lunes, 7 de octubre de 2019

FRACTALES


Asistí a una interesante conferencia que dio el doctor Manuel Ángel Aranda, compañero en nuestro grupo de escritores, que siempre investiga y comparte novedades (y además está a punto de sacar un nuevo libro). Esta vez habló sobre “fractales”. Muy novedosa. Hubo dos ideas que me gustaron mucho y me dejaron pensando. De ellas quiero hablar.

Primera, que el estudio de los fractales es nuevo, comenzó apenas en 1975 con un  matemático llamado Benoit Mandelbrot. Él observó que es difícil, quizá imposible, encontrar en la naturaleza círculos, triángulos, cuadrados u otras figuras geométricas que nos enseñan en la escuela; las de la naturaleza son irregulares, distintas a esas abstracciones y tienen o un pico de más o una curvita de menos, por esto las llamó “fractales”, como fracción o quebrado. Y creó una nueva geometría para ellas.  

Me gustó pensar que así es en todo; la naturaleza siempre es la misma, se conserva, no le afectan las teorías que elaboran los pensamientos humanos. El conocimiento sirve para descubrirla y adaptarse a ella, no al revés. Pretender que porque uno ya pensó algo así debe ser, es riesgoso. La Geometría convencional es muy antigua; es, ha sido y seguirá siendo útil y necesaria. La Geometría Fractal es una forma de adaptar más aún el conocimiento a la naturaleza.

También me gustó contemplar la otra característica de los fractales: su repetición reiterativa. Las formas se repiten una y otra vez haciendo copias más pequeñas de la pieza original. Por ejemplo: un árbol echa ramas; éstas echan ramas más pequeñas, que también echan ramas, y así en adelante. En cualquier parte que uno contemple el fractal, en este caso el árbol, ve lo mismo repetido. Y en la naturaleza hay millones y millones de fractales; es decir, de modelos que se autorrepiten sin cesar. 

Me pregunto si tanto la vida como nuestro pensamiento intergeneracional son o se asemejan a fractales. 

Cada ser vivo es similar a su antecesor. Según dicen, nuestros antepasados duraron miles de años para lograr la figura erecta, y nosotros la recibimos sin que debamos hacer nada para ello; se nos da. Nuestros antepasados también duraron miles de años para formar idiomas y sistemas de creencias (acertadas o no) y nosotros recibimos ambas cosas como copias que nos hubieran grabado en el cerebro y nada más tuviéramos que aprender a usarlas. Por ejemplo: de muy pequeños, nadie nos dice que hay verbos terminados en ar, er, ir, ni cómo se conjugan; sin embargo, un niño realiza una conjugación cuando dice “no sabo” o “no cabo”. Estas palabras no las ha escuchado nunca, las intuye. ¿Acaso recibió en su cerebro una copia del lenguaje y también de las reglas que no son excepción?

¡Cuántas cosas hay en la vida para estudiar y conocer! Lástima que sea tan corto nuestro tiempo en el planeta.

“Psicología” es una columna abierta. Puedes participar con ideas, temas, preguntas o sugerencias en psicologa.dolores@gmail.com


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