Yo asistí a la marcha del domingo. Al pasar, algunos nos
decían cosas: “ahí van los fifís”, “se les acabaron sus lujos, jaja”. Se me
hizo incómodo y me pegó que se sienta una división tan marcada que no era
partidista sino de clases, por lo que veo López Obrador nos los montó encima.
Digo, no hice el gran descubrimiento al ver que de la noche a la mañana
resultamos enemigos los que no lo somos; yo trabajé en una cadena internacional
donde tanto los dueños como los empleados ganábamos bien y estábamos contentos.
No sé si en la naturaleza humana está el poner etiquetas. ¿Cómo se puede evitar
que si te cae una etiqueta tengas que tener de enemigos a los que no piensan
como tú?
OPINIÓN
Efectivamente, el ser humano pone etiquetas (nombres)
para clasificar y comunicarse: planta, animal, cosa, persona, virtud, defecto,
bueno, malo... Así conoce o cree conocer lo que etiquetó, aun si no es cierto. Uno
se siente más cómodo etiquetando porque lo desconocido asusta.
Aparte de clasificar y poner orden, las etiquetas pueden usarse
para desordenar y destruir.
Las etiquetas más comunes y nocivas son “nosotros” y
“ellos”. “Nosotros” designa a las personas que uno considera iguales o
conocidas y con las que se siente identificado; “ellos” son “los malos”, los distintos
porque que no piensan igual, enemigos. Esta última etiqueta otorga permiso u
ordena atacar, excluir e incluso matar a los supuestos enemigos. “Justifica” el
bullyng.
En el bullyng también
se usan etiquetas para ridiculizar a un diferente: estúpido, nerd, marica,
mugroso, marginal... Si la víctima decide sufrir con ellas, le desgracian la
vida.
Se está poniendo de moda el bullyng político, llamar a “los otros” rikin canallín, chairos,
prianistas, chayoteros, fifís, primores y tantas etiquetas más que sirven para
expandir una filosofía polarizadora muy peligrosa. Si ya de por sí es grande el
descontento, el bullyng puede hacerlo
explosivo. Alguien lo suficientemente astuto podría capitalizar este hervidero
de emociones para aumentar su poder y dominio. Este punto merece un estudio
especial a fin de no entrar en el juego.
¿Cómo se puede evitar que si te cae una etiqueta tengas
que tener de enemigos a los que no piensan como tú?
Manteniendo la propia libertad de elección. Decidiendo
uno vivir como le parece mejor y correcto sin afectar a otros, y utilizar el
“nosotros” con el mayor número de personas. Pero he aquí la gran dificultad que
se debe afrontar:
Hay una fuerte y sutil propaganda de corte estatista que
permea la imaginería mental mediante la confusión y distorsión de las etiquetas
o conceptos; “fraternidad”, “igualdad” y “amor universal” son interpretados
como lucha de clases, guerra al patriarcado, hegemonía de los oprimidos, muerte
al capitalismo, fin de la propiedad privada, colectivismo y otros por el
estilo. Se cambia de “malos”; antes “los malos” eran los políticos y los empresarios corruptos, ahora
son los “fifís”. La etiqueta “explotador” está
fagocitando a las de trabajo, ahorro, poseer casa propia o fundar una empresa,
lenta e inexorablemente va haciéndolas pasar de valores a antivalores.
Es paradójico que luchar por el propio bienestar se
vuelva condenable y lograr los propios objetivos se vea como delito y, en
cambio, se considere virtud atenerse a que el estado los proporcione.
Urge que el Presidente y los casi 120 millones los
mexicanos que somos, dejemos la confusión y el bullyng y sembremos ideas que sirvan y convenga cosechar. Que apostemos
a la convivencia pacífica en lugar de a la violencia y la exacerbación de los
conflictos. También AMLO lo dijo al criticar un cartel de las marchas que no le
gustó: «No a la hipocresía, no al
racismo y no al clasismo, cosas como esa nos ayudan a entender que (en México)
aún hay mucho atraso». Tal vez ya está pensando en abandonar el bullyng.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
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