo distinto a este intercambio,
lo considero injusticia.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario