Soy soltera. Tengo un sobrinito muy mono que quiero mucho y le pedí permiso a mi cuñada de llevarlo vestido de indito al Santuario, pero ella se molestó, es muy especial y posesiva, si no fuera porque mi hermano se lo pide, ella nunca nos prestaría a sus hijos. Dijo que no piensa inculcarle al niño una religiosidad equivocada, que esas fiestas de multitudes son remanentes de supersticiones que nada tienen que ver con Dios. Yo le argumenté que sólo era para presentárselo a la Virgen, y contestó que muchos católicos parecemos idólatras con tantas vírgenes y tantos santos. Me enojé y me quedé callada pensando que no quiero dejar de ver a mi sobrino, pero después me dio como remordimiento por no haber defendido mi religión, aunque también sé que ella no se va a convencer. Pienso que el niño está chiquito y sí puede entender. Yo me siento en el deber de enseñarle a mi sobrino la fe y principios cristianos, no creo que mi hermano se oponga, pero ella sí. Mi pregunta es si hago bien en pedirle al niño que no se lo diga a su mamá.
RESPUESTA
Veo que tienes una gran predilección por tu sobrino. Eso es bueno tanto para el niño como para ti, porque ambos salen ganando al quererse. También veo que deseas lo mejor para él y por ello quieres inculcarle la religión que a ti te ha permitido ponerte en contacto con Dios. Tu intención es amorosa. Cuando uno es movido por el amor, más fácilmente puede captar y adaptarse a los requerimientos de las personas amadas, porque le interesa verlas desarrolladas y felices.
Imagino que tú ya pensaste cómo harás para enseñar a tu sobrino a orar y amar a Dios, no hablaré sobre el método, porque tú lo conoces, sólo me referiré al peligro de hacer a un niño la petición de que guarde un secreto, petición que puede evocar en el pequeño por lo menos dos reacciones: 1) Ir de inmediato con su mamá y decirle que su tía no quiere que sepa lo que ocurre entre ambos, y 2) Que realmente guarde el secreto. Puede haber otras posibilidades intermedias, pero de las aquí mencionadas, ¿cuál crees que te gusta y tiene buenas consecuencias?
Con la primera, lo más probable es que no veas más a tu sobrino. Pero supongamos que tu hermano obligara a tu cuñada, el niño se vería en la necesidad de tomar partido. ¿Por quién crees que se inclinaría, por ti o por su mamá? Vamos a suponer que por ti, entonces el pequeño estaría en un conflicto serio con su progenitora, y ella, resentida, haría lo posible para que no volvieras a pisar su casa, porque te catalogaría como su rival. Si el niño se inclinara por su mamá, como es probable, todavía tendrías oportunidad de rectificar y decir que no era en serio o que te entendió mal.
Veamos la segunda: que guarde el secreto. Aparte de la culpabilidad que seguramente experimentaría el pequeño por no haberse atrevido a renunciar a ti, contra de los deseos de mamita, está el peligro de que otra persona, con intenciones menos buenas que la tuya, más adelante le exija guardar otro secreto entre los dos, y el niño lo guarde.
Otra cosa: los secretos son secretos por inconfesables. Quiero decir que en la mente del niño, si no se debe hablar de algo, entonces esto es malo, salvo que la orden de callar se la den sus padres. En tal caso, sentiría que está protegiendo algo que es bueno para la familia contra amenazas externas. No creo que sea provechoso para él aprender a orar y amar a Dios en secreto, podría resultar contraproducente.
Bienvenido a mi blog. Soy mujer, divorciada, madre, abuela y también psicóloga. Deseo que encuentres algo que te guste.
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lunes, 5 de marzo de 2012
lunes, 14 de noviembre de 2011
NO QUIEREN A MI NIÑO
Mis suegros murieron y nos seguimos reuniendo en su casa, les quedó a las hermanas, eran tres, pero una se cambió a un departamento, según vive sola. Las otras dos son muy especiales, sobre todo la chica, bien maldosa que es con nosotros, conmigo más, nunca me dirige la palabra y a mi niño igual, ella nada más consiente a una sobrina hija de un hermano, que es más grandecita. Esta cuñada domina bastante en la familia, como si le hubieran heredado también la autoridad, y todos le hacen comparsa, hasta los sobrinos, que son más grandes y le pegan a mi niño y pues a mí me da coraje y reclamé bien, con educación, pero no lo hubiera hecho, se armó la gorda. Yo le digo a mi esposo que ya no vayamos, pero como si lo tuvieran amarrado, se aguanta las malas caras y hasta me regaña porque me defiendo. ¿Qué puedo hacer?
RESPUESTA
Imagino lo desagradable que debe ser para ti sentirte mal recibida en la familia de tu esposo y ver que le pegan a tu hijo, cuando te gustaría que lo recibieran como lo que es, un miembro más, de la misma sangre. Según entiendo, lo tratan menos bien que a los otros sobrinos. ¿Es una discriminación?
Comprendo que estés enojada, toda madre desearía que la gente y los niños sintieran por su retoño el mismo amor que ella le tiene; sin embargo, también comprenden que es difícil que ocurra, porque el amor de la mamá siempre es más grande.
Pienso que tu amor de madre es motivación más que suficiente para que puedas hacer algo. Quiero decir, que te detengas y medites en cuál estrategia sería la más eficaz para proteger a tu hijo del maltrato y el rechazo dentro de su propia familia, situación que posteriormente puede tener graves consecuencias, sobre todo en la escuela, donde sus papás no podrán estar presentes para defenderlo. Ahora le llaman bulling.
Hasta ahora se te han ocurrido al menos dos métodos de solución; el primero, defenderlo tú misma. No mencionas qué fue lo que hiciste, ¿le reclamaste al niño que le pegó?, ¿a los papás?, ¿al grupo familiar completo?, ¿o tal vez intentaste involucrarlos a conversar con algo como: “Mi hijo está chiquito y ya también quiere sentirse familia y tomar parte de los juegos, pero impacienta a los grandes y le pegan, ¿qué me aconsejan que haga?”.
El segundo método aún no lo pones en práctica y consiste en cortar con todos y llevártelo. Ciertamente dejarían de molestarlo, y también de darle oportunidad de aprender cómo adaptarse a un grupo que le es significativo.
Cabe señalar que para tu esposo y tu hijo, este grupo familiar tiene la mayor importancia. Aciertas al decir que parece que a él lo tienen amarrado; a cada uno de nosotros, nuestra familia nos ata con lazos indestructibles. Si los “cortamos”, nos condenamos a oscilar entre estos dos extremos: sufrir como condenados por el alejamiento, descuidando toda otra relación, o dejar de sentir, ignorando los verdaderos sentimientos y volviéndonos más duros y fríos que el hielo: “no siento nada, ni me importa”.
Por último, creo que todos saldrían ganando si buscaras una terapia que te acompañara a identificar estrategias que ayuden a restablecer el respeto entre la familia política y tú, porque cuando los adultos ya no se respetan, los niños hacen lo mismo que los grandes; ellos son como amplificadores que vuelven evidente aquello que pudiera estar oculto.
RESPUESTA
Imagino lo desagradable que debe ser para ti sentirte mal recibida en la familia de tu esposo y ver que le pegan a tu hijo, cuando te gustaría que lo recibieran como lo que es, un miembro más, de la misma sangre. Según entiendo, lo tratan menos bien que a los otros sobrinos. ¿Es una discriminación?
Comprendo que estés enojada, toda madre desearía que la gente y los niños sintieran por su retoño el mismo amor que ella le tiene; sin embargo, también comprenden que es difícil que ocurra, porque el amor de la mamá siempre es más grande.
Pienso que tu amor de madre es motivación más que suficiente para que puedas hacer algo. Quiero decir, que te detengas y medites en cuál estrategia sería la más eficaz para proteger a tu hijo del maltrato y el rechazo dentro de su propia familia, situación que posteriormente puede tener graves consecuencias, sobre todo en la escuela, donde sus papás no podrán estar presentes para defenderlo. Ahora le llaman bulling.
Hasta ahora se te han ocurrido al menos dos métodos de solución; el primero, defenderlo tú misma. No mencionas qué fue lo que hiciste, ¿le reclamaste al niño que le pegó?, ¿a los papás?, ¿al grupo familiar completo?, ¿o tal vez intentaste involucrarlos a conversar con algo como: “Mi hijo está chiquito y ya también quiere sentirse familia y tomar parte de los juegos, pero impacienta a los grandes y le pegan, ¿qué me aconsejan que haga?”.
El segundo método aún no lo pones en práctica y consiste en cortar con todos y llevártelo. Ciertamente dejarían de molestarlo, y también de darle oportunidad de aprender cómo adaptarse a un grupo que le es significativo.
Cabe señalar que para tu esposo y tu hijo, este grupo familiar tiene la mayor importancia. Aciertas al decir que parece que a él lo tienen amarrado; a cada uno de nosotros, nuestra familia nos ata con lazos indestructibles. Si los “cortamos”, nos condenamos a oscilar entre estos dos extremos: sufrir como condenados por el alejamiento, descuidando toda otra relación, o dejar de sentir, ignorando los verdaderos sentimientos y volviéndonos más duros y fríos que el hielo: “no siento nada, ni me importa”.
Por último, creo que todos saldrían ganando si buscaras una terapia que te acompañara a identificar estrategias que ayuden a restablecer el respeto entre la familia política y tú, porque cuando los adultos ya no se respetan, los niños hacen lo mismo que los grandes; ellos son como amplificadores que vuelven evidente aquello que pudiera estar oculto.
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