PREGUNTA
Tengo distimia. Mi
mamá tenía lo mismo, ¿es hereditario? Muchas veces he estado a punto de
quitarme la vida porque me he sentido como en la orilla de un precipicio donde
sólo debo dar el paso. Quiero algo que me saque de este ánimo.
OPINIÓN
Siento mucho que debas vivir con este malestar, es muy
pesado. La distimia suele volver a
las personas tristes e infelices. No es hereditaria, pero tú viviste con una
persona importante para ti que la sufría, tu mamá, y es probable que hayas ido
adquiriendo de ella algunos rasgos aun contra tu voluntad. Lo que se aprende, puede
desaprenderse.
Antes que nada te pido que busques ayuda profesional. Un
terapeuta no te saca de tu estado de ánimo, lo harás tú. Los terapeutas sólo son
como taxis que te llevan a donde deseas llegar, pero debes salir de casa,
tomarlo y decirle la dirección. Nadie toma un taxi y ordena al conductor:
“Usted hágase cargo y lléveme a donde le parezca bien”. Tú ya tienes clara tu
dirección, dices: “Quiero algo que me saque de este ánimo”.
Mientras encuentras un terapeuta a tu gusto, puedes echar
mano de las 3 cosas que te consuelan: leer, rezar y escribir. Voy a
recomendarte un libro que a mí me hace bien: “Tú puedes sanar tu vida”, de
Louise L. Hay. Está en cualquier librería. Léelo, te va a servir.
Y cuando rezas, reza bien. No pidas lo que no quieres o
que ya tienes. No digas: “Dios, dame fuerza para poder con mi sufrimiento”. Fuerza
y sufrimiento tienes de sobra. Al contrario, pide lo que no tienes y quieres:
“Dios, dame alegría. Dame felicidad. Dame dicha. Transfórmame en una persona amante
de la vida. Hazme capaz de gozar lo que ya tengo”. Y parafraseando el Padre
Nuestro, donde dice pan, pide gozo: “danos hoy nuestro gozo de cada día”...
Te gusta escribir. Escribe. No cosas reales, sino
fantásticas, de ficción. Por ejemplo, anécdotas de una mujer, de la edad que
escojas, a la que siempre y en todas partes le va súper bien. Describe su
carácter, su ropa, los lugares que frecuenta... invéntale aventuras en las que
salga triunfadora. Quizá sea bellísima, rica, elegante, refinada, coqueta,
inteligente, calculadora, avispada, lúcida, perspicaz, culta. O a lo mejor
escoges a una campesina sencilla que sabe encontrar la manera de vivir muy contenta.
No importa que no sea real ni creíble, se trata de que goces haciéndola gozar.
A la hora de escribir, quita de tu cabeza la idea de que
publicarás tus escritos. Eso sería un “plus” que tal vez se dé muy adelante, o
no, y que por hoy sobrepasa el objetivo de tu actividad. Se trata de que tu
personaje se apodere de tu cabeza y amanezcas con deseos de inventarle algo
nuevo, adjudicarle una aventura emocionante, hacerla que gane un concurso,
conquiste a un rey o a un cantante y pase unos días de ensueño. Describe a esa
persona feliz.
Hay muchas otras cosas que puedes hacer. Voy a
recomendarte una más: antes de dormirte, o en la mañana cuando te levantes,
abrázate tú misma con todo el cariño del que seas capaz. Si puedes, di para ti
unas palabras bonitas, por ejemplo: “Merezco ser amada y ser feliz”. ”Con cada
respiración se mejora mi salud”.
“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar
con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com
Me encantó tu opinión, me da luz. Gracias
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